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Texto: Jaume Garcia Castro

Imagen: Javier Rosa (www.javierrosa.es)

Retratos de Javier Rosa: François Olivier (www.abonnedistance.com)

 

Altorricón, 21 de junio de 2014.- La primera vez que le veo es a través del objetivo de mi cámara. Me avergüenza tener que decirlo, pero mi cámara es la del móvil, con lo que se pueden imaginar cómo me siento cuando le veo llegar con dos cámaras profesionales colgando del cuello. Es un tipo corpulento, es alto y ancho de espaldas, pero lo que más destaca de Javier Rosa cuando lo ves por primera vez es su larga y ensortijada melena negra, una cabellera que tiene vida propia. Corre, salta y se desliza entre el público cámara en mano, se mueve como un bailarín del Bolshói, con pies ligeros, buscando el punto exacto donde captar la imagen. Se mete hasta la cocina, interrelaciona con público y artistas, pero no molesta. Está allí, pero forma parte del espectáculo. Su labor es captar el momento. Y lo hace. Por eso es el mejor en su trabajo. Javier Rosa es fotógrafo de música y músicos y este verano se va a patear toda la geografía española a través de 21 festivales. Conciertos, escenario, público, fiesta, cerveza, rock & roll. Sus imágenes serán el recuerdo de lo que se ha vivido en esos festivales.

Nos lo encontramos hace unas semanas en Altorricón haciendo las fotos de Estoesloquehay 2014. Nos damos a conocer y le preguntamos si le podemos entrevistar y, muy amablemente, nos cita para al cabo de unos minutos en la terraza de un bar. Tiene que enviar las imágenes que acaba de tomar para que las diferentes redacciones de los diarios las puedan tener a tiempo. De hecho, las imágenes firmadas por él que ilustran este artículo son, precisamente, de este festival. Al cabo de un rato se presenta con el deber cumplido y ganas de conversación. La verdad es que, no sé si es amor a primera vista, nos sentimos muy cómodos hablando con él y él hablando con nosotros.

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Jaume Garcia: Tú vives tu trabajo a través del objetivo de la cámara, pero ¿cuál era tu objetivo en la vida?

Javier Rosa: Ser feliz. Y lo sigue siendo. ¿Sabes qué pasa? Que la fotografía no me hace feliz. ¡Qué curioso! Lo que me hace feliz son los momentos que conlleva el acto fotográfico, digamos el disparo, la gente que vas conociendo en los distintos sitios. La fotografía, para mí, es un mero trabajo. Punto. No tiene más. Y prefiero pensar de esta forma porque, en el momento en que me considere fotógrafo y esa propia fotografía lleve dentro asociado el pasarlo bien, el divertirse, el mostrar tu trabajo… No sé cómo explicártelo… Creo que me dedicaré a otra cosa. Para mí la fotografía es firmar un contrato y hacer un muy buen trabajo, dejar buena huella, y luego que me dejen divertirme con mi núcleo, con mis allegados. Eso sí es, para mí, realmente, mi trabajo.

La fotografía es como cualquier otra cosa. Yo empecé a hacer fotografía… [Pausa reflexiva.] Yo vengo de la prensa. Empecé en un medio local, hace muchos años, en 1996 concretamente. Pillé una cornada de El Cordobés hijo, y me dijeron que era muy mala, que estaba muy mal tomada porque el toro tenía la cabeza muy levantada para arriba. Yo dije: “¡Qué hostias me estás contando! Estoy haciendo documentalismo, no estoy haciendo otra cosa. No busquemos el aspecto purista de la fotografía, si el toro le ha cogido y tiene las dos patas delanteras levantadas en el momento, es decir, está El Cordobés a dos metros o dos metros y medio de altura saltando por los aires después de la cornada, no busquemos purismo en esto, busquemos documentar el momento”. Y me di cuenta que en todas las disciplinas fotográficas había mucho purista y eso no me gustaba un pelo. Por suerte o por desgracia, en esta profesión, yo creo que por suerte, en la de fotógrafo de conciertos, hay mucho purista, pero lo bueno es obviarlos, es pasar de todo y entonces hoy firmo mi contrato, trabajo, intento hacerlo lo mejor posible, y el poco rato que me queda, que me queda poco, aunque la gente no lo crea, porque suelo ser el último en acostarme aunque la gente no lo vea y no suelo tomar ni una sola cerveza, no suelo beber mientras trabajo, lo que es una auténtica desgracia para mí [Risas.], con lo cual, cuando el resto de tus colegas ya han terminado y están esperándote para que sueltes la cámara, cierres el ordenador y digas “ahora vamos a tomar una copa” están ya todos más “mamaos”… Y tú los estás mirando y piensas: “¡Qué hijos de puta!” [Más risas.] Con lo que te tienes que mamar rápido tú también para pillarles un poquito el ritmo…

