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Crónicas del colapso

crónicas del colapso(Puedes leer primero la presentación de la serie «Crónicas del colapso»)


 

Aún recuerdo aquel otoño en el que el mundo cambió. ¿Cómo olvidarse de esas palabras de Lara?

Debían ser alrededor de las siete de la tarde cuando la presidenta de la ONU, Lara Lajčák, hija de Miroslav Lajčák, pronunció esas dos frases que han conseguido quedarse en la memoria de todos durante estos seis largos años: “Se han agotado todas las reservas de petróleo en La Tierra. O buscamos soluciones, o habremos retrocedido el equivalente a tres siglos”. ¿Qué estupidez esta última frase, no? Al principio, todos pensábamos lo mismo.

Sí, el petróleo se había agotado. Eso significaba el fin de muchas cosas que, hasta entonces, eran sinónimo de basura. Ahora, por ejemplo, las personas que tenían botellas de plástico en casa, se podía decir que eran altos cargos de su empleo; o también se decía que, quien podía mantener frutas abiertas durante días, eran auténticos afortunados, pues el papel film no estaba al alcance de cualquiera.
Y eso sólo era lo referente a los productos derivados, pero respecto al petróleo como combustible, fue una verdadera lucha.
Había gente consciente de que el suministro de petróleo no sería ilimitado y pusieron placas solares en sus casas (pese a los excesivos impuestos que se tenían que pagar) y se compraron coches eléctricos. Estas personas fueron las más inteligentes ya que, aunque en su día pagaron una cantidad desmesurada de dinero, hoy cuesta el triple.

Además, pese a su elevado precio, es una de las fuentes de energía que más se emplea, lo que conlleva a que las centrales eléctricas no den abasto y se produzcan fallos continuamente.

El resto de fuentes de energía tampoco tuvieron mucho éxito. Tanto la energía eólica, como la mareomotriz o la hidroeléctrica se vieron afectadas por el cambio climático.

Hoy en día, la mayoría de personas emplean una de estas dos fuentes de energía, la energía eléctrica, pese a su elevado coste, o la biomasa (que también pasó a ser bastante cara), pero que su uso provoca un olor desagradable, que provoca un deterioro en la calidad de vida.
Durante los primeros años, todo iba medianamente bien. El problema llegó cuando una gran cantidad de familias se quedaron sin ahorros simplemente por pagar estas energías. Este hecho provocó que, muchas personas empezaran a robar, por ejemplo, placas solares. Lo peor de todo era que, no se trataban de casos aislados, que ocurrían una vez cada mucho tiempo. No, se trataban de robos que ocurrían día tras día, y que, muchas veces, había incluso mafias por detrás. Muchas veces se desataban guerras por conseguir esas placas solares. Sin ir más lejos, en Giurgiu, una ciudad al sur de Rumanía, llevan dos años en guerra simplemente por hacerse con el poder de pequeño parque solar.

También tengo que añadir que, todo ese dinero que se pagaba por esas energías, no se repartía de forma equitativa entre todos los empleados. Se lo quedaban una minoría, que eran las que mejor vida llevaban. (Normalmente, estas personas eran las que tenían objetos de plástico en sus casas).
En resumen, ahora mismo, vivimos en una sociedad en la que, hay una gran desigualdad financiera, donde personas se nutren gracias a los demás; hay numerosos robos diarios; hay gran cantidad de guerras por conseguir recursos; y también hay un permanente mal olor por la calle. Tal vez Lara tenía razón. Hemos retrocedido tres siglos.

PD: Si estoy realizando esta carta es porque ahora mismo, hay un combates en la ciudad donde resido, pues se han descubierto unas grandes placas solares sin dueño, y todo el mundo quiere que sean suyas.

Espero que se encuentre rápido una solución a la falta de ese dichoso material que tanto mal ha causado, el petróleo.

Atentamente, un simple ciudadano.


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Venta de parcelas en el polígono

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