Mujeres esenciales, en pandemia y siempre

Dedicamos este 8M a todas las mujeres que han trabajado y trabajan desde hace años en primera línea de fuego y a las que la sociedad ahora etiqueta como esenciales. La pandemia no las ha dado esos puestos, ellas ya estaban estaban ahí antes que el virus, y ya eran esenciales.
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Laura y Judith forman parte de aquellas sanitarias valientes a las que primero salimos a aplaudir. Hicimos necesarias más que nunca a Susana y Verónica, a cada una desde su trinchera de supermercado y restaurante. Mari y Mª Jesús cuidan desde el anonimato a nuestros padres como si fueran los suyos. No buscan aplausos, no quieren ser heroínas, no necesitan homenajes ni canciones, únicamente son mujeres que han podido elegir dedicarse profesionalmente a cuidar, atender y sanar y que este año les ha tocado hacerlo en pandemia.


Mari Remolíns de Alcampell, es auxiliar de enfermería; lleva más de veinticinco años trabajando como auxiliar de geriatría en la Residencia de Mayores de Tamarite de Litera. Parcialmente jubilada, ha vivido una experiencia que le ha hecho a entender el significado de vivir el presente.

Ha sustituido en sus funciones a sus compañeras de baja por covid-19. Se adaptó bien a los nuevos horarios a las estrictas medidas de seguridad que implicaba la nueva situación, aunque el miedo siempre estaba presente “He sentido miedo, inquietud y sufrimiento, sobre todo al inicio de la pandemia, miedo a lo que podía pasar, incertidumbre por desconocimiento a lo que nos enfrentábamos”, “en enero me tocó atender a los positivos por covid-19, fue impactante saber que había tantos contagiados, era una situación completamente desconocida; aunque se les había administrado la primera dosis de la vacuna y los síntomas que presentaban eran leves, fue una situación muy extraña, ” fue el momento más difícil para mi”. A Mari se le nota lo agradecida que está de que esta pandemia no haya cambiado la relación con los residentes y más que orgullosa de su entorno laboral con el que ya eran un verdadero equipo antes de la pandemia. La pandemia le ha enseñado la importancia de vivir día a día. “el futuro no depende solo de nosotros, lo previsto puede dar un vuelco en un momento y cambiarlo todo”

Maria Jesús Monzón de Binéfar, es auxiliar de geriatría domiciliaria de Comarca. Atiende en sus domicilios a personas mayores en las necesidades básicas que cada uno de ellos requiera : asearlos, comprar, cocinar, limpiar…

La pandemia dado una vuelta de tuerca a sus funciones, le obliga a mudar su ropa de trabajo cinco veces al día y guardar en la medida de los posible la distancia con los ancianos para no contagiarlos. Ha vivido un par de situaciones complicadas, no temió por ella sino por no saber si podría contagiar a los abuelos o a sus hijos. “Esta crisis ha cambiado la manera de relacionarnos, reaccionamos con una mezcla de miedo a que te acerques y les contagies y la necesidad del acercamiento; justo cuando más necesitamos un abrazo, es cuando menos podemos darlo”. No se siente mejor valorada que antes “pienso que los seres humanos somos muy cortoplacistas. Estamos adquiriendo la inmediatez como forma de vida. La mayoría de las cosas las olvidamos, por las prisas de “lo siguiente”. “2020 ha sido un año terrible para las mujeres. Aquellas que han podido hacer teletrabajo o hacerlo en espacios seguros han Estado mínimamente cómodas. Pero para la mayoría de nosotras ha sido un año de retroceso en igualdad. La precariedad laboral se convierte en NORMAL para muchas mujeres. Y estos puestos de trabajo son los que más se han resentido. Sin contar con todas las que lo han perdido”. 

Laura Nadal forma parte, como médico adjunto, del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario Santa María de Lleida que cuenta con diferentes niveles asistenciales, relacionados entre sí, para atender a las diferentes situaciones de enfermedad que presentan los ancianos.

