En la época moderna el humanismo ha postulado la intuición como fuente suprema de autoridad, no solo en política sino en cualquier otro ámbito. Desde niños se nos bombardea con mensajes humanistas: «Escúchate, sé auténtico, confía en tí, sigue tus impulsos, haz lo que creas correcto».

. . . En una sociedad humanista, los debates éticos y políticos se interpretan como conflictos de sentimientos humanos, no de mandamientos divinos.

. . . Aunque los humanistas erraban al creer que nuestra intuición refleja un misterioso “libre albedrío”, hasta ahora el humanismo tenía mucho sentido en la práctica. Porque aunque no hubiera nada mágico en nuestros sentimientos, eran el mejor método conocido para tomar decisiones.

. . . Dados suficientes datos biométricos y potencia computacional, los sistemas de Big Data entenderán a los humanos mucho mejor de lo que nosotros mismos nos entendemos. Llegados a este punto, los humanos perderán su autoridad, y prácticas humanistas como las elecciones democráticas quedarán tan anticuadas como la danza de la lluvia o las hachas de sílex.

Yuval Noah Harari: «On big data, Google and the end of free will», en Financial Times ; London : The Financial Times Ltd., 2016-08-26 (extr. y trad. La Litera información)


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