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Eso es lo que realmente me gusta de este trabajo. Porque estás con ellos, con tus amigos, tus amigos suelen ser las bandas… Ahí sí que ya te metes en el backstage, estás con ellos, te diviertes un poco más… Pero, realmente, a la hora de hacer el trabajo, tampoco no te creas que es tan fascinante. Al menos, no lo veo tan fascinante. Voy, lo hago y punto. Eso sí, intento hacerlo lo mejor posible.

Jaume: En definitiva, lo que estabas buscando era una buena excusa para ser un nómada…

Javier: ¡Pues sí! Llevo siendo un nómada desde que me fui de mi ciudad, de Jaén, a los 21 años. Empecé a estudiar fotografía en una escuela de arte. Eso sí que me gustaba, lo he dicho en alguna otra entrevista, también. Mi padre tenía una cámara de fotos, no recuerdo ni qué marca era, una alemana. Típica cámara que todos los padres tienen en un cajón, que parece como que es algo que forma parte de la herencia familiar…

Jaume: Es intocable esa cámara…

Javier: ¡Intocable totalmente! De hecho, mi madre… Yo la cogía para mirar por el visor de la cámara, por aquel visor de cristal… Y disparaba, sin carrete, la rebobinaba así, a mano, y disparaba otra vez, y mi madre agarraba unas broncas… “¡La cámara no se toca!” Pues esa cámara, en una mudanza que hicimos, se perdió. El valor de esa cámara era nulo, cero, pero a mí me gustaba mucho.

Entonces, entré en la escuela de arte y estuve dos años machacándome a blanco y negro y a teoría de la fotografía y, cuando realmente empezaban a divertirse el resto de mis compañeros, yo decidí que me largaba. Me fui a Madrid a trabajar en lo que me gustaba: manifestaciones. A mí me gustaba meterme en las manifas. A mí siempre me ha gustado meter mucho la cámara, lo habréis visto hoy, no soy un espectador pasivo, y muchas veces entiendo que la gente está viendo un espectáculo y hay veces que te están viendo más a ti que al propio espectáculo, pero luego también quieren ver esas fotografías y quieren verlas en primera persona. Y tan en primera persona como para decir “¡Hostia! Es que esto es lo que yo estaba viendo ¡Incluso más cerca!”. Eso a mí me reconforta, saber que a la gente le pueda gustar, pero siempre me ha gustado mucho la manifa. La manifa… [Javier Rosa tiende a repetir algún concepto dos veces. La segunda vez siempre con un tono que me encanta. Decido dejarlo así en la transcripción.]

Y luego fui paparazzi. Estuve seis años haciendo prensa del corazón. Algo queda de eso. Mucho queda de eso. Robar las imágenes… Seis años… en fin, mucho coger aviones, mucho viajar a Cuba. Hoy estaba en Cuba, mañana estaba en Fuerteventura y al día siguiente estaba en Madrid, donde te pasabas diez días subido a la copa de un árbol esperando a que un tipo saliese de su casa… bueno, era un disparate. Pero la música siempre me ha gustado mucho, entonces…

Hacía una cosa en Madrid cuando llegué, paralelamente a la Agencia EFE y a Europa Press, para los que trabajaba haciendo manifestaciones. Me gustaba mucho la música y había un club que se llamaba Popular, sigue siendo el Café Popular de Madrid, uno de los grandes clubs… Y hay programación diaria. Hay programación de tres días seguidos. Por ejemplo, un grupo tocaba el lunes, el martes y el miércoles. Pues yo me iba el lunes, hacía la banda (estamos hablando de carrete, ojo), ellos te veían que hacías fotos, y me iba con mi blanco y negro, terminaba y me largaba. Al día siguiente tenían una segunda actuación y, claro, yo me iba a mi casa, me ponía mis discos de The Clash, de The Rolling Stones o de mis Pink Floyd o de lo que fuese, y me ponía a positivar, con una botella de whisky y me daban las nueve o las diez de la mañana. Sacaba mis copias de 30 x 40 ó 40 x 50 y al día siguiente me iba con una carpeta. Esperaba a que hicieran el primer pase, se tomaban ellos su copa, y te veían y te decían “oye, chico, ayer te vimos hacer unas fotos…” porque no era como ahora, con el Iphone, “mira qué fotos les he hecho”, no, aquello era con papel de 40 x 50. ¿Qué pasaba? Pues que me veía toda la peña, desde los que estaban tocando a cualquiera, y les enseñaba unas fotos de gran formato y, hostia, podían ser buenas o no, pero eran fotos grandes. Ellos lo veían y decían: “¡Esto es de ayer, tío! ¡Y las tienes hoy! ¿Es para algún medio?” y yo contestaba “no, las vendo”. Y las vendía a mil pesetas la copia. Y me volvía a casa con diez, catorce o quince mil pesetas que, ojo, en el año 94 no estaba mal, ¿eh?

