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Texto: Antonio Tobeña

Imagen: Jaume Garcia Castro (Archivo)

 

Desde siempre, el lunes de Pascua ha llevado a los binefarenses/as, residentes o emigrados, a la Sierra de San Quilez. Andando o montados. Da igual. Solos, dos o tres,agrupados, aparejados, en procesión. Da igual. Con los amigos, en familia, en carroza. Da igual. Con comida, sin comida, con alpargatas, con otro calcero. Da igual. Lunes de Pascua todos a la Sierra de San Quílez, todos a la romería. Jolgorio, juegos, jotas, visita al Santo, baile, almuerzo, bota-vino, jamón al madero ensebau. ¿Costumbre? ¿Devoción? ¿Tradición? De todo un poco. Da igual. Una tradición popular transmitida de generación en generación. Un sentimiento limpio y libre por encima de cualquier instinto de manipulación,que nunca se ha atrevido ni siquiera a existir. Algo del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

Últimamente, desde hace unos años, ha ido disminuyendo considerablemente la asistencia a la Romería de una parte de la sociedad binefarense. Los jóvenes se han inclinado a la celebración de una velada musical de la noche anterior a la mañana siguiente. Una fiesta interpeñas en el recinto ferial con cena incluida. Con conjuntos musicales y con algarabía y fraternidad, tan respetables como dignas. La consecuencia es que a la hora habitual de subir a la Sierra, pesan más las ganas de irse a dormir que de sumarse a la tradición popular. Los menos suben con el autocar y a por el almuerzo, ambas cosas de organización municipal, y vuelven a bajar al poco, a cumplir con el sano ejercicio de dormir que les pide el cuerpo.

Cierto que los tiempos y las costumbres han cambiado, que ya no se puede hacer fuego en el monte incontroladamente y que ya existen cantidad de casetas de campo donde poder comer mejor, lo cual, cómo mínimo es al mediodía. Pero antes hay una mañana completa para sentir y practicar la tradición y entregarse a la diversión y la convivencia de toda la vida y con todo el pueblo. Había un comentario que sostenía que la mañana de San Quílez, sólo quedaban en el pueblo los recién nacidos y los enfermos, y no todos. Ahora hay que añadir a la mayoría de los jóvenes, que están durmiendo.

Es un tema y un movimiento social merecedor de una consideración y un estudio. Quizá la fiesta interpeñas sería la misma hecha la noche del sábado de Pascua y la madrugada del domingo. Y después estudiar el cambio natural de los tiempos y las costumbres y adaptarlas al gusto de la mayoría. Todo en aras de mantener una tradición, me atrevo a decir, de toda la vida. Y una tradición popular, son palabras mayores. Ojala aquí nazca un propósito de consideración y dialogo, dicho todo con la mejor de las intenciones y dirigido a… quien corresponda.

 


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