Atiende a pacientes geriátricos, generalmente mayores de 80 años, con pluripatología relevante, alto riesgo de dependencia, patología mental acompañante o predominante, y problemática social condicionante de su estado de salud y a pacientes de cualquier edad, en situación final de vida por enfermedades neurodegenerativas, cáncer, fallo de órgano, etc, que requieren cuidados paliativos. La llegada del coronavirus y el confinamiento nos ha cambiado a todos y nos ha obligado a organizar en un tiempo récord nuestros servicios, cambiar el manejo habitual de los pacientes y los circuitos asistenciales”. ” Durante estos días nuestro trabajo está siendo extremadamente duro. Jornadas maratonianas, horas de trabajo interminables, en condiciones de falta de recursos y estrés, en contacto continuo con el sufrimiento humano, y poniendo en riego nuestra propia vida”. “Una de las consecuencias más duras del confinamiento ha sido que los familiares de los pacientes hospitalizados no pueden estar con ellos. “los centros sanitarios han habilitado la tecnología necesaria, pero es muy duro llamar a familiares que no pueden visitar a sus seres queridos sabiendo que muy posiblemente no sobrevivirán”. Pasó mucho miedo al principio: “nos enfrentábamos a algo nuevo, desconocido, las informaciones que nos llegaban eran algunas veces contradictorias, las directrices poco claras y sobre todo había una falta de equipos de protección (EPI), a veces de escasa calidad y otras eran una improvisada adaptación de utensilios diversos”. “Creo que ha faltado anticipación, preparación y abastecimiento de material de protección para los profesionales”. “Muchos compañeros míos se han contagiado y algunos de ellos han necesitado ingreso en la UCI con lo que ello comporta” “yo misma contraje la enfermedad y contagié a mi familia en este caso, a mi hija de 14 años y a mi madre de 87 años. No pase miedo ni por mi hija ni por mí, pero si mucho por mi madre dada la virulencia y letalidad que el virus puede tener en las personas mayores, pero afortunadamente los síntomas fueron leves y no necesitamos ninguna de los tres ingresos hospitalarios”. “Al principio de la pandemia las muestras de solidaridad de la población y los aplausos de las 8 de la tarde realmente me emocionaban, me animaban a no desfallecer y seguir con el día a día, pero es cierto, que no quiero que se me valore como una heroína, sino como una profesional que ha sentido miedo, frustración, ansiedad, agotamiento y que quiere las herramientas necesarias para hacer bien su trabajo y eso implica un mayor compromiso por parte de las Administraciones Públicas : mejores medios, más plantillas, mejor reconocimiento laboral..” La pandemia también ha cambiado sus rutinas “cada día cuando llegamos nos cambiamos de ropa y al entrar a ver a los pacientes vamos equipados con mascarilla, guantes y bata; continuamente nos lavamos la mano y en cada control hay gel hidroalcohólico. Hemos cambiado las sesiones clínicas presenciales por las virtuales y continuamos nuestra formación y asistencia a cursos y congresos de manera virtual. Tomamos el café del desayuno en grupos reducidos y siempre manteniendo las distancias. Las ventanas de todas los despachos y zonas comunes se mantienen abiertas. Actualmente los pacientes pueden estar acompañados de un familiar y siempre pedimos que sea el mismo, para evitar el trasiego de personal y así disminuir la probabilidad de contagio”. “La pandemia ha puesto de manifiesto en el modo en que la sociedad se organiza, analizar la crisis en clave de género es imprescindible, si tenemos en cuenta que la gran parte de los cuidados, tanto profesionales como informales, recaen sobre las mujeres“. La pandemia debe suponer un desafío para el sistema sanitario, pero también debe suponer un compromiso para continuar avanzando hacia la igualdad y dignidad de las personas.

Veronica Arredondo lleva muchos años trabajando en hostelería, es camarera en comedor, terraza y barra en el Mesón de la Villa de Binéfar. Ahora está de baja por el hombro.

La pandemia ha cambiado sus horarios como los de mucha gente: “ahora tenemos mas trabajo que hacer. Cada vez que se levanta un cliente desinfectamos sillas y mesas. Todo el dia andamos poniéndonos gel”.
Como todos los que trabajan de cara al publico ha estado expuesta a contagiarse. “No he sentido miedo, pero si que constantemente piensas que te puedes llegar a contagiar”. No me siento mas valorada ahora que hace un año. He notado cambios en los clientes pero es algo normal con la que esta cayendo. Mi relación con mis compañeras no ha cambiado para nada. Llevamos mucho tiempo trabajando juntas y siempre nos hemos llevado bien”.
“Ha sido un año muy duro en el cual hemos tenido que aprender a vivir de otra manera”.

