Rosa Altabás Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Binéfar
Se cumple un año desde que Binéfar perdió a Alfonso Adán. Un año desde que el silencio ocupó un espacio que antes estaba lleno de conversación, compromiso y amistad. El tiempo ha pasado, pero su recuerdo permanece intacto en quienes tuvimos la suerte de compartir con él amistad, militancia y trabajo por un proyecto común.
Hablar de Alfonso es hablar, ante todo, de una buena persona. De alguien que entendía la política no como un fin, sino como un instrumento al servicio de su querida Villa, como él decía “la mejor Villa del mundo”. Desde la alcaldía de Binéfar y como secretario general del PSOE local, ejerció la responsabilidad con honestidad, sentido del deber y una profunda vocación de servicio público. Pero más allá de los cargos, Alfonso fue un compañero comprometido con su partido y sobre todo con los binefarenses, lejos del márquetin y la impostura, priorizando la gestión real de los problemas.
Desde la amistad, recordamos su cercanía y su capacidad para generar equipo. Alfonso me daba seguridad, era mi referencia, mi búsqueda de Google, él creía en mí y eso me abrumaba y me llenó de responsabilidad. Siempre respetó mis tiempos, mis circunstancias y aunque él insistía prudentemente, siempre me dejó claro que mi sitio políticamente hablando estaba a su lado. Siempre tuvimos un vínculo de respeto y compañerismo.
Su compromiso con el PSOE no era solo ideológico, sino profundamente humano: creía en el valor de lo común, en la justicia social y en la igualdad de oportunidades.
Un año después de su pérdida, su ausencia sigue doliendo. Duele no poder contar con su consejo, con su experiencia. Siempre me pregunto ¿qué me recomendaría Alfonso? Cuánta falta nos haces… Duele no compartir con él nuevos proyectos, debates y retos. Pero junto a la tristeza también permanece el agradecimiento: por lo vivido, por lo aprendido y por el ejemplo que nos dejó.
Alfonso forma ya parte de la historia reciente de Binéfar y del socialismo local. Su legado no se mide solo en decisiones políticas o en años de gestión, sino en la huella personal que dejó en tantas personas. En la manera de entender la política desde la cercanía, la humildad y el compromiso honesto.
Al cumplirse un año de su ausencia, lo recordamos desde el cariño y la memoria compartida. Seguimos adelante, como él hubiera querido, con responsabilidad y vocación de servicio, sabiendo que su ejemplo nos acompaña.
Alfonso, decirte que hemos sabido recomponernos, aunque todos notamos tu ausencia. Porque las personas como tú no se van del todo: permanecen en los valores que defendieron y en las personas a las que inspiraron.
¡Seguimos compañero!



