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Si uno pasea tranquilamente por las calles de Binéfar, seguro que ha pasado más de una vez por delante de la Bodega Isábal (www.bodegaisabal.com). Incluso es muy probable que haya comprado el vino a granel o alguna de las excelentes botellas de la región que tienen a la venta o quizas ha aprovechado para llevarse a casa alguna de las riquísimas alternativas gourmet que se pueden encontrar en el establecimiento. Los que entran lo hacen movidos por sus productos, aunque últimamente se detecta un aumento de la entrada de clientes debido a una pequeña exposición que hay justo a la entrada. Se trata de una colección de botellas de gaseosa y de sifón. Para saber algo más de esta curiosa colección decidimos ir directos a la fuente original de la noticia.

 

La Litera Información: El hecho de que tu familia se dedicara a la fabricación y embotellado de gaseosas fue el pistoletazo de salida para esta colección?

Silvia Isábal: Venir de una familia de fabricantes de gaseosas marca. Estas empresas eran familiares y en estas familias todo el mundo tenía algo que hacer, todo el mundo se sentía parte de la empresa. Los críos, cuando salíamos del colegio, teníamos nuestra faena, los abuelos tenían su faena, las mujeres trabajaban igual que los hombres… No era el trabajo de nuestros padres, sino que era lo que vivíamos todos, todos formábamos parte de la fabricación de gaseosas, de la fabricación de sifones, de la fabricación de hielo, los primeros refrescos… Entonces es algo que te marca, yo creo que a todos, hasta el punto que llama la atención que todos los grandes coleccionistas de sifones que hay en España, yo creo que todos, somos descendientes de fabricantes de sifones, así que no soy una excepción. Esto es algo que me llama la atención y me la ha llamado toda la vida.

LLI: En ese sentido supongo que fuiste una niña afortunada. En las películas de aquella época podemos ver a los niños ahorrar para comprarse un refresco y tú los fabricabas en casa.

SI: (Sonríe) Sí, yo los tenía en casa. Nosotros nos hemos criado bebiendo gaseosas y coca-colas, y además los probábamos todos. Novedad que salía al mercado… ¡A probar! Una cosa que recuerdo especialmente es que, cuando era verano o hacía mucho calor, al salir del colegio, como fabricábamos hielo, cortaba un trocito de hielo y me lo metía en la boca. No era un helado, pero casi.

LLI: Hoy en día sigues bebiendo bebidas carbonatadas…

SI: Sí, si… Naranjadas, limonadas…

LLI: ¿Cuál es la que más te gusta? ¿Eres fan de alguna bebida en particular?

SI: Una buena limonada. Me sigue llamando mucho la atención. Las sigo probando, buscando, bebiendo…

LLT: ¿Destacarías alguna en particular?

SI: Bueno, ahora con la moda de los gin-tonic, de los combinados, de la cocktelería, están apareciendo muchos refrescos Premium. Por ejemplo Fever Tree acaba de sacar una limonada que está realmente rica…

LLT: ¡Ah! ¡Pues ya la probaré! Yo soy muy aficionado a la Fanta Shokata, que en España no se comercializa.

SI: Sí, mi sobrina me ha hablado de ella, la probó en un viaje. Es que en España somos muy conservadores con el tema de los sabores. Ahora sólo tenemos naranja, limón, cola, tónica y poca cosa más. Al principio no era así. Aquí La Catarata, por ejemplo, hizo un refresco de menta. Y lo normal eran refrescos de granadina, de grosella…, de hecho en Alcampell había un farmacéutico que hacía jarabes y los hacía de muchos sabores: plátano, mora,piña… Bueno, el la llamaba piña de América para distinguirlo de la piña piñonera… Había un montón de sabores de este hombre.

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LLI: Un día decidiste empezar a guardar botellas de sifón. ¿Dónde las guardabas?

