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El Gobierno de Aragón ha añadido otros 29 términos municipales al centenar que ya estaban reconocidos como zonas vulnerables a la contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes agrarias, lo que supone un reconocimiento implícito de los daños ambientales que está provocando en la comunidad la expansión de la ganadería intensiva, especialmente la del porcino . . .

Paralelamente, un organismo estatal como la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) alertaba en su Documento Inicial del nuevo Plan Hidrológico de la demarcación de cómo dos tercios de las granjas de la cuenca, cerca de 30.000 y la mayoría de ellas ubicadas en Aragón y Catalunya, están provocando efectos contaminantes en los acuíferos sobre los que se ubican.

Los efectos de ese tipo de contaminación son prácticamente irreversibles, vienen advirtiendo los técnicos del organismo de cuenca.

. . . Las masas de agua subterránea de la Litera Alta y el Sinclinal de Graus, en el Prepirineo, se ven afectadas por la actividad agraria que se desarrolla en Capella, Estadilla, Fonz, Graus, Lascuarre, La Puebla de Castro y Secastilla mientras que la superficial de La Clamor Amarga, por la que se lleva a cabo en Albelda, Alcampell, Altorricón, Belver de Cinca, Esplús, Osso de Cinca, Tamarite de Litera, Velilla de Cinca, Vencillón y Zaidín.

Eduardo Bayona: «Ganadería intensiva: el Gobierno de Aragón admite que los purines ya emponzoñan casi uno de cada cinco términos municipales», en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 15 agosto 2019 (extr. La Litera información)

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Consciente de su ignorancia en cuestiones económicas, Yeltsin se sacó de la chistera un joven prodigio llamado Egor Gaidar . . . producto de la alta nomenklatura comunista que profesaba una fe absoluta en el liberalismo. Ningún teórico de la escuela de Chicago, ningún consejero de Ronald Reagan o de Margaret Thatcher creía en las virtudes del mercado tan fervientemente como Egor Gaidar. El desafío era enorme: Rusia nunca había conocido nada que se pareciera ni de lejos al libre mercado. Yeltsin y Gaidar pensaron que era necesario actuar rápidamente, muy rápidamente; presentar los hechos consumados y así ganar por la mano a la reacción que había derrotado a todos los reformadores rusos desde Pedro el Grande. Llamaron «terapia de choque» a este método, y vaya si fue un choque.

Para empezar, desregularon los precios, lo que provocó una inflación del 2600 % e hizo fracasar la iniciativa paralela de «privatización mediante bonos». El 1 de setiembre de 1992 se enviaron por correo, a todos los ciudadanos rusos mayores de un año, bonos de 10000 rublos que representaban su participación en la economía del país . . . Por desgracia, debido a la inflación, estos bonos ya no valían nada cuando llegaron. Sus beneficiarios descubrieron que con ellos podías comprarte, como mucho, una botella de vodka. Así que los revendieron en masa a los espabilados que les ofrecían digamos el precio de una botella y media.

Estos espabilados, que en pocos meses se convirtieron en los reyes del petróleo, se llamaban Borís Berezovski, Vladimir Gusinsky, Mijaíl Jodorkovski . . .

Gracias a la «terapia de choque» un millón de listillos comenzaron a enriquecerse frenéticamente, pero 150 millones de infelices se hundieron en la miseria . . .

La esperanza de vida del hombre ruso pasó de sesenta y cinco años en 1987 a cincuenta y ocho en 1993 . . . Todo lo que puedes vender para sobrevivir, lo vendes. Si eres un pensionista pobre, un kilo de pepinillos . . . Si eres un general, tanques o aviones . . . Si eres juez, sentencias. El policía, su tolerancia. El funcionario, su sello. El veterano de Afganistán, sus habilidades asesinas . . . En 1994, cincuenta banqueros fueron asesinados a tiros en Moscú . . .

Los grandes se mataban entre sí por corporaciones industriales o yacimientos de materias primas, los pequeños por un quiosco o un colmado . . .

Antes de morir, el ya ex primer ministro Egor Gaidar le dijo a un periodista: «Lo que tiene que entender es que no podíamos escoger entre una transición ideal a la economía de mercado y una transición criminalizada. La elección era entre una transición criminalizada y la guerra civil».

Emmanuel Carrère: Limonov ; Paris : P.O.L., 2011, p. 335s. (extr. y trad. La Litera información)

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Conscient de son ignorance en matière économique, Eltsine a sorti de son chapeau un jeune prodige appelé Egor Gaïdar . . . issu de la haute nomenklatura communiste et professant une foi absolue dans le libéralisme. Aucun théoricien de l'école de Chicago, aucun conseiller de Ronald Reagan ou de Margaret Thatcher ne croyait aux vertus du marché avec autant de ferveur qu'Egor Gaïdar. La Russie n'avait jamais rien connu qui ressemble de près ou de loin à un marché, le défi était gigantesque. Eltsine et Gaïdar ont pensé qu'il fallait agir vite, très vite, passer en force pour prendre de court la réaction qui a eu raison de tous les réformateurs russes depuis Pierre le Grand. La pilule qu'il fallait avaler, ils l'ont baptisée « thérapie de choc » et, pour un choc, ça a été un choc.

Pour commencer, les prix ont été libérés, ce qui a provoqué une inflation de 2 600 % et fait échouer l'initiative, conduite en parallèle, de « privatisation par bons ». Le 1er septembre 1992 ont été envoyés par la poste à tous les citoyens russes âgés de plus d'un an des bons de 10 000 rubles correspondant à la part de chacun dans l'économie du pays . . . À cause de l'inflation, hélas, ces bons quand ils sont arrivés ne valaient plus rien. Leurs bénéficiaires découvraient qu'ils pouvaient tout au plus, avec, se payer une bouteille de vodka. Ils les ont donc revendus en masse à des petits malins qui leur en proposaient, disons le prix d'une bouteille et demie.

Ces petits malins, qui se sont en quelques mois retrouvés les rois du pétrole, s'appelaient Boris Berezovski, Vladimir Goussinski, Mikhaïl Khordorkovski . . .

Pour un million de dégourdis qui grâce à la « thérapie de choc » ont commencé à s'enrichir frénétiquement, 150 millions de clampins ont plongé dans la misère . . .

De soixante-cinq ans en 1987, l'espérance de vie du Russe mâle est passée à cinquante-huit en 1993 . . . Tout ce qu'on peut vendre pour survivre, on le vend. Si on est un pauvre retraité, c'est un kilo de cornichons . . . Si on est un général, ça peut être des tanks ou des avions . . . Si on est un juge, ce sont des veredicts. Un policier, sa tolérance. Un fonctionnaire, son coup de tampon. Un ancien de l'Afghanistan, ses compétences de tueur . . . En 1994, cinquante banquiers ont été abattus a Moscou . . .

Les gros s'entre-tuaient pour des combinats industriels ou des gisements de matières premières, les petits pour des kiosques ou des emplacements au marché . . .

Avant de mourir, il n'y a pas longtemps, l'ex-Premier ministre Egor Gaïdar a confié à un journaliste : « Ce qu'il faut que vous compreniez, c'est que nous n'avions pas le choix entre une transition idéale vers l'économie de marché et una transition criminalisée. Le choix était entre une transition criminalisée et la guerre civile. »

Emmanuel Carrère: Limonov ; Paris : P.O.L., 2011, p. 335s. (extr. La Litera información)

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