Judit Ramos, es de Monzón, lleva 11 años trabajando en Centro de Salud de Tamarite de Litera como enfermera. Su trabajo era realizar actividades comunitarias, consultas monográficas y apoyo al resto de compañeros compañeras en su área de salud. Actualmente, su función en el Centro de Salud es, mayoritariamente, realizar pruebas diagnósticas para la Covid 19 y búsqueda de contactos.

La pandemia ha modificado en gran medida nuestra situación en el centro: mis funciones en el centro de salud y en bastantes ocasiones, mis horarios. Las funciones han cambiado ya que, tanto las actividades comunitarias quedaron totalmente paradas desde el inicio de la pandemia. Con frecuencia, eran sesiones grupales. Las consultas monografías también dejaron de realizarse de forma presencial y pasaron a ser en su mayoría consultas telefónicas. Esto ha supuesto un cambio de gran relevancia y ha evidenciado un cambio en la forma de llevar a cabo mi trabajo y las relaciones con mis pacientes. De igual modo, mis pacientes han tenido que adaptarse a ello, con lo que ello conlleva, falta de proximidad y cercanía. Lo cierto es que en nuestro trabajo el riesgo de contagio es muy alto y en muchas ocasiones, casi inevitable debido a la gran desinformación que hemos sufrido sobre todo en los primeros momentos de la pandemia. He sufrido en primera persona la covid19 al comienzo de la misma en el mes de marzo de 2020. Después de un año de pandemia tenemos muchos más conocimientos. No obstante el riesgo de contagio sigue estando muy presente. En mi caso, el miedo al contagio no es por mí si no por las personas que me rodean, familiares, amigos… el riesgo que yo pueda trasmitírselo a ellos. Me siento igual de valorada. Hago mis funciones, aunque sean diferentes, sigue siendo mi trabajo e intento realizarlo lo mejor que sé aunque en alguna ocasión no sea tan gratificante y todo esto nos haya alejado de los pacientes por motivos obvios. Evidentemente, ha habido muchos cambios y han sido tan importantes que a todos nos ha costado y nos cuesta adaptarnos a esta nueva realidad. Nuestra profesión es de permanente contacto con la sociedad y, en general, se observa una gran concienciación con la situación y las consecuencias que ella puede tener sobre la salud pública. Sin embargo, siempre está el caso de aquel paciente que no entiende o no quiere comprender la importancia de todas las medidas a tomar. Por otro lado, es de gran relevancia que no perdamos la cercanía con nuestros pacientes y que, entre todos, pongamos los medios para facilitar la superación de la misma, porque lo que está realmente claro es que en esto todos y todas tenemos que poner de nuestra parte, como sociedad debemos superarlo y afrontarlo juntos.

Susana Puyuelo Latorre, es de San Esteban de Litera y desde hace 16 años trabaja de cajera en el supermercado Orangután de Binéfar. Ser cajera consiste en hacer una serie de funciones dentro de la tienda, de dinero, de pedidos, de precios… para que todo esté listo y preparado en el momento de la apertura de la tienda.

La covid-19 ha modificado el desempeño de su trabajo tanto en los horarios ya que ahora cierran tienda media hora antes, como en el tema de las normativas de seguridad hacia el cliente y hacia las trabajadoras. En cuanto al miedo, “la verdad que no lo siento, porque estamos haciendo las cosas bastante bien en la tienda y estamos tomando las medidas de precaución necesarias en cada momento”. Hemos tenido algún caso cercano de riesgo de contagio pero nada importante. Susana valora mucho el trabajar a gusto “estoy muy cómoda en mi puesto de trabajo y con lo que hago tanto hacia el cliente como hacia mis compañeras”. Ha notado muchos cambios de comportamiento en sus clientes : la gente va con miedo e inseguridades y se notan cambios en su forma de interactuar con nosotras. En relación a mis compañeras estamos bien ya que respetamos todas las medidas y tenemos un buen ambiente y compañerismo. Este último año a nivel laboral ha sido duro para mí, me considero una persona cercana, y me ha costado mucho el no poder mantener ese contacto hacia los demás. Esto nos tiene que servir a todos para saber valorar y apreciar lo que tenemos más cercano a cada uno de nosotros y respetarnos en nuestro día a día.

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