Silvia Isábal presentó su biografía del diplomático en Binéfar. Introdujeron el acto Juan Carlos García, concejal de cultura, y Fernando Alvira, director del IEA, institución que ha editado el libro.

Silvia Isábal resume la trayectoria del protagonista de su libro con la palabra ‘compromiso’. Compromiso y tesón son cualidades evidentes en Silvia. Aunque ella se defina como “rebuscadora” de historias, merece el calificativo de historiadora si no por formación académica sí por devoción y competencia. Empeñada en investigar el pasado de su localidad y de su comarca, es miembro del CELLIT, cronista habitual del Ayuntamiento de Binéfar, colaboradora en diferentes medios de comunicación comarcales y regionales, y ahora acaba de publicar su segundo libro: Manuel María  Coll: una vida de compromiso entre Binéfar y América.

Silvia, en petit comité, confiesa estar enamorada de Manuel María, un diplomático testigo directo de momentos cruciales para la historia de España, eclipsado por la personalidad de su hermano mayor, el abogado y alcalde de Binéfar Benito Coll. En su presentación del libro en el Salón de Plenos –espacio en el que siempre es muy bien acogida tanto por las instituciones como por su público fiel– en menos de una hora hizo vivir a un personaje tan excepcional como para salir corriendo a la librería con ganas de saber más.

Manuel María Coll hijo de una de las familias más relevantes de la burguesía rural de mediados del siglo XIX, estudió como la mayoría de los de su clase la carrera de Derecho Civil y Canónico, estudios que facilitaban el acceso a la Administración. Como demostró durante toda su formación, su pasión por la geografía y el conocimiento de nuevos países le inclinaron hacia el ejercicio de la diplomacia. Destinado primero a Buenos Aires como vice-cónsul coincidió allí con el padre de Teodoro Bardaji, el después famoso cocinero que abandonó su Binéfar natal en busca de fortuna en las Américas. Después de cuatro años entre Buenos Aires y Rosario regresa con un permiso reglamentario a Binéfar, donde junto a Benito, alcalde de la localidad, terminó involucrándose en la política local. Fue uno de los artífices del Mitin de Binéfar a consecuencia del cual el Estado se hizo cargo de las obras del Canal de Aragón y Cataluña. Después de otra breve estancia en Rosario (Argentina) es nombrado cónsul en Filadelfia interviniendo directamente en el conflicto hispano estadounidense que desembocaría en la Guerra de Cuba. Consecuencia de la guerra es enviado a Canadá donde forma parte de una red de información destinada a ayudar a Cuba. Es enviado a Venezuela en un momento donde triunfa la Revolución Liberal Restauradora. En su breve estancia de solo dos meses se ocupó fundamentalmente de gestionar las reclamaciones de daños sufridas por los españoles durante la revolución. Fue uno de los más significativos diplomáticos en Cuba después del Tratado de París, siendo el diplomático que más tiempo permaneció en la isla. Su destino final fueron cuatro años en Ecuador, país donde conoció a Manolita Bustamante, la mujer que le hizo abandonar la soltería. Después de años de compromiso y solo un año de matrimonio, murió en Binéfar en 19 de marzo de 1916 tras una cruel enfermedad.

La pasión de Silvia por este personaje de vida tan intensa nos da la oportunidad de conocer una parte de nuestra historia no contada. Solo después de leer el libro se puede entender por qué lo subtitula “una vida de compromiso entre Binéfar y América”.

 

 


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