La Asociación de Amigos del Maíz de consumo humano y Semilla de Alfalfa Aragón fueron los organizadores de la jornada

Tras la presentación de Juanjo Mallén, miembro del comité organizador, quien dio la bienvenida y saludos al público asistente, la jornada se estructuró en tres partes. A continuación hacemos un breve resumen de lo que allí se habló.

Primera parte: Nuevos conceptos en la vida del suelo

La primera parte se dedicó a conocer ‘nuevos conceptos en la vida del suelo’, y contó con dos ponencias que proporcionaron una información clave para entender cómo la salud del suelo condiciona el manejo y los resultados de las cosechas.

Abrió Alberto Pérez Roldán, investigador de aguas y suelos y director de la empresa Agroholistic, quien mostró cómo las prácticas agrarias están diseñadas sobre todo para favorecer a las empresas proveedoras de insumos y servicios (agroquímicas, etc.) y a las cadenas de distribución de alimentos y commodities, más que a los propios agricultores. El ponente explicó que, a pesar de que existe una gran biodiversidad vegetal disponible, tan sólo se cultivan unas pocas especies (según sus datos, sólo 9 especies vegetales proveen más del 75% de la alimentación humana).

Desde su punto de vista, el modelo agrario moderno tiende a desentenderse de la calidad del suelo, fiándolo todo a los insumos químicos que se puedan aplicar, dando como resultado un empobrecimiento acelerado de los suelos y un aumento de resistencia de muchas plagas. Según el ponente, los suelos tan pobres de la agricultura actual serían el motivo por el que los alimentos tengan cada vez menos calidad (con mucho menos calcio, hierro, vitamina C, etc., de lo que deberían tener) y los cultivos tengan cada vez más plagas. Un modelo agrario desde el que se tiende a concebir a todo tipo de insectos, microorganismos y hierbas como enemigos a combatir de manera indiscriminada, con un manejo de plagas orientado a tratar los síntomas pero no las causas. Todo ello configura una situación inaceptable e insostenible a medio o largo plazo.

A pesar de que la agricultura ecológica pueda resolver algunos de estos problemas, de acuerdo con Alberto Pérez Roldán ello sigue siendo insuficiente pues, aunque se reduzca el uso de ciertos agroquímicos, sigue primando el tratamiento de los síntomas sin atacar las causas del problema. El ponente propuso concebir las plagas como un problema de nutrición de la planta. Cuando una planta tiene una nutrición adecuada, está en mejores condiciones para hacer la fotosíntesis y producir las proteínas requeridas y sintetizar lípidos y metabolitos necesarios para ser resistentes a numerosas plagas (hongos, bacterias, larvas de insectos, virus, etc.). Y, por supuesto, el manejo de la nutrición de la planta tiene que pasar por la mejora del suelo. En este sentido, cualquier intento de avanzar hacia otro tipo de agricultura tendrá que pasar por el análisis y regeneración de los suelos. Una interesante conclusión de una charla realmente reveladora.

El segundo ponente fue José Luis Caudevilla Salafranca (Ingeniero técnico agrícola y asesor de explotaciones agrarias), quien se centró en cómo mejorar el cultivo de la alfalfa a partir del conocimiento del suelo. En su exposición, explicó cómo las raíces de la alfalfa son capaces de llegar a mucha profundidad, cosa que le permite obtener más humedad y nutrientes del suelo. Mostró también cómo diferentes métodos de riego llegan a generar diferentes tipos de raíces, siendo menos profundas con el riego por aspersión. El ponente habló también sobre la conveniencia de vigilar la composición del suelo para evitar deficiencias de ciertos componentes (como el potasio), señalando la importancia de tener un suelo sano y con nutrientes.

Finalmente, José Luis Caudevilla Salafranca sugirió evitar en lo posible el uso de herbicidas y apostó por la eliminación mecánica de las malas hierbas, bien mediante el pastoreo hibernal o bien con un gradeado superficial. Para ello, mostró unos videos donde se observaba cómo con una grada rotativa pasada en primavera se eliminaban las hierbas de manera eficaz, sin perjudicar a la alfalfa. Estos métodos, además, también contribuían a reducir las plagas de la nueva campaña, puesto que eliminaban los reservorios (huevos, larvas, etc.) de las plagas del año anterior.

Segunda parte: ¿Cómo y por qué el sistema agroalimentario tiende a expulsar a los agricultores? (y qué podríamos hacer para evitarlo).
La segunda parte de la jornada estaba reservada a una reflexión más general sobre la evolución e impactos del sistema agroalimentario, a cargo del sociólogo Josep Espluga Trenc, director del Posgrado de Dinamización Local Agroecológica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se trata de un modelo que se impone a partir de los años 60 y que comporta un aumento inusitado de la productividad agraria. Pero que, con el tiempo, ha generado toda una serie de impactos de diferentes órdenes: deterioro ambiental, contaminación de acuíferos, pérdida de biodiversidad, pérdida de salud de los agricultores (por intoxicaciones), pérdida de calidad nutricional de los alimentos, pérdida de población activa agraria y correlativo éxodo rural, neo-colonialismo y reforzamiento de las dependencias de unos países respecto a otros, etc. El ponente explicó detalles de todos estos impactos del modelo agrario hasta que, a partir de los años 90 del pasado siglo, se empezaron a promover políticas orientadas a afrontarlos, como la creciente regulación de agroquímicos, el establecimiento de medidas agroambientales, la creación de agencias de seguridad alimentaria, los programas de desarrollo rural para aminorar el despoblamiento, la promoción de marcas de calidad -DOP, IGP- y de la agricultura ecológica, etc.

