Josep Pàmies: «Hay que acabar con la industria que te hace sufrir y cronifica enfermedades perfectamente curables».

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Texto e Imagen: Jaume Garcia Castro

 

 

Binéfar, 5 de febrero de 2014.- Llega al escenario de la ACR Binéfar 77 con media hora de antelación. Su intención es probar con un poco de antelación las imágenes que va a proyectar durante la charla que ha venido a impartir. Josep Pàmies se gana la vida cultivando plantas y flores para su consumo medicinal o culinario. La charla que va a ocupar buena parte de la tarde de Santa Águeda se titula “Jornada sobre la alimentación sana y medicina natural”. Es autor de un libro titulado “Una dulce revolución” que está abriendo muchas mentes y muchas conciencias. Parece mentira, pero detrás de una planta se puede estar fraguando una de las más potentes revoluciones silenciosas de la humanidad. No sería la primera vez. Si alguno de los lectores cree exagerada esta afirmación, debemos recordar que la Guerra de la Independencia norteamericana nació por la negativa a consumir té con las exageradas tasas impuestas por los ingleses, es decir, que Estados Unidos existe gracias a la revolución del Té en Boston.

Jaume Garcia: El título “Una dulce revolución” hace referencia a una planta, la Stevia, que es el Bárcenas de los vegetales: cuanto más se investiga más propiedades se le descubren.

Josep Pàmies: En realidad tiene dos significados. Uno es éste que comentas, las propiedades de la Stevia. El otro es que hay que cambiar el mundo, pero si las revoluciones que hacemos se hacen tal y como se han ido haciendo hasta ahora, al cabo de un tiempo estas revoluciones vuelven a su estado original. Cuando una revolución se hace con violencia, esa violencia se te vuelve en contra como un boomerang. En Islandia no ha habido violencia, pero aún así se ha vuelto otra vez al punto de origen. Las dulces revoluciones, o las revoluciones pacíficas, a largo plazo, son imparables. Puede que a veces tengamos desesperanza porque no avanzamos más en progresar en algunas ideas, pero es calando poquito a poco, como lluvia fina, es como estas revoluciones se van a implantar en nuestra sociedad.

Cuando es por la fuerza bruta, los contrarios ya tienen un motivo para atacarte, para desprestigiarte. De esta otra forma no pueden, son ellos los que van a atacarte a ti. Es el sistema que utilizó Gandhi. En aquella época, en la India, estaba prohibido hacerte tu propia sal, había que comprarla al monopolio inglés y Gandhi cogió un cubo de agua salada, se hizo su propia sal y le costó ocho años de cárcel, pero al día siguiente había 50.000 hindús que hacían lo mismo y fue inviable la cárcel para tantas personas. Ese tipo de oposición a este sistema asqueroso que todos hemos ayudado a constituir es el único que tiene validez. Pensar que vamos a cambiarlo radicalmente de un día para otro es inviable, porque incluso nosotros, como ciudadanos que somos críticos, también estamos viciados por este sistema y nos cuesta abandonar las comodidades que sabemos que nos hacen daño, todos los vicios que hemos adquirido. Así que, con calma, la dulce revolución propone, en base a las plantas medicinales, hablar de sus propiedades aunque esté prohibido hablar de ellas, para que la gente pueda entender por qué una planta está prohibida si se consiguen tantas maravillas de ella, por qué esa planta que utilizo cada día me evita tener que inyectarme insulina, por qué esta planta me evita un cáncer o me lo cura, por qué esta otra me deshace cálculos del riñón y la sanidad pública no me la recetan y en cambio me recetan agresiones al cuerpo, como son las intervenciones quirúrgicas.

¿Por qué pasa esto? Porque el sistema económico es el que gobierna el mundo, y nosotros hemos alimentado a este poderosísimo poder económico y los políticos le deben el cargo que ocupan gracias a él. Si nosotros, desde nuestra pequeñez, cambiamos ese modelo económico, como individuos o como asociaciones, eso va a cambiar, paulatinamente, otra vez. Por eso vale la pena empezar una revolución pacífica empezando por el consumo de una planta como es la Stevia, en la línea de lo que tanto tiempo atrás Gandhi propugnó.

Jaume: Parece que un pequeño detalle no pueda cambiar nada pero, por ejemplo, el Imperio Romano cayó ante los bárbaros porque los jinetes romanos no tenían estribos y los bárbaros sí y eso les daba una ventaja estratégica enorme en el campo de batalla. Ese pequeño detalle cambió la historia de la humanidad.

Josep: A nosotros, trabajar con la Stevia nos costó muchos expedientes y estuvimos a punto de que nos embargaran secciones importantes de la empresa. Al final la Administración se atemorizó y se echó para atrás. Esta desobediencia nuestra ha hecho que incluso el Carrefour, una de las multinacionales de la comida basura tenga Stevia en su formato prohibido, es decir en hojas, vendiéndola al menos en la zona de Cataluña. Si las grandes empresas empiezan a hacer lo que defendemos los ciudadanos de a pie, significa que vamos bien, vamos por el buen camino.

