(Continuación de la entrevista que empezaba con esta primera parte).

Dejamos la conversación con Antón Castro en un momento en el que el entrevistado bebía agua para proseguir con un punto que le interesaba especialmente. Hablaba de los logros que, a nivel cultural, se han conseguido desde la transición hasta nuestras fechas y de como se van perdiendo, poco a poco, muchos de los logros conseguidos durante estos años, pero que con esos pequeños logros se ha creado un imaginario colectivo imposible de borrar de la noche a la mañana. Frente a la tesis del entrevistador de que la cultura en España está convirtiéndose en una cultura muy vertical, Castro apuesta por defender que se ha conseguido una enorme transversalidad en los conocimientos culturales. Y es en este punto en el que retomamos la conversación.

Antón Castro: Cuando nos ponemos a simplificar hay quien dice que el estado de las autonomías ha sido ruinoso para España. Vale, puede ser. Económicamente puede ser. Pero lo que ha significado en torno a recuperación de la memoria, en torno a sedimentación cultural, que luego haya habido otros problemas es normal pero ¿tú sabes lo que se ha hecho en España en investigación, en rastreo de libros, en publicación de autores, en rescate de profesores, en rescate de artistas…? Es que el mundo no se puede reducir solo a Rembrandt. O como el otro día, que vimos que con esa exposición de Dalí se llenaba todo. Pero es que el mundo no es solo eso. El mundo es muchas otras cosas. El mundo, seguramente, no es Dalí. Dalí es muy importante, pero es solo un apéndice. Lo realmente importante es la gran cantidad de artistas, la cantidad de creadores que, sin hablar con él, dialogaron con Dalí. Eso es como si en Aragón dices que lo único importante es Goya y Pradilla. En Aragón tenemos a Goya y a Pradilla, que son los estandartes, pero en Aragón también nos importa Berdejo, nos importa Ramón Acín, Félix Lafuente, Félix Gazo, León Abadías, etc., etc... ¡Es que eso es lo bueno! Decir que tenemos uno y con ese uno ya nos vale… ¡no, hombre, no! Lo bueno es que haya muchos y que sean campos de sensibilidad fundamental para formarnos, para entender el mundo de una manera más compleja. El mundo es el arte de la complejidad y a su vez es el arte de la sencillez. Está muy bien que exista Picasso, maravilloso, pero Picasso no puede ser tan genial como para acabar con todos los demás, Picasso tiene que ser genial en diálogo con los demás. El gran magisterio de Picasso es que, al alumbrar él, ilumina a todos los que han estado a su lado: a Manolo Huguet, a Ramón Casas, a Isidre Nonell, a Pablo Gargallo… Esa, para mí, es la clave de las cosas. Creo que una de las cosas fundamentales, tanto en la cultura, como en el periodismo, como en todos los ámbitos, es combatir los tópicos.

Jaume Garcia: Has ganado un Premio Nacional de Periodismo Cultural haciendo cultura no sólo desde la prensa de papel, como el Heraldo de Aragón, sino también desde las nuevas tecnologías, desde un blog personal. Eso debe ser complicado de conseguir…

Antón: Bueno, básicamente es un golpe de suerte. Evidentemente estaba ahí, llevo veinticinco años trabajando en esto, he hecho muchísimas cosas. Creo que una de las cosas que más me ha caracterizado es el interés por los otros, por divulgar su obra, por estar pendiente de todo el mundo. Como te puedes imaginar para mí es maravilloso, pero no por mí, sino que es maravilloso para mí y para mucha gente, porque [el premio] lo que ha hecho es fijar el foco sobre muchos que estamos trabajando desde la periferia, como ahora lo estás haciendo tú también, y eso es muy estimulante. Me gusta que me hayan dado el premio, no solo por mi propia vanidad, aunque yo me siento muy feliz, como te puedes imaginar, pero me siento muy feliz porque creo que mi trabajo es un trabajo compartido con mucha gente y, de alguna manera, poniéndome a mí como cola de león o cabeza de ratón, como prefieras, están reconociendo a muchísima gente. Por supuesto estoy muy agradecido. Te voy a decir una cosa: yo ni siquiera sabía que era candidato ni sé quién me ha propuesto. ¡No tengo ni idea! Tampoco he querido curiosear porque me da pudor, a la gente que conozco que estaba en el jurado les he mandado un correo, sabía también que había una persona en ese jurado que no me ha votado, pero por supuesto, no pasa nada, faltaría más.

