La llamada Ley de Campbell advierte de esa modificación de la realidad al ser medida. El psicólogo americano la formuló de la siguiente manera: «Cuanto más se aplica un indicador cuantitativo para las decisiones sociales, tanto más distorsiona y corrompe los procesos sociales que debería observar». El ejemplo que aducía tenía que ver con un hecho trágico de la guerra de Vietnam. En la primera fase de la guerra, el ejército americano tenía muy poca información acerca de las bajas que producía en el enemigo y propuso que éstas se contaran para evaluar la eficacia de las unidades de combate. Esto implicaba presionar para matar al mayor número posible de enemigos, lo que incluía cada vez más a civiles, ya que en una guerrilla no está del todo clara la diferencia entre soldado y civil . . .

La cuantificación, es decir, la transformación de los fenómenos sociales en el lenguaje de los números, consigue muchas veces sustraerse de la obligación de justificarse y se inmuniza así frente a la crítica . . . su carácter técnico permite ocultar los presupuestos tácitos de su elaboración, las selecciones que se han preferido y las alternativas que han sido excluídas.

Los números no son sólo matemáticas; también hacen política . . . Los algoritmos producen y representan lo que ha ser considerado como relevante y valioso. Las estadísticas presumen de reflejar una realidad objetiva, pero son construcciones selectivas que en parte producen esa realidad . . . Las clasificaciones no se imponen por su propia evidencia, sino que son más bien el resultado de un cierto combate social . . . En cuanto se ha decidido consagrar un indicador, todos los actores se ven obligados a guiarse por él. En la lucha por la clasificación nos jugamos también una determinada distribución del poder . . .

Daniel Innerarity: Política para perplejos; Barcelona : Galaxia Gutenberg, 2018 (extr. La Litera información)

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