La nutricionista Natalia Nasarre nos habla sobre la Alimentación Infantil (primera parte)

Las estadísticas son alarmantes: los casos de obesidad o sobrepeso infantil son cada vez más elevados y los niños y niñas tienen hoy una peor alimentación que años atrás. Parece mentira, pero entre la población occidental es cada vez más habitual ver a niños con problemas de nutrición, no por defecto, sino por exceso. Comemos mal y enseñamos mal a comer a nuestros hijos. Para hablar de este tema, nos reunimos con Natalia Nasarre Nacenta, diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Zaragoza y máster en Nutrición Humana por la Universidad de Granada, quien desarrolla su actividad profesional en su Algayón natal.

Las estadísticas son alarmantes: los casos de obesidad o sobrepeso infantil son cada vez más elevados y los niños y niñas tienen hoy una peor alimentación que años atrás. Parece mentira, pero entre la población occidental es cada vez más habitual ver a niños con problemas de nutrición, no por defecto, sino por exceso. Comemos mal y enseñamos mal a comer a nuestros hijos. Para hablar de este tema, nos reunimos con Natalia Nasarre Nacenta, diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Zaragoza y máster en Nutrición Humana por la Universidad de Granada, quien desarrolla su actividad profesional en su Algayón natal.

Natalia nos explicaba la importancia de aprender a comer, no ya desde pequeños, sino desde antes de nacer. El feto está alimentándose de lo que come su madre, está recibiendo todos los nutrientes desde el cordón umbilical y también a través del líquido amniótico, y la composición de esto varía con la alimentación materna. Si la madre come algo dulce, ácido o amargo, el feto lo detecta, así como los sabores de su dieta, por eso es importante comer de todo cuando se está embarazada, para que el feto se acostumbre a comer de todo un poco. Esta relación con la comida que ingiere la madre se mantiene durante la lactancia, pero llega un momento en que el bebé deja de alimentarse exclusivamente de leche y empieza a comer papillas y alimentos de todo tipo.

Es importante alimentar a los bebés y a los niños y niñas con alimentos muy diversos: frutas, verduras, cereales, legumbres, huevos, carne, pescado… Contrariamente a lo que solemos pensar, no solo son los padres el modelo que seguirán nuestros hijos en la alimentación, aunque es muy importante que les enseñemos a comer de todo. Tal y como nos explica Natalia “para un niño de tres años es más modelo de alimentación el niño de tres años que tiene sentado al lado en el comedor escolar que sus propios padres. Muchas veces la madre me viene diciendo: “es que en el colegio come de todo y en casa no quiere comer lo que hay”, eso es porque en el comedor escolar tiene a niños de su misma edad, con los que se compara de igual a igual, y que come ciertas cosas y otras no. Para los niños, los adultos son personas mayores y no son un modelo a seguir, porque no se sienten identificados con ellos”. Eso es lo que marcará las preferencias en la alimentación del niño, su entorno de amigos. “Si sus amigos son más proclives a comer dulces, este niño acabará comiendo esos dulces, ese grupo de amigos va a ser más influyente en su alimentación que sus propios padres”, nos advierte Natalia.

Otro de los posibles aprendizajes que tenemos a la hora de alimentarnos es el aprendizaje por asociación. Uno de los ejemplos más claros que tenemos es el de premiar a nuestros hijos con comida. “Muchas veces pensamos que si damos de comer a nuestros hijos de primer plato una ración de verdura, y sabemos que no le gusta, le podemos premiar diciéndole que si se lo come entero le premiaremos con su postre favorito, creyendo que asociará el esfuerzo de comerse ese plato de verduras con el premio que supone comerse el postre que más le gusta, lo asociamos y creemos que esa asociación le va a impulsar a querer comerse el plato de verduras. En realidad, el razonamiento que hace el niño es que, si le premian por comerse las verduras, es porque las verduras tienen que ser muy malas, con lo que obtenemos el resultado contrario a lo que andamos buscando”, nos explica Natalia Nasarre. Aunque el premio no sea comida, sino ir a jugar al parque, la idea central que recibirá el niño es que le premian porque la verdura es muy mala, lo cual generará un rechazo a las verduras a medida que vaya creciendo. “La comida no debe ser nunca, ni premio ni castigo. No hay que hacer aquello de que “si no te lo comes ahora, te lo comerás para cenar” porque seguiremos enviando el mensaje de que ese alimento es malo. Lo que hay que hacer es premiar los aciertos, ir a comprar con ellos y hacerles elegir lo que quieren comer, dándoles a elegir entre dos cosas sanas y que les convienen”, nos aclara Natalia, dando así alguna de las claves de una buena educación alimenticia.