No hace falta cambiar la ley, no hace falta que se legalice una planta, solo hace falta desobedecer instrucciones u órdenes injustas para que, incluso la mafia alimentaria, también se sume a esa desobediencia.

Hace 15 años me decidí a cultivar la Stevia, quise comprobar por mi cuenta si era verdad lo que se decía que podía curar la diabetes o mejorarla muchísimo cuando ya se tiene que depender de la insulina, si curaba la hipertensión, si curaba el colesterol, los triglicéridos. Parecía imposible que una sola planta hiciera tantas cosas. Empecé a sembrar, empecé a regalar plantas, para ver si retornaban en forma de comentarios y retornaron en forma de comentarios maravillosos. Llegó un momento en que empecé a sentir un poco de agobio, porque esto se estaba convirtiendo en algo tan grande que tuve que crear una asociación para gestionar y asesorar sobre docenas de plantas que sirven para curar, cuando los medicamentos no curan. Los medicamentos están hechos para convertir las enfermedades en enfermedades crónicas. Es evidente que la mayor parte de los medicamentos salen de las plantas, pero solo sacan aquel principio que suaviza los síntomas de la enfermedad, pero los otros principios, los que se utilizarían para eliminar la enfermedad, no nos los aportan a través de las medicinas tradicionales.

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Richard J. Roberts, que fue Premio Nobel de Medicina, afirmaba en el año 2007 en Barcelona que “el fármaco que cura del todo no es rentable”, afirmaba que a los investigadores les obligaban a transformar los medicamentos que curan en uno que cronifique la enfermedad para toda la vida. Roberts fue el primero, pero se le han ido sumando otros Premios Nobel. Que nadie se alarme a nivel político y empiece a investigar a ver qué hay de verdad en todo ello es la prueba de que las presiones de las farmacéuticas existen, que lo que hacen es convertir medicamentos que curan en otros que cronifiquen la enfermedad, que te funcione bien mientras te tomes las pastillas, aguantes la quimio o la insulina, pero que en cuanto dejes de tomarlo caigas enseguida otra vez en la enfermedad. Los medicamentos de hoy en día son drogas. Éstas si que deberían estar prohibidas y no la Marihuana, la Coca o la Stevia. Son muchas las medicinas que deberían prohibirse y poner en su lugar plantas con ese principio activo. Si miramos los prospectos ya nos avisan sobre la existencia de efectos secundarios. En Europa mueren cada año 250.000 personas por culpa de los efectos secundarios de sus medicamentos. ¿Estamos locos? Por el consumo de herboristaría no se muere nadie. Hay muchas curas que no funcionan, muchos medicamentos que no funcionan y hay muchas plantas que curan, y curan de verdad. En cambio seguimos recetando medicamento, matando a miles de personas cada año. Pongo un ejemplo: el Omeprazol, ese protector gástrico, es muy perjudicial. No se debe tomar más de un año seguido, porque después de tomar esta pastilla durante tres años tus huesos habrán perdido toda su consistencia y se romperán con una facilidad tremenda, se desharán como azucarillos. Solo en Cataluña, más de tres mil fracturas de cadera y de fémur son ocasionadas por el consumo de Omeprazol y te lo venden como un medicamento que te ha de proteger el estómago ante el cóctel de pastillas que te van a dar. Todo esto se sabe y los políticos callan, son los más corruptos de los que hemos tenido en toda la Historia. La Sociedad lo sabemos, pero todavía hay gente que vota a estos corruptos, y ellos siguen mamando… Los cambios tienen que venir de abajo y es la Sociedad la que tiene que preguntarse “¿Para qué votarles si no me representan?”

Yo quiero una democracia directa. En Suiza consiguieron con 100.000 firmas conseguir un referéndum vinculante para que todas las terapias naturales entraran dentro del sistema de la sanidad pública, en contra de la voluntad de Gobierno y Parlamento, pero su constitución prevé que, cuando el pueblo se cabrea, con 100.000 firmas públicas pueden convocar un referéndum vinculante. Aquello es democracia, porque los políticos pueden ser corruptos, porque lo serán igual que aquí, pero la Sociedad tiene mecanismos de control de esa corrupción, aquí no tenemos ninguno, simplemente el derecho a votar cada cuatro años. Más vale esto que nada, es cierto, pero no es la democracia que queremos.

La dulce revolución propugna esos cambios en nuestra organización, además de cambios en nuestra dieta y una alimentación limpia de transgénicos, de productos libres de aditivos químicos, poder reconocer las plantas, como se reconocían.