Jaume: Creo que este premio también le ha dado visibilidad y prestigio a esta nueva forma de periodismo y esta nueva forma de extender la cultura que es aparentemente invisible que son las redes sociales e internet…

Antón: ¡Hombre, es muy visible!

Jaume: Sí, es muy visible para los que la utilizamos, pero para el público en general no lo es tanto.

Antón: A mí me abrió mi blog en el año 2004, en Albarracín, Mariano Gistaín, que es uno de los pioneros del mundo tecnológico en Aragón, y tu entras en mi blog desde mayo del 2004 hasta ahora, es decir, casi diez años, y la verdad es que allí hay de todo. Y eso que últimamente lo he alimentado menos porque he sucumbido a la fascinación de Facebook. Creo que mi blog, dicho sea con la modestia debida, no es el mejor de España, porque el mejor en esto de la cultura no existe, pero ha sido un blog que ha contagiado curiosidad por las cosas. Yo he querido compartir mucho cariño y es lo que ha acabado pasando.

Jaume: Para acabar, todos estamos fascinados con las cosas que publicas, tanto en el diario como en tu blog, pero ¿qué es lo que te fascina a ti?

Antón: A mí casi todo. Por ejemplo, este aparato que tienes [se refiere a la grabadora con la que registramos esta entrevista] que ya me han puesto alguna vez y que me encantaría tener uno como este porque me gusta muchísimo grabar las entrevistas. He hecho muchas entrevistas grabadas. Últimamente ya no las hago grabadas, porque de repente, cuando las hago grabadas me doy cuenta que soy demasiado esclavo de la literalidad cuando las quiero transcribir en forma de artículo y entonces las construyo menos y el personaje queda como acartonado, mucho peor que si yo lo reinterpreto. Pero a mí me gusta casi todo. Bueno, las matemáticas no me interesan demasiado, aunque no era malo en matemáticas. En general la vida me gusta. Me gusta la vida, me gustan los seres humanos, me gustan las cosas que pasan, me gustan las ciudades, me gustan mucho las señoras, me gusta el atletismo, me gusta mucho el tenis… Es que la vida me parece tan maravillosa, con sus imperfecciones, con sus contradicciones, me parece tan rica… En el fondo es lo que tenemos. Yo no creo en el Más Allá, para mí el Más Allá está aquí. No soy el hombre más alegre del mundo, pero soy alegre, soy vitalista…
Soy un hombre muerto de miedo, pero no lo parece. El hecho de que cada cosa que hago tenga que acabar en una especie de Tour de Force conmigo mismo, con mi timidez, con mis miedos, me da un punto de… no sé si de desparpajo. A mí en realidad, lo que me encanta es este atardecer [señala por la cristalera al exterior], que es una tontada y parezco un moñas, pero me encanta. Me encanta ir en coche y bailar como he venido bailando hoy las canciones de unas chicas, Penélope cantada por nosequién o Verónica de Calamaro cantada por Amaral. Me gusta. La gente piensa que estoy loco, pero no estoy loco. Soy feliz, nada más.

Antón Castro no ha puesto el punto y final, lo ha puesto la presencia de unos colegas de profesión que también quieren entrevistarlo. Tengo la impresión de que podría haber seguido hablando durante horas sobre cultura en general y sobre su visión de la cultura en España en particular. Para Castro el periodismo y la divulgación no son solo un trabajo, sino una pasión, y él es un ser apasionado, sin dudas. Dejamos atrás el hotel donde se alojará esta noche con la sensación de haber aprovechado poco esta conversación. O quizás es que necesitamos más. Es una incógnita que solo podremos desvelar la próxima vez que la vida nos permita conversar con Antón Castro. Hasta entonces seguiremos leyendo sus escritos.


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