Ir a visitar al señor Castro, un domingo por la tarde, era una verdadera juerga. Los niños queríamos ver su loro. Él nos abría la puerta, con el loro sobre el hombro. Se comportaba como si no llevara ningún loro. Eso nos enloquecía. Y a él le hacía reír como a un pirata. Empezábamos el ritual de buscar el loro por todo el piso, habitación por habitación. En cada habitación el señor Castro preguntaba ¿dónde está el loro? El loro contestaba, aquí, imbécil. Pero él simulaba no oírlo. Al final, teatralizaba que descubría que el loro siempre había estado sobre su hombro. Gesticulaba un susto desmesurado. Era el delirio. Ante nuestras risas, empezaba entonces, el espectáculo. El loro tomaba café, daba volteretas, decía unos tacos formidables. Una, o mil horas después, dejaba el loro en su trapecio. Nos ordenaba vigilarlo, y se iba a hablar con los adultos.

Guillem Martínez: «Sobre el dolor», en ctxt.es; Madrid : Revista Contexto, 6 enero 2019 (extr. La Litera información)


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