En la primavera de 1993 apareció en Foreign Affairs el artículo «El choque de civilizaciones», de Samuel Huntington . . . los argumentos de Huntington parecían amplios, convincentes, audaces e incluso visionarios . . . Insistía sin vacilar: “Mi hipótesis es que la fuente esencial de conflicto en este mundo nuevo no será fundamentalmente ideológica ni fundamentalmente económica. Las grandes divisiones de la humanidad y la fuente predominante de conflicto serán de tipo cultural.” . . .

En realidad, Huntington es un ideólogo, alguien que pretende convertir las 'civilizaciones' y las 'identidades' en lo que no son, entidades cerradas y aisladas de las que se han eliminado las mil corrientes y contracorrientes que animan la historia humana y que, a lo largo de siglos, han permitido que la historia hable no sólo de guerras de religión y conquistas imperiales, sino también de intercambios, fecundación cruzada y aspectos comunes . . . El paradigma básico de Occidente contra el resto (el enfrentamiento de la guerra fría en una nueva formulación) . . .

Fue Conrad, con más fuerza de la que podía imaginar cualquiera de sus lectores a finales del siglo XIX, quien comprendió que las distinciones entre el Londres civilizado y 'el corazón de las tinieblas' se venían abajo a toda velocidad en situaciones extremas, y que las cimas de la civilización europea podían transformarse inmediatamente en las prácticas más salvajes, sin ninguna preparación ni transición.

Edward W. Said: «El choque de ignorancias», en EL PAÍS, n. 8 911 ; Madrid : Grupo PRISA, 16 octubre 2001 (extr. La Litera información)


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