Jaume: No, no. Era una pasta.

Javier: No estaba nada mal. Pues eso, empecé a hacer el circuito de Jazz y de Blues en Madrid y ahí me vino un poco la fotografía. Ahí vi que había dinero, que había pasta. Porque yo, lo reconozco, no soy buen fotógrafo en general. Sé mis limitaciones, las conozco perfectamente.

Jaume: Todo el mundo no opina lo mismo, afortunadamente.

Javier: Probablemente, en música pueda ser bueno, mi trabajo y mis años me ha costado, pero no me pongo a hacer moda porque soy nefasto, no me pongo a hacer retratos porque no tengo la psicología suficiente como para enfrentarme a un personaje y sacar lo mejor de él, no valgo para muchas disciplinas fotográficas. No valgo, no me gustan y tampoco las practico ni quiero practicarlas. Siempre les digo a mis alumnos, cuando imparto mis talleres de fotografía de conciertos: “Chicos, especializaros en algo. Que no sea en fotografías de conciertos, que luego me quitáis el curro” [Risas.] “Pero especializaros en algo”. Siempre les explico el cuento de los melocotones: Especializaros en algo, aunque sea en fotografiar melocotones porque, a fuerza de fotografiar melocotones, conservas de melocotones, latas de melocotones, cooperativas de melocotoneros… pues te vas haciendo un nombre. Y si alguien, alguna vez, tiene que fotografiar un campo de melocotoneros le van a decir: “conozco a un chico, Paco, que hace muy buenas fotos de melocotones” y os van a llamar a vosotros. Con la música, en concreto, “no fotografiéis indie o rock & roll, que es lo que yo hago, más que nada porque conozco como está mi terreno y en ese terreno somos cuatro en España y no hay más, pero especializaros en músicas emergentes, por ejemplo, y vais a hacer un negocio cojonudísimo. A base de ir a locales de música emergente a diario, fotografiar a bandas noveles que apenas sean conocidas, vais a tener un catálogo grandísimo, porque allí programan todos los días. No todos los días puedes fotografiar a los Love of Lesbian o a The Charlatans, pero sí a bandas noveles porque todos los días hay conciertos en muchos sitios. El día que uno de estos grupos pegue el salto, vas a ser su fotógrafo. Simplemente, con cabeza, pero no os metáis todos en el mismo terreno porque estamos jodiendo a la profesión”.

Entonces, a mí, lo que realmente me gustaba era eso, el mundo de la música, y empecé a ver que había dinero y empecé a educar, también, a los festivales. No es que hasta que yo llegué no existiera una educación previa en este terreno, pero sí es verdad que a los Festivales yo les obligué a firmar un contrato. Si no hay un contrato previo, acordando todo, alojamiento, desplazamiento, hotel, todo, y mi caché, no hago nada. A veces te dicen: “Es que es muy caro”. Vale, déjame que este año te lo haga por la mitad de precio este año, yo me comprometo a eso. Y los primeros años, es verdad que perdía mucha pasta, porque entre que vas con el coche, llegabas, volvías, la droga, la comida, el quesito que le has bajado a tu madre y demás, te fundías la pasta y volvías pelao. Pero, claro, el segundo año decían “es que es un bien para el festival, estoy vendiendo imagen” y es fundamental. Claro, yo les decía, “oye, que voy”, y me preguntaban “¿Vienes por la misma cantidad?” y yo contestaba “No, ahora firmo por la cantidad que os dije” y contestaban vale, pero te lo curras. Entonces vi que allí había pasta, y empecé a educar a los Festivales que todo debía ser con contrato, y que la cesión de las imágenes debía ser compartida, en fin… Eso sí me enorgullece verlo.

