El viernes 25 de mayo de 2018 el PSOE presentó en el registro de las Cortes a través de su grupo parlamentario una moción de censura. Era la segunda de esta legislatura y en apariencia tenía las mismas posibilidades de éxito que la anteriormente presentada por Podemos.

Todo comenzó el día anterior con la lectura de la sentencia de la trama Gurtel. El PP quedaba muy tocado y su presidente que a la vez lo és del gobierno, Mariano Rajoy no salía muy bien librado ya que la propia sentencia decía que su testimonio no era creíble. El propio partido se libraba de una condena penal porque el juicio fue con el anterior Código de Justicia, el actual puede condenar penalmente a los partidos políticos y el anterior no lo contemplaba, únicamente la condena civil.

Desde el 25 de mayo, fecha de presentación de la moción, al 31 del mismo mes día que comienza el debate, los partidos políticos muestran y amagan a la vez su posicionamiento. Podemos está con la moción, en una ocasión no apoyó a Pedro Sánchez por estrategias electorales y posibilitó un gobierno de la derecha y esta vez no va a caer en el mismo error. Ciudadanos tiene otras pretensiones y todas ellas pasan por desgastar al PP y que este convoque elecciones para hacerse con la supremacía de la derecha o centro derecha en el conjunto del país. El PNV hacía apenas una semana que había apoyado los Presupuestos Generales del Estado respaldando la política del PP y no estaba por la labor de tirar por la borda lo conseguido para Euzkadi; así pues, el silencio era dogma de fe.

En los partidos satélites del PP, UPN, Foro Asturias, el apoyo al gobierno estaba garantizado, sobre Nueva Canarias, coaligada con el PSOE, pero con funcionamiento propio, estaba claro que apoyaría la moción. Compromis, quizás los más convencidos que un cambio era posible, la apoyaba sin fisuras al mismo tiempo que buscaban apoyos en sus vecinos de bancada del Grupo Mixto; los diputados de la antigua Convergencia, estos y ERC tenían la llave de entrada, ¿pero la darían sin pedir imposibles a cambio?

Los partidos independentistas catalanes, ERC y el PDECAT tienen en estos momentos una lucha soterrada, por un lado buscan su propia supervivencia como partidos ante los reiterados intentos de Puigdemont por crear un movimiento que los aglutine bajo su caudillaje con un único fin. Por otro lado el Presidente de la Generalitad, independentista, no está bajo el control de ninguno de ellos, únicamente de Puigdemont y esto imposibilita sobre todo a los antiguos convergentes a controlar tal y como hasta ahora estaban acostumbrados. Puigdemont y Torra piden que se abstengan ya que mantienen la teoría de que el PP y el PSOE es lo mismo, aunque en realidad piensan que con Rajoy y sus problemas judiciales el clima es más favorecedor para sus intereses. Es en este punto, dando el si a Sánchez, donde ERC y el PDECAT ven la posibilidad de reiniciar el paulatino control de la situación en Cataluña dejando de lado a Puigdemont.

Solo faltan cinco votos. El PNV y por primera vez Pedro Sánchez ven posibilidades de ganar la moción de censura. Estaba muy claro que los vascos no tenían intención de pasar a la historia como el partido que apoyó a Mariano Rajoy. Ese papel se lo reservaban a Ciudadanos, partido al que temen llegue al gobierno del estado; así pues, lo más práctico de cara al futuro era apoyar a Pedro Sánchez.
Coalición Canaria muy en su papel de ni quito ni pongo rey, pero sirvo a mi Señor se abstiene y a Bildu que está intentando entrar en la normalidad solo le vale el si, porque lo demás es apoyar al PP.

El 3 de junio Pedro Sánchez, por quien diez días antes nadie daba nada, prometió su cargo de Presidente del Gobierno ante el Jefe del Estado. La tormenta perfecta había dado resultado y ahora tocaba formar Gobierno.

Desde el 1 de octubre de 2016 al 17 de Junio de 2017 Pedro Sánchez aprendió que el postureo no vale en política y que el poder te lo otorga el conjunto de personas que conforman la sociedad y no las “élites” porque estas últimas viven alejadas de lo cotidiano y no conforman la realidad de un país.

A la euforia que se desató tras su nombramiento como Presidente del Gobierno se ha unido la ocasionada por la elección de las personas que conforman su gabinete. Una elección donde ha primado el compromiso de los-as elegidos-as con el mundo, real, donde viven. Una elección donde no se han mirado cuotas ni procedencias, únicamente a personas válidas.

Pedro Sánchez ha conformado un gobierno capaz de generar ilusiones, de dialogar, de mirar de frente a las personas, un gobierno de futuro y de no amedrentarse aunque la aritmética parlamentaria es la que es.

Lo más importante de todo lo acontecido estos días pasados: el dialogo propició el cambio y allí estuvo el PSOE y Pedro Sánchez


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