Nunca se turbó ante la muerte. Trabajó hasta unas horas antes, interesado en aportar silenciosamente nuevas observaciones a la vida desde su ángulo experto y clarividente. Para estos hombres, lo mismo que para el sencillo montañés de Larrés o de Ayerbe, la muerte no ha existido nunca como amenaza y mucho menos como truco lírico. Un segundo antes es la vida. Un segundo después, la nada.

Ramón J. Sender: «Después: Ramón y Cajal, montañés del Alto Aragón» (La Libertad, Madrid, 1934-04-19) extr. La Litera información


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