Sin embargo, la aplicación de todas estas políticas y medidas ha sido insuficiente para revertir todos aquellos impactos. Por ello, el ponente expuso la conveniencia de apostar por modelos agroalimentarios alternativos, de base agroecológica y con perspectiva de soberanía alimentaria, poniendo de relieve algunos ejemplos de cómo estos modelos se están expandiendo. Por ejemplo, mediante cooperativas de consumo que agrupan a miles de familias que, de un tiempo a esta parte, han decidido proveerse de alimentos por vías alternativas al modelo agroindustrial, involucrando a miles de pequeños agricultores. Es decir, ya existe un modelo agrario emergente, todavía minoritario, que está estableciendo unos vínculos más directos con los consumidores, garantizando unos mejores precios y unas prácticas más coherentes con los ecosistemas que son el soporte de la agricultura.

Tercera parte: La importancia de la alfalfa y del maíz de consumo humano en España

La jornada contó con una tercera parte en la que dos ponentes ofrecieron información clave sobre la evolución y perspectivas de la alfalfa y del maíz, los dos productos estrella de la jornada.

Empezó Luís Machín Álvarez, director de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada, quien explicó que en Aragón se cultiva casi la mitad de las hectáreas españolas dedicadas a la alfalfa, de las que se obtienen 745.000 toneladas. En los últimos 12 años se ha pasado de vender el 80% en el mercado español a venderlo en el extranjero (ahora sólo el 20% se queda en España). Los motivos para exportarlos son que hay países que no tienen suficiente agua para cultivarlo, al tiempo que se ha dado un incremento del consumo de lácteos en el mundo, y que los flujos logísticos globales actualmente permiten unos costes muy razonables. Además, el deshidratado permite una alfalfa con muchas garantías de seguridad alimentaria, puesto que se eliminan micotoxinas. El ponente insistió en que la agroindustria de la alfalfa está instalada en el medio rural, puesto que su rentabilidad requiere disponer de mercancía en un radio máximo de 30-50 km, por lo que contribuye al asentamiento de población. Finalmente, Luís Machín Álvarez señaló también que el cultivo de alfalfa suele tener impactos medioambientales positivos, puesto que mejora la estructura del suelo, reduce el uso de pesticidas, favorece cierta vida silvestre y fija nitrógeno atmosférico.

El último ponente de la jornada fue Francisco Tabuenca Raigón, ingeniero agroalimentario de Amaeton y Liven Agro, quien hizo una muy didáctica charla sobre el cultivo de maíz de consumo humano. Primero explicó los diferentes tipos de maíz comerciales existentes, industriales y alimenticios, y sus respectivos mercados finales. El ponente mostró que, durante las últimas dos décadas, lo que más ha aumentado es la proporción de maíz dedicada a etanol, mientras que la dedicada a piensos se ha mantenido relativamente estable. A continuación, describió los diferentes usos alimenticios del maíz (en forma de granos, sémolas, aceites, etc.), y advirtió que lo que más temen las empresas que se dedican a transformar maíz alimenticio es que se lo etiqueten como transgénico. Mostró también que, aunque la superficie de maíz transgénico en el mundo sigue aumentando, ello se debe básicamente al caso de Brasil, pues los otros grandes productores como Estados Unidos o Argentina llevan años sin aumentar.

En el caso Europeo, donde España aporta la práctica totalidad de hectáreas de maíz transgénico, su siembra tocó techo en 2013 y desde entonces la superficie ha tendido a disminuir. Los motivos para no usar tanta semilla transgénica tienen que ver con el hecho de que, tras unos años de uso, la cantidad de plagas en el ambiente es menor y, por tanto, los agricultores que cultivan maíz convencional se ven beneficiados. Además, en un contexto de bajo nivel de plagas, el maíz transgénico parece tener un menor rendimiento que el convencional. El ponente mostró datos de algunos ensayos de campo realizados en la comarca de la Litera que mostraban cómo las variedades transgénicas no superaban en producción a las convencionales.

A pesar de ello, el ponente manifestó que la industria alimentaria tiene todavía serias dificultades para encontrar maíz producido en Aragón que se pueda catalogar como no transgénico. El ponente discutió los datos publicados por las empresas de semillas, que dicen que sólo el 5% del maíz que se cultiva en España va a consumo humano, puesto que lo que sucede es que la industria local no encuentra maíz no transgénico y tiene que importar grandes cantidades de otros países. Por tanto, la proporción de maíz de consumo humano que realmente se usa es mucho mayor. Por ello, animó al público a cultivarlo e incluso llegó a proponer el contrato-tipo para la campaña 2020 (con referencia al precio de Mercolleida, el maíz amarillo +2€/t, waxy +20€/t, con primas por rendimiento y calidad).

Tras el último ponente, tomó la palabra Txema Isábal por parte de los organizadores del acto, quien agradeció al público su presencia y le animó a reflexionar sobre todo lo expuesto. Finalmente, el alcalde de Binéfar, Alfonso Adán, hizo un discurso de conclusión y dio por finalizada la jornada.

En definitiva, una jornada muy completa y necesaria, un buen foro de reflexión sobre los factores condicionantes de la agricultura comarcal y sobre cuáles pueden ser los escenarios de futuro. Algo indispensable para orientarse en un campo sometido a tantas incertidumbres y, a la vez, tan determinante para el futuro de la Litera. Esperemos que se consolide como foro de reflexión estratégico comarcal.


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