La exposición a los alimentos también es importante. El niño o niña tiene que ver a sus padres comer cosas saludables, porque si no conoce los alimentos puede desarrollar la neofobia, es decir, el miedo a probar cosas nuevas. En ese sentido Natalia nos explica el porqué: “Por evolución, tendemos a rechazar los alimentos que no conocemos por miedo a que sean tóxicos o venenosos. Si vemos alimentos familiares, los iremos consumiendo, pero va a ser más difícil conseguirlo a medida que el niño o niña crece. Cuanto más mayores somos, más reacios a probar cosas nuevas”. Si a uno de los padres no le gusta algún alimento en concreto, no podemos transmitirle a nuestro hijo esta falta en su alimentación. Hay que sentarse todos en la mesa y servir en una fuente la comida para toda la familia, invitarle a comer ese alimento que no nos gusta y, sobre todo, crear un ambiente familiar y positivo. Eso evitará que cuando crezcan tengan ansiedades y relacionen nerviosismo con comida y así predisponer a esos niños a que de mayores padezcan de una obesidad.

Los factores externos también influyen muchísimo en la alimentación de nuestros hijos, principalmente aquellos que nos vienen dados por intereses económicos. La publicidad busca influenciar para que consumamos un determinado producto. “Los intereses económicos son muy difíciles de evitar, lo que tenemos que hacer es concienciar desde pequeños a nuestros hijos de lo que tienen que hacer. No subestimar su capacidad de entender las cosas, explicárselas bien, para que las entiendan. La publicidad lo que busca es que los niños asocien felicidad con ciertos alimentos y que los padres asocien crecimiento con determinados alimentos, porque buscan activar los miedos propios de todos los padres: que sus hijos no  crezcan fuertes y sanos o que puedan tener algún problema de salud. Por lo tanto, el crecimiento es uno de los elementos que más van a explotar en la publicidad de alimentación para niños”, nos explicaba Natalia mientras mentalmente repasábamos la publicidad de muchos alimentos.

“Lo realmente importante de estos alimentos es el etiquetado. El etiquetado nunca va a ser grande y claro, va a ser siempre pequeño y nada claro, para que no sepas de lo que te están hablando”, insiste la nutricionista: “Con la publicidad juegan con esta asociación de sentimientos y luego te ilustran las etiquetas o los envases con imágenes engañosas. Por ejemplo, un brick de leche con una mujer corriendo y un enorme corazón de fondo. Los consumidores pensamos que esa leche es buena para el corazón o para la salud cardiovascular, pero no te pone en ningún lado que es bueno para el corazón, simplemente asociamos lo que vemos con un significado lógico. Lo mismo pasa con ilustraciones de niños que crecen muy rápido. A lo mejor el contenido no tiene nada que ver con el crecimiento, pero nosotros lo asociamos. Hay que tener mucho cuidado con esta especie de publicidad engañosa. Por poner otro ejemplo: a veces vemos que un determinado postre tiene una etiqueta con dos vasos de leche, lo que lleva a pensar que ese postre es el equivalente a esos dos vasos, pero la realidad es muy diferente. Tenemos que fijarnos en la composición y veremos que lleva el doble de grasas, el doble de azúcar y que esas grasas son saturadas, que son las que provocan el colesterol”.

A estas alturas de la conversación con Natalia Nasarre uno ya empieza a comprender el porqué de este alarmante ascenso de la obesidad y la malnutrición (por exceso) infantil en el mundo occidental. Pero la conversación dio mucho más de sí y continua en una segunda parte de este mismo artículo que puedes leer aquí.

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