SI: Aquí en el campo todo el mundo tiene un almacén o un sitio o una casa donde puedes ir guardando. Al principio sólo guardaba aquellas que me llamaban la atención por algún motivo, por un dibujo, un color, una forma…

LLT: ¿Recuerdas el día que guardaste la primera botella?

SI: No. Aquí siempre ha habido botellas. Recuerdo cuándo empecé a comprar, porque las que hacíamos nosotros o los otros fabricantes de la zona son muy parecidas entre sí, pero recuerdo cuando empecé a descubrir botellas del siglo XIX porque son más espectaculares, son más bonitas. Es entonces cuando decidí buscar piezas diferentes en lugar de guardar sólo los ejemplares de las que hay de la zona. Decidí ser una coleccionista de pocas piezas pero significativas en lugar de tener 4 ó 5000 piezas, que también hay de ese tipo de coleccionistas, pero eso requiere mucho espacio y pienso que no lo disfrutas si no los ves todos los días. Prefiero tener botellas y objetos, si no únicos, al menos sí que sean singulares.

LLI: Supongo que internet os ha ayudado mucho a los coleccionistas.

SI: Claro, eso es indudable, nos ha ayudado mucho, sobretodo porque es un coleccionismo que, sin ser mayoritario, sí que tiene un público fiel. Para los coleccionistas así como nosotros, de colecciones más bien minoritarias y con un grupo limitado de coleccionistas, internet ha sido la panacea, eso está claro. Pero bueno, comparado con otro tipo de colecciones, coleccionistas de sifones hay muchos.

LLI: ¿Y cómo funcionáis? ¿Con intercambios? ¿Comprando y vendiendo?

SI: Si me moviera un poco más, existe todo un mercado de antigüedades en el que siempre aparecen sifones y botellas, pero yo particularmente me muevo en páginas de subastas. A veces hago algún intercambio también, a veces veo algo que ya tengo pero lo cojo porque se lo ofrezco a alguien que sé que le va a gustar…

LLI: ¿Cuál es la pieza más cara de tu colección?

SI: El sifón de Fèvre. Todo el mundo en el coleccionismo le llama El Fèvre. Fue el primero que comercializó polvos para hacer en casa agua de Seltz. Estos polvos eran el ácido tartárico y el bicarbonato sódico, los comercializaba en bolsitas por separado que se vendían en farmacias y la gente se hacía el agua de Seltz con esto. A partir de ese invento, él mismo empezó a comercializar aparatos para que se pudieran dispensar en las casas agua mezclada con esos polvos. Es muy bonito, son como dos esferas, más grande la de la base que la del cuello de la botella, son de 1836 o 1840.

LLI: ¿Cuánto puede llegar a costar un Fèvre?

SI: Aquí en España yo he llegado a verlos hasta a 400 euros, aunque lo normal es encontrar más en Francia donde están entre los 250 y los 300 euros, aproximadamente.

A la izquierda el Sifón Fèvre Foto 02

A la izquierda el sifón Fèvre de la colección de Sílvia Isábal

LLI: ¿Cuántas piezas tiene tu colección?

SI: Así valiosas, que no se pueden encontrar fácilmente en España tengo diez. Es una colección pequeñita la mía. Contando las españolas debo tener unas 60 botellas.

LLI: ¿De fabricantes de La Litera te falta alguno?

SI: Sí, me falta el de Camporrells. Me lo tiene prometido el dueño pero no encuentra el momento de venir a dármelo, y me falta también una gaseosa de Altorricón, del Barberet, que también la tendré pronto porque también la tengo prometida.

LLI: Pero ¿el Barberet no era un señor que cortaba el pelo?

SI: Sí, sí, es el mismo. Cortaba el pelo y hacía gaseosas. Luego al pobre hombre, según me contaba su hija, se le acumulaba el trabajo en verano porque para las fiestas de Altorricón las señoras querían irse a peinar y tenía que fabricar refrescos y gaseosas. Constantino Latorre se llamaba este señor.

LLI: ¿Cómo se te ocurrió habilitar una estantería de la bodega para poner algunas de las piezas de tu colección?

