opinión

La pobreza . . . se convierte en un problema de los pobres, que no emprenden, no aprovechan sus oportunidades y no se conducen como deben. Esta concepción del individuo justifica que las políticas sociales dejen de tener como objetivo la protección y tomen como objetivo central disciplinar a esos individuos que no han gestionado adecuadamente su vida. De este modo se produce una progresiva unión entre política social y política penal, entre pobreza y delito.

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La actual debilidad política de los progresistas tiene mucho que ver con su rendición intelectual, cultural y moral de las últimas tres décadas; con su aceptación, más o menos entusiasta, más o menos resignada, de los marcos y postulados de la contrarrevolución conservadora de Reagan y Thatcher. Por ejemplo, la izquierda parece haber olvidado que no toda propiedad es sagrada, algo que ya señalaba Robespierre durante la Revolución Francesa citando el caso de los dueños de esclavos. O que la ley es un producto humano, no divino, y puede ser interpretada por los jueces y hasta reformada o abolida por los políticos.

Hubo un tiempo en que la izquierda también se hacía una pregunta vieja como la misma humanidad: ¿es legítimo robar en caso de extrema necesidad? Es obvio que no estoy hablando de robar al trabajador, al pensionista, al pequeño comerciante. Estoy hablando de aligerar el peso de las carteras de los ricos, de las grandes fortunas personales y las grandes empresas multinacionales. Escribo esto y de inmediato me pregunto si no caerá sobre mí el peso de la Ley Mordaza tan solo por hacerlo. Vivimos un tiempo en que la expresión de determinados pensamientos puede llevarte al calabozo. Con mucha probabilidad, la fiscalía abriría hoy una investigación para identificar y castigar al autor de ese refrán que pregona que aquel que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

Javier Valenzuela: «El buen ladrón», en tintaLibre n. 61 ; Madrid : Ediciones Prensa Libre, setiembre 2018 (extr. La Litera información)

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Todo empezó con [un] tuit de Chrystia Freeland . . . ministra canadiense de Exteriores, pidiendo la libertad de Samar Badawi . . .

La furia saudí por la no excesivamente agresiva reclamación de Freeland es coherente con la forma intimidatoria y belicista con la que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán se maneja en los asuntos de política interior y exterior. MbS entiende todos los conflictos potenciales como un desafío personal en el que las amenazas y las represalias son la respuesta por defecto.

En este caso, decretó la expulsión en 24 horas del embajador de Canadá, y dio la orden de que el banco central saudí y los fondos públicos de pensiones vendan todos sus activos existentes en Canadá “sin importar el coste económico”. Además, anuló las becas a los 12.000 jóvenes saudíes que estudian en ese país, lo que les obliga a buscar otro para continuar sus estudios, y ordenó sacar de allí a los saudíes que son atendidos en hospitales canadienses.

Riad considera el tuit de Freeland un ataque a “su soberanía”, lo que es llamativo viniendo de un país que lleva tres años bombardeando Yemen, que financió a varios grupos insurgentes en la guerra siria, que mantuvo secuestrado durante varios días al primer ministro libanés para obligarle a expulsar a Hizbolá del Gobierno, y que ha aportado miles de millones de dólares al presidente egipcio Sisi para recompensarle por el golpe que acabó con el Gobierno de los Hermanos Musulmanes.

Bin Salmán tiene un singular concepto de la soberanía de los países árabes –le permite todo tipo de intervenciones políticas, económicas y militares–, pero no tolera que un tuit de una ministra cuestione la detención injusta de una activista. Y es muy posible que el hecho de que Freeland sea una mujer haya tenido alguna influencia.

. . . Las represalias contra Canadá –un socio económico menor para el país– son también un mensaje a los gobiernos europeos para que no se les ocurra ir por el mismo camino. Hacer negocios con Riad obliga a mantener el silencio sobre las violaciones de los derechos humanos. Es algo que deben tener muy presente también los gobiernos que tienen entre sus principios la defensa de los derechos de las mujeres.

Iñigo Sáenz de Ugarte: «Las represalias saudíes contra Canadá son también un mensaje para Europa», en GuerraEterna.com, 8 agosto 2018 (extr. La Litera información)

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Venta de parcelas en el polígono

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