Jaume: Cada planta tiene sus propiedades, unas son curativas, otras pueden hasta matarte. Hay otras, como el Aloe Vera, que tienen tantas propiedades que es imposible enumerarlas todas. ¿Cómo es posible que la Sociedad haya podido olvidar colectivamente que estas plantas existen y para lo que sirven?

Josep: Lo curioso es que hay cientos de estudios científicos que avalan aquello que nuestros abuelos ya nos decían. No se trata solo de esa cuestión romántica que no teníamos que haber perdido, sino que está todo muy bien estudiado. Las farmacéuticas solo sacan una parte de los principios activos, no la totalidad, porque si sacan la totalidad, nos curan. Y si nos curan, no hay negocio.

Ahora tenemos la suerte de que, con Internet está todo mucho más cerca de lo que jamás había estado antes. Podemos poner el nombre científico de una planta y te aparecen cientos de estudios sobre sus principios activos. Hay que acabar con la industria que hace sufrir y cronifica enfermedades perfectamente curables. Hay dos estudios recientes, uno en Gran Bretaña y otro en los EE.UU. que, por separado, han descubierto que las raíces del Diente de León, que fíjate tú si es una planta común, pueden curar al 100% la leucemia. ¿Cuántos años tendremos que esperar a que haya un medicamento que cure la leucemia? Pasarán años y quizá ni lo veamos. Hay muchas otras plantas, la Marihuana ha curado muchos cánceres cerebrales, con hechos contrastados. En cada feria que hacemos siempre se nos acerca alguien comentándonos los resultados de utilizar esta ayuda de la planta.

En Barbastro hay una monjita, Sor Josefa, que ha vivido haciendo de misionera durante más de 40 años. Estaba en Ecuador, cuidando de que no les faltaran atenciones a un grupo de presos. Ella les llevaba cada cierto tiempo una botellita de Aloe Vera con miel. Esta mezcla cura muchas enfermedades, incluso algún tipo de cáncer muy especifico. Los presos cuidaban de ella para que no le pasara nada, incluso le salvaron la vida un par de veces, porque sufrió atentados de los propios policías que custodiaban la prisión, porque curaba a presos que ellos querían que murieran. Aquí ahora está revolucionando Barbastro y alrededores, dando botellitas de Aloe Vera con miel, y ha conseguido curar hasta algún cáncer. Es impresionante.

Jaume: ¿Cómo se consumen estas plantas medicinales si están prohibidas?

Josep: Está prohibido venderlas, no su consumo ni su posesión. En la Cooperativa Joaquín Costa podrás comprar plantas enteras y te las puedes cultivar tú mismo. Un par de infusiones al día son suficientes para diabetes, colesterol, hipertensión, triglicéridos… Una en ayunas siempre es la más efectiva. Y si tienes la plantita en casa, pues tres o cuatro hojitas bien masticadas en ayunas y otras cuatro por la noche cuando vuelves de trabajar. Te las comes directas de la mata.

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Jaume: Es una forma muy cómoda de hacer la revolución…

Josep: ¿Quién se puede oponer a eso? Si alguien se opone, lo único que van a hacer es darnos más credibilidad. Hemos de volver a comer más sano y más saludable. En las grandes superficies podemos encontrar alimentos que nos vienen de todas partes del mundo, pero que tienen que conservarse durante mucho tiempo, por el transporte y el tiempo de exposición. Todos estos alimentos están tratados de alguna manera para conseguir que duren frescos más tiempo. Algunos de ellos han sido irradiados con una bomba de cobalto, lo que convierte a esos alimentos, de alimentos frescos a alimentos zombies, para conseguir que un tomate esté ahí dos meses y no se pudra. Mirad las etiquetas a ver qué dice, porque aquí no hay narices de poner “producto irradiado con bomba de cobalto”, ponen “alimento ionizado”. Cuando pone ionizado es que está desinfectado con bombas de cobalto, las mismas que nos irradian a nosotros con la radioterapia cuando tenemos cáncer. Y con eso tratan a muchos alimentos para que no se pudran y se aguanten sin merma en las estanterías.

Lo mejor es comer de lo que te da tu huerto, del agricultor que vive al lado de casa, de la pequeña tienda que te garantice la calidad y el origen de los alimentos, de las cooperativas como Punt Verd, que hace verdaderos esfuerzos para comercializar el maíz no transgénico… Hay que buscar alimentos cuyo origen sea el correcto y no aquellos grandes supermercados que te traen alimentos de todas partes del mundo y en los que los controles son inexistentes, prácticamente. Y aquí también, aquí se hacen muy pocas analíticas de residuos en los alimentos, por ejemplo. En nuestra empresa, durante 30 años, nadie ha venido a buscarnos ni un solo análisis de productos químicos, eso está súper tolerado.

Jaume: Como me queda el cuerpo después de escucharle. Ahora cualquiera se come un bocadillo de lo que sea…

Josep: El pan te lo puedes hacer en casa. Es fabuloso.

 

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