El comercio en Tamarite de Litera, reflexiones a futuro

La cuestión de los problemas del sector comercial no nos viene de nuevo, muchos estaban siendo los esfuerzos, antes de la crisis de la Covid-19, para que los comercios tradicionales mantengan su actividad, pero esta situación excepcional nos aborda nuevos desafíos.

Cuando hablamos del triple daño al comercio rural no nos referimos solamente a la tan conocida digitalización, sino también al monstruo de la despoblación, la España vaciada, y a la crisis consecuencia de la COVID-19.

Esta nueva emergencia sanitaria está dañando fuertemente al sector comercial, amenazado de por sí o en estado de reconversión. Pero fijémonos en los comercios rurales, estas microempresas no solo aportan bienes y servicios a los ciudadanos-compradores, sino que también aportan vida en nuestras calles: limpieza y seguridad a las calles, ecología asociada a los portes, atención e información a los ciudadanos y toda una red social de eso que venimos a llamar “vida de barrio” o, en nuestro caso, “vida de pueblo”.

No se puede tratar del mismo modo al centro comercial de una ciudad que al pequeño comercio de los pueblos y zonas rurales. La función que estos realizan en el entorno social es tan importante como la de otros servicios esenciales como el centro de salud, los bancos, las oficinas de correos, … Porque suponen un servicio de atención al ciudadano, no una mera transacción de bienes o servicios, un lugar donde asesorarse, donde sentirse atendido, una forma de vida social y de contacto con los vecinos, muchas veces población envejecida y con dificultades asociadas.

Al entorno rural ya lo habían despojado de muchos de sus servicios antes de esta crisis sanitaria, y el problema de la intrusión digital ya existía para el comercio de proximidad, pero este parón en la actividad económica va a afectar, de hecho ya está afectando, de forma muy grave a todos esos pequeños negocios que ya se encontraban heridos.

Por todo ello y ante la actual situación creemos que los comercios rurales deberían estar abiertos sin distinción, manteniendo las medidas de protección adecuadas, para seguir dando los servicios que nuestra sociedad rural demanda.

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