En una aldea de Corrèze los alemanes habían matado a unos maquis y ordenaron al alcalde que los enterrara en secreto, al amanecer. Es costumbre en esta región que las mujeres asistan desde la tumba de su propia familia al funeral de cualquier vecino del pueblo. Nadie conocía a esos muertos, que eran alsacianos. Cuando llegaron al cementerio, llevados por nuestros campesinos bajo la custodia amenazante de las metralletas alemanas, la noche que se retiraba como el mar dejó ver a las mujeres negras de Corrèze inmóviles desde la cima hasta el pie de la montaña, cada una junto a la tumba de su familia, esperando en silencio el entierro de los franceses muertos. Este sentimiento donde resuena la leyenda, sin el cual la Resistencia nunca habría existido —y que nos une hoy— es quizá simplemente la fuerza invencible de la fraternidad.

¿Cómo organizar esta fraternidad para hacer de ella una lucha?

André Malraux: «Discours du transfert des cendres de Jean Moulin au Panthéon» el 19 diciembre 1964, ed. fr.wikisource.org (extr. y trad. La Litera información)


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