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Opinión

Esto que me ocurre, ¿es normal o tengo un duelo complicado?

Como psicóloga especializada en duelo y final de vida, esta es una de las preguntas que más me hacen en consulta. En general, en nuestra sociedad se habla poco de qué es lo que ocurre o cómo es normal sentirse cuando muere alguien importante en tu vida, así que, a la mayoría, le asaltan dudas: ¿me estaré volviendo loca? ¿lo estaré haciendo bien? ¿tengo un duelo complicado y debo ir a terapia o tomar medicación?

Aunque el duelo es un proceso normal y esperable tras la muerte de un ser querido, esto no significa que sea fácil o rápido. Las conductas evitativas y de negación hacia la muerte y el sufrimiento fomentadas por nuestra cultura occidental aún dificultan más este proceso: la falta de conocimientos acerca de la muerte y la existencia de multitud de mitos y tabúes que rodean el tema, favorecen el desarrollo de actitudes muy negativas y, en los entornos cercanos, parece casi prohibido expresar lo que sientes. Esto, sin duda, son factures que dificultan la normal evolución de un duelo. Por suerte, también existen factores que nos protegen, los veremos más adelante.

La pérdida de un ser querido puede llegar a ser una experiencia muy impactante, que desborda y desajusta a la persona intensamente, superando todos los recursos de afrontamiento disponibles. El duelo afecta a nivel físico (dolores de cabeza, de estómago o ansiedad), emocional (tristeza, rabia, culpa), cognitivo (dificultad de concentración, falta de memoria, pensamientos en bucle), conductual (hiperactividad, abatimiento, ganas de llorar constantes), social (aislamiento, desinterés) y espiritual (aferramiento a las creencias o cambio de valores). Hay síntomas que pueden ser muy agudos en un momento determinado y con el tiempo se van diluyendo. Otros que aparecen a lo largo del tiempo, cuando la persona, aparentemente, está más recuperada y otros síntomas, se dan desde el inicio y ya no se abandonan nunca. Y todo esto no implica que estemos ante un duelo patológico o complicado.

Las personas que vienen a consulta suelen hacerlo por dos motivos: o bien porque sienten que los síntomas de su duelo no son normales (por demasiado intensos o porque no los entienden) o bien porque consideran que ya ha pasado demasiado tiempo para todavía sentirse en duelo. Y generalmente lo que ocurre es que todo es normal: los síntomas, las reacciones y el tiempo transcurrido. Quizás lo que falta es precisamente normalizar.

El DSM 5, una de las principales guías diagnósticas que utilizan los profesionales de la salud y la psicología recoge el Trastorno de duelo prolongado, que se diagnostica cuando la respuesta a la pérdida de un ser querido persiste y es muy intensa pasados ​​12 meses. Esto no significa forzosamente que sea un duelo patológico; sencillamente, implica, en la mayoría de los casos, que necesita más tiempo para su elaboración. Y por mi experiencia clínica acompañando y apoyando en este tipo de procesos, estoy segura de que 12 meses es poco tiempo.

Lo que condiciona una trayectoria de duelo es la existencia de factores de protección que ayudan a desarrollar conductas adaptativas. Por ejemplo, ser resiliente, el optimismo y el apoyo del entorno, entre otros. También existen los factores de riesgo, que hacen que el duelo se pueda complicar, es decir, intensificar, cronificar, somatizar, etc… Algunos de estos factores tienen que ver con las circunstancias de la muerte (una muerte violenta y traumática quizás sea más difícil de gestionar que la muerte de una persona en cuidados paliativos); el tipo de vínculo; la falta de apoyo o de comprensión y la falta de habilidades de gestión emocional.

El acompañamiento en duelo consiste, por una parte, en crear un espacio de seguridad y contención, pero sobre todo es una oportunidad para trabajar la potenciación de los factores de protección y la minimización del impacto de los factores de riesgo.

Respondiendo a la pregunta que da título a este artículo, diré que un duelo complicado también es un duelo normal, la diferencia es que nos llevará más tiempo o habrá que atender más aspectos para conseguir que la persona recupere el bienestar. No olvidar ni pasar página, no tan solo aprender a vivir con la ausencia, también aprender a vivir con nuevas ilusiones. Hacer el duelo es esperanzador.

Begoña G. Gabaldón

Psicóloga por la UNED. Máster en Psicoterapia de pérdidas, duelo y trauma en la Universidad de Barcelona – Instituto IPIR.

Especialista en Intervención psicosocial en crisis i emergencias en Universidad de Cantabria.

Coordinadora del Servei de suport al dol de Ponent.

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