Al acabar la primera guerra árabe-israelí, había cientos de miles de palestinos dispersos por todos los rincones de la región. Algunos historiadores registraron los hechos, conscientes de que la versión del ganador tiende a prevalecer. Los escritos de Walid Khalidi o Sami Hadawi son inequívocos: sea porque prefirió huir para protegerse, sea porque lo obligaron, el pueblo palestino fue expulsado de su tierra. Sin embargo, para que esta versión de los acontecimientos de 1948 se difunda más allá del mundo árabe habrá que esperar hasta 1987, con la publicación de los primeros libros de los «nuevos historiadores» israelíes, como Benny Morris, Tom Segev, Ilan Pappe y Avi Shlaim. Basándose en los archivos de su Estado, estos investigadores derriban uno tras otro los pilares de la historiografía oficial.

. . . El recuerdo de la Nakba amenaza con empañar la total inocencia de que presume el aparato estatal israelí. Aceptar que cuando se creó el país sus combatientes no fueron víctimas sino verdugos echaría a perder la «pureza de las armas» que se atribuye al ejército llamado «de defensa» de Israel.

Thomas Vescovi: «Israël hanté par la Nakba», en Le Monde diplomatique, mayo 2018 (extr. y trad. La Litera información)

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