Estamos en una época en la que la fotografía se ha convertido en algo social, súper social. ¿Quién no tiene una cámara de fotos? ¿Quién no hace unas fotografías? Si no te hace falta tener talento, solo hace falta disparar y que las luces sean bonitas y… En esta profesión no hace falta tener mucho talento, si tienes un buen técnico de luces te puede salir un trabajo muy bonito. Si tienes un mal técnico de luces ahí tiene que salirte la vena de fotógrafo para que eso salga bonito, no todos lo hacen, pero como tengas un buen día, tengas una cámara medianamente decente y haya buenas luces, pues dices “¡qué fotón estás haciendo!”. Bueno, de ahí a que sean fotones hay una diferencia. Pero ese es el problema, que los festivales también están mal educados. Mal educados y están contratando… bueno, contratando… ¡No están contratando a nadie! Prefieren no contratarlos. Y yo sí, yo si voy es bajo contrato y todo muy firmado, pero creo que eso es un bien para el festival.

Jaume: Nosotros para el diario hacemos las fotos con el móvil.

Javier: Los medios locales es lo que tienen.

Jaume: ¿Os ha afectado mucho a los profesionales el hecho de que hoy se pueda hacer fotografías prácticamente con cualquier dispositivo electrónico?

Javier: Yo creo que tendrá cosas positivas y tiene cosas muy negativas. Las positivas ya las he dicho, se ha socializado mucho, se ha abierto mucho el campo de gente que antes no tenía acceso a una cámara de fotos y ahora, por 350 euros tienes un kit de cuerpo y un objetivo con el que puedes hacer fotografías, con unos sensores que son muy buenos y salen fotos. ¡Claro que salen fotos! Los medios se han aprovechado de eso, no ya los festivales, los propios medios. Yo tengo grandes compañeros en mi ciudad, en Jaén, que hoy están fuera después de veinte años trabajando para ellos. Hoy están fuera. Porque el redactor lleva una cámara de fotos. ¿Es culpa de la tecnología? Pues no. ¿Es culpa del fotógrafo? Pues no ¿Es culpa del medio? Pues tampoco creo que sea culpa del medio. Aquí las cosas están muy ajustadas a nivel económico y es verdad que tener a tres fotógrafos en plantilla es difícil, cuando puedes quedarte con uno y a los redactores les das una cámara, que se tienen que comprar ellos porque el periódico no las va a comprar. Hoy ya están pidiendo… he visto ofertas de trabajo de videoperiodista. A mí me parece ya soez. Videoperiodista, o sea, ¿todo en uno? Este lo que quiere es que le hagan mal el reportaje y mal el reportaje fotográfico. Mande a un periodista que haga bien su trabajo y mande a un fotógrafo que haga bien su trabajo, pero claro si lo pueden evitar…

Entonces, ¿la culpa de quién es? Pues no lo sé. Los tiempos, como decía Dylan, están cambiando. Pero bueno, el gremio, mi profesión en concreto, está ya muy denostada, está francamente mal, en horas bajas. Y el periodismo ya no te cuento. A mí se me acercan muchos padres y me dicen “Oye, Javier, que mi hija quiere estudiar fotografía o periodismo o algo de eso. ¿Tú que le dices?” Pues que se meta a puta, yo creo que ganará más dinero…

Jaume: Y más dignamente en muchas ocasiones…                                

Javier: Pues probablemente sí, bastante más dignamente. La verdad es que los corto muy rápido.

Jaume: ¿Es más digno vender el cuerpo que vender el alma?

Javier: Pues sí, porque vendiendo el cuerpo al menos no tienes que vender el cuerpo de cámara. Yo he tenido que vender muchas veces en mi vida el cuerpo de cámara y decidir que me tengo que quedar con uno, porque con dos no puedo y con los 1.200 o 1.500 que me den por mi cuerpo de cámara, pues para tirar un par de meses ya tengo. En algunos momentos de mi vida lo he tenido que hacer, claro. Y es jodido, pero es así. Por eso lucho mucho, mucho, para que quienes contraten lo hagan con todas las de la ley. Y por eso ataco mucho el intrusismo laboral. Soy miembro de una asociación fotográfica nacional y tenemos un bufete de abogados y disponemos de ellos, de sus servicios, y no me importa denunciar. Hay intrusismo mal avenido, hay intrusismo duro, de gente que no tiene formación, que son verdaderos intrusos, pero a parte de ser verdaderos intrusos se venden como auténticos profesionales y yo creo que eso hay que cortarlo de raíz y tenemos que ser nosotros mismos. En eso sí que soy muy activo y meto mucha caña. Entiendo que en todas las profesiones ha de haber buenos profesionales, porque si no estamos generando un trabajo de pésima calidad y al final es contraproducente para toda la profesión.

