La CHE ha detectado que casi 30.000 granjas afectan directamente a los acuíferos en la cuenca del Ebro

La Confederación Hidrográfica del Ebro alerta sobre los riesgos contaminantes del desmesurado crecimiento de la ganadería industrial, especialmente la del cerdo, mientras los vecinos de 34 pueblos beben agua con nitratos, nueve tienen que cambiar sus tomas y once se declaran saturados de cuadras.

La  (CHE) ha comenzado a ponerle datos a uno de los principales efectos ambientales de la ganadería industrial: casi dos de cada tres granjas (29.269 de 45.776, el 64%) de la cuenca contaminan los acuíferos sobre los que están construidas, a los que vierten 128.949 toneladas de nitrógeno al cabo del año, según recoge el Documento Inicial del nuevo Plan Hidrológico del Ebro (PHE) 2021-2027.

El informe señala que ese ganado “se distribuye mayoritariamente en las comunidades autónomas de Aragón y Cataluña”, donde generan una presión constante de 4,4 millones de cerdos, 2,9 de ovejas y cabras y 876.963 terneros y vacas que solo en los dos próximos años, hasta 2021, va a crecer un 7%, según las estimaciones del organismo de cuenca.

Los efectos del constante crecimiento de las cabañas ganaderas, que alcanzó el 13% entre 2009 y 2016 en su conjunto y que llegó al 28% en el porcino y al 14% en el bovino, está comenzando a tener efectos prácticamente irreversibles en las aguas subterráneas de la cuenca, cuyos niveles de contaminación, agravados por los vertidos procedentes de la agricultura, ya afectan a los abastecimientos de agua de boca de numerosas localidades.

De hecho, el propio comisario de Aguas adjunto de la CHE, Javier San Román, se refería hace unas semanas a “la necesidad de actuar para proteger los acuíferos antes de que sea demasiado tarde”. Mientras tanto organizaciones como la plataforma Loporzano SIN Ganadería Intensiva alertaban por boca de uno de sus portavoces, Álvaro Monzón, de que “en Aragón ya tenemos a un 20 % de la población expuesta a aguas contaminadas y cada vez más municipios sin agua potable”.

Pueblos sin agua por los nitratos

Tres informes de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón fechados en octubre y a los que ha tenido acceso Arainfo revelan la presencia de nitratos en el agua de boca de 19 pueblos de Zaragoza. Se trata de Abanto, Azuara, Bordalba, Cabolafuente, Cetina, Castejón de Alarba, Lagata, Langa del Castillo, Las Cuerlas, Lechón, Mainar, Moyuela, Romanos, Santed, Sos, Torrehermosa, Viladoz, Villanueva de Jiloca y Villarroya del Campo.

El Gobierno de Aragón califica de “problemas muy puntuales” la situación que se da en la mayoría de ellos, aunque en ocasiones obligan a alertar a los vecinos para que no consuman agua del grifo. En otros, como Romanos y Villarroya, han tenido que optar por buscar una captación alternativa

En Contamina llegó a darse un “incumplimiento puntual corregido” por la aparición de nitritos, un lixiviado del nitrato de alto poder contaminante que se produce cuando ese elemento químico entra en contacto con el carbono o el hidrógeno.

La misma situación se dio en nueve pueblos de Huesca, donde Alerre, Banastás, Chimillas, Lierta, Quinzano y Los Corrales se ven obligados a cambiar sus captaciones, mientras los episodios de exceso de nitratos en el agua de boca fueron puntuales en Estopiñán del Castillo y en Tolva.

Los vecinos no pueden beber agua del grifo en varios de esos pueblos, caso de Banastás, donde los análisis revelaron cómo la presencia de ese contaminante duplica con creces los niveles tolerables para la salud humana.

Los pueblos afectados en Teruel son cinco. En Bueña, Cretas, Lidón y Muniesa se avisa a los vecinos cuando el agua no es apta para el consumo, mientras en Bello “Está en estudio el uso de una nueva captación”.

En total, hay 34 pueblos afectados por el exceso de nitratos en las redes de suministro urbano de agua de boca, nueve de los cuales van a tener que cambiar la ubicación de las tomas.

Plazas para 150.000 cerdos en una semana

La presencia de ese contaminante en las redes urbanas, en todos los casos en pequeñas poblaciones situadas en áreas de elevada actividad ganadera, y también agraria en algunas ocasiones, es un síntoma más del desmesurado proceso con el que la ganadería industrial se está extendiendo por la comunidad, en especial en los sectores del porcino y el bovino, y en los últimos años también del pollo.

Esa expansión ha llevado al Gobierno de Aragón, principal impulsor de esa expansión al mismo tiempo, a vetar la instalación de nuevas granjas en otros once municipios (Albalatillo, Alfántega, Altorricón, Castillonroy, Sena y Vencillón en Huesca; Mirambel, Monroyo y Peñarroya de Tastavins en Teruel, y Mainar y Villarreal de Huerva en Zaragoza) por superar sus índices de carga ganadera los 220 kilos de nitrógeno por hectárea al cabo del año, principalmente por la expansión del porcino.

Es decir, que comienzan a no caber más cerdos en algunas zonas de la comunidad mientras otras empiezan a sufrir las consecuencias ambientales de esa expansión. Sin embargo, las autorizaciones para instalar nuevas granjas siguen adelante: el BOA del viernes anunciaba la tramitación de permisos para cuatro granjas de porcino de 4.000 plazas cada una; el del jueves, otras cuatro que suman 16.000; el del miércoles llevaba dos proyectos para 4.300; el del martes, una de 6.000 de engorde y otra de más de 2.000 madres, y el del lunes, otros tres por un total de 17.480.

Son casi 60.000 cerdos, en realidad 150.000 ya que cada plaza se ocupa dos veces y media al cabo del año, y más de 2.000 madres en solo una semana; todas ellas en explotaciones de carácter industrial.

Xenogranjas, paro y despoblación

La expansión de ese modelo ha llevado a la organización agraria Uaga a acuñar el término “xenogranjas” para referirse a él, en