SI: No es la primera vez que lo hago porque he podido constatar que siempre llama mucho la atención de las personas que pasan por delante de la tienda. A la gente les despierta ideas muy nostálgicas, de tiempos pasados. Además esta vez ha coincidido con la presentación de Littera 3, la Revista de Estudios Literanos, en la que escribo precisamente sobre la historia de los sifones y gaseosas elaborados en la comarca.

LLI: No ha de ser fácil encontrar datos sobre las diferentes empresas que se dedicaron a hacer gaseosa en la comarca.

SI: Para nada, es una cosa que no está nada documentada, y en España menos todavía, vamos, ya puedes mirar libros, revistas, páginas de internet… Es imposible llegar a establecer cuándo se inició la fabricación de este tipo de bebidas en España. Ya puedes buscar en hemerotecas, bibliotecas… nada. Luego te encuentras con que hay entrevistas a coleccionistas y que cada uno de ellos da su visión y te encuentras con que ninguna de ellas coincide y puedes leer bastantes barbaridades sobre el tema. Por ejemplo puedes leer en el artículo que hay en la Wikipedia sobre La Casera que parece que prácticamente pasaron del tapón de corcho al tapón de porcelana, que tal y como lo explican parece que haya sido un invento de La Casera, y se olvidan de la gaseosa de pito, el tapón de chapa, la corona… Realmente hay una información muy inexacta, vaga y fragmentada.

LLI: Hubo un tiempo en que en la dieta de un hogar español la gaseosa era a la bebida lo que la tortilla de patatas a la comida, dos elementos imprescindibles en cualquier mesa. Pero desde hace unos años esto está desapareciendo, sobre todo el sifón que parece que ha desaparecido por completo.

SI: El sifón está viviendo un revival en estos momentos. En todos los dominicales, suplementos, páginas de estilo o de tendencias se está reivindicando el vermut. Pero el vermut entendido como antes, es decir, una reunión de amigos, en el bar. Y el sifón va aparejado al vermut, por eso en este momento está saliendo mucho otra vez. No va a tener el éxito que tuvo antaño, porque no creo que vuelva a la mesa diaria, pero sí que tiene ese puntito de recuperación. En cuanto a la gaseosa hay intentos de que se recupere, por lo menos estacionalmente con eso del tinto de verano, pero la realidad es que han sido substituidos por el consumo de otros refrescos, pero principalmente por el consumo de agua. Los hábitos han cambiado y ahora estamos un poco más por comer sano, vivir sano y evitar el gas y los edulcorantes. Pero hay que tener en cuenta que la gaseosa ahora tiene cero calorías, no como antes que tenía dulce de verdad, y eso lo han hecho para intentar recuperar ese consumo que se perdió.

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LLI: Ahora las empresas de gaseosa son propiedad de multinacionales.

SI: En los años 50 había en España más de 5000 fabricantes de gaseosa, tocaba a uno por pueblo. Y en Binéfar había 3, así que imagínate. Pero la relación era muy buena, no hubo nunca una competencia sin cuartel, hasta el punto que se reunían una vez cada cierto tiempo para fijar los precios o para comprar conjuntamente algo de material.

LLI: ¿Cuál de ellas era la mejor?

SI: Pues no te sabría decir, porque las otras no las probé. Vamos, que en casa teníamos la nuestra y no nos hacía falta ir a comprar a nadie. Lo que sí que tengo muy claro es quién ganó la partida en el terreno de las ventas y esa fue La Catarata. Yo lo más raro que probé siendo niña fue la Pitusa.

Lástima que ya no se fabrique porque me acaban de entrar ganas de probar todas esas bebidas. Para mi desgracia, la gran mayoría de esas bebidas han desaparecido y no volverán jamás. Si alguno de ustedes siente la nostalgia de aquellas bebidas siempre puede darse una vuelta por la Bodega Isábal y admirar con calma las botellas de la colección.


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