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Jaume: Antes decías que tu trabajo no te gusta, que lo que te gusta es el entorno…

Javier: ¡Sí, claro!

Jaume: Pero seguro que hay alguna fotografía o una serie de fotografías que estás orgulloso de haber tomado.

Javier: Pues mira… yo creo que fotografías de las que me pueda sentir verdaderamente orgulloso… Mira, yo creo que las fotografías de las que más orgulloso me siento no son de grupos, son de esos promotores musicales que te vienen por detrás luego y te dicen: “¡Gracias, tío! Gracias, porque hemos llenado con cuatro mil personas cuando el aforo era de quince, ha sonado como el puto culo, pero no sé cómo cojones lo has conseguido para meterte detrás del escenario y pillar a toda la banda y el público que parece que hay sesenta mil personas”. Eso también es un reto para mí. Hay muchas fotografías de conciertos donde se ven claros por todos los sitios. Por todos. Y eso está fatal. Eso es de no tener cabeza. Si te contratan, vende bien el festival. Si hay claros, no hagas la foto. No la hagas. Es preferible no tenerla. Si ves una galería de un trabajo reciente mío, no se ve el público. Son todo medios planos y primerísimos planos, porque si tiro de gran angular salen claros por todas partes y no es bueno para el festival. Hoy, si hay gente, aprovecharé, intentaré meterme entre ellos y que parezca que hay mil o mil quinientas personas. Eso es lo que puede hacer que tu trabajo sea diferente del  resto. De eso sí que me siento orgulloso.

De fotografías de bandas que te hayan salido bonitas o no… yo es que soy muy poco mitómano. No soy de acercarme a Frank Black [The Pixies] a pedirle un autógrafo o a Robert Smith [The Cure], no me va, mientras que el resto están allí, mira con quién estoy… no me va ese rollo, yo soy bastante más discreto. Luego me tomo una copa con ellos dentro, pero no me va demasiado exhibirme… Sí me gusta que me digan “oye, tronco, de puta madre, porque no sé cómo coño lo has hecho, pero parece que hay quince mil personas ahí metidas cuando sólo había mil”.

Jaume: Te entiendo perfectamente, porque llevo veinticinco años haciendo entrevistas a grandes artistas nacionales e internacionales y creo que sólo tengo un autógrafo…

Javier: [Risas.] ¡Yo no tengo ninguno, tío! Creo que no tengo ni uno. [Tras un par de confesiones mutuas, sigue la conversación.] El otro día estuve en Granada y estuve con un grupo de músicos, con Carlos Tarque de M-Clan, con Lapido también… Y luego la gente de Izal, que estaban también por ahí. Yo estaba haciendo una master class y las prácticas las hicimos con ellos. Mira, sin ir más lejos… [Me enseña una fotografía de esa master class que muestra una carpa abarrotada de gente. Imposible calcular el número de asistentes. La fotografía es espléndida.] Me refiero a esto. Aquí no hay ni mil personas. Y esa carpa tiene sesenta y muchos u ochenta metros de largo. La carpa tiene una capacidad de seis mil personas. Eso es lo que tienes que sacar, Jaume. Se trata precisamente de eso, de hacer este tipo de fotografías y que te digan “Oye, tío ¡Genial!”. Y que te den las gracias.

Jaume: Ahora te hago la pregunta a la inversa. ¿Hay alguna foto que te arrepientes de haber hecho por algún motivo?

Javier: ¿Que me haya arrepentido? Sí, cuando hacía prensa del corazón muchas. Yo pillé a un actor muy conocido [Nos dice el nombre pero nos pide que no lo publiquemos. Lo siento.] al cual admiro mucho, a mí me parece un tío que se ha mantenido muy al margen de toda esta prensa social y todo este rollo. Estaba yo en Madrid, venía precisamente de ver a Chic Corea con la que era entonces mi pareja, en el Auditorio Nacional. Venía del concierto y pasábamos por la Glorieta de Bilbao y allí hay un bar al que solía acudir mucho, se llama La Camocha. Y al pasar frente a La Camocha, miro a ver si había gente, echo un vistazo y me encontré con un director de cine vasco [También dice el nombre, pero forma parte del secreto profesional.] con su mujer y este actor con la suya. Creía que era la suya. El actor se casaba en veintitantos días, había visto la noticia, pero la mujer era muy rubia, muy rubia, muy rubia y esa no era nada rubia. Miré y pensé “dos parejas, y él con el brazo por encima… ¡Mmmmm!”. Recuerdo que mi pareja me decía “No, tío, hoy no trabajas” y le contesté “yo esto no lo puedo dejar”. Llamé a mi socio Israel, que entonces vivía en Getafe, y se plantó allí en ocho minutos. Además lo oí perfectamente cuando llegaba con el coche ¡¡¡grrooooaaaarrrrr!!! Y salió del coche “¿Dónde están?”. Me trajo dos cuerpos de cámara con dos 400mm que teníamos [Se refiere a los objetivos.] y le dije “Ahí dentro”. A la salida, se despidieron los cuatro y ellos se dieron un beso en un paso de cebra. Allí lo enchufamos y le jodimos el matrimonio… Me arrepiento mucho pero… Me dolió mucho. De hecho lo sigo diciendo y me sigue doliendo pero… Me dolía, de todas formas, fotografiar a Lolita, igual que a quien fuese, no es una cosa que me gustase demasiado, pero en aquella época ganaba mucho dinero y, bueno, me entretenía, la profesión me divertía. Hasta que ya decidí que se acabó, ya corté de raíz. Había un momento en que, ya te he dicho, un día estaba en Cuba, volvía y con lo puesto te tenías que pirar a Barcelona corriendo. Y no tenías ni noches, ni amigos, ni pareja. Me quedé sin pareja, por supuesto. De eso sí me arrepiento.

Y en lo musical… No. Porque intento no arrepentirme de lo que haga. Pillo algunas cosas, quizás me queda mucho ese legado del fotoperiodismo, de haber sido paparazzi, pillar algo entre el público… es que a veces les pillo en situaciones algo obscenas. Luego te escriben y te dicen: “Tronco, ¿podrías borrar esa puta foto en la que me estoy metiendo una raya así de larga?” y yo ni me había dado cuenta [Risas.], miro al fondo y digo “¡Hostia, es verdad!”, y la tienes que quitar… Pero bueno… En lo musical no me arrepiento.

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Jaume: Y cuando vas a un festival no tienes la sensación de ser como el protagonista de la película Casi Famosos, ese periodista que no es ni periodista ni amigo, sino todo lo contrario?

Javier: En esta profesión, de todos modos, compañeros buenos no hay, ¿eh? No hay. Yo sí me enorgullezco de tener muchos y muy buenos, pero no los hay. Quizás yo me los trabajo, también. Yo sí que soy una persona que, si no puedo hacer un concierto o un festival, mando a un compañero, a riesgo de que al año siguiente lo contraten a él y no a mí. Ojo, ¿eh? que pasa. Pero entiendo que todo el mundo es bueno y que al final te la devuelven en algún momento de tu vida y creo que debe ser así, pero es verdad que en esta profesión hay mucho narcisismo, mucho egoísmo…

Jaume: ¿Qué te consideras más, un obrero o un artista?

Javier: Un obrero, no un artista. A mí la palabra artista… creo que me viene muy grande, muy grande. De hecho, cada vez que oigo la puta palabra artista digo “no te la mereces”. Es muy típico de las copleras, ¿no?, de David DeMaría y toda esta gente… Rosario diciendo “nosotros los artistas”… ¡Oiga! Usted, precisamente, una artista no es. No considero que sea una artista. Considero que Edith Piaf era una auténtica artista, pero es que tenía otra forma de pensar, no creo que Rosario sea una artista, lo dudo mucho. La palabra artista suele quedarle muy grande a la mayoría de la gente que la menciona. Soy un obrero. De hecho, me contratan, voy, hago mi trabajo y punto. Y me convierto en un artista cuando suelto la cámara. [Carcajadas.] Ahí sí que me convierto en un artista auténtico. Como siempre digo, lo mejor del día es cuando terminas, suelto la cámara y agarro la cerveza. Más que artista, flamenco. Un poquito flamenco sí que soy. [Risas.]

Jaume: Quizás el auténtico arte no sea hacer las fotografías, sino el poder vivir de ellas.

Javier: ¡Hoy sí! Y en mi terreno más todavía. Claro que sí, tío, claro… Totalmente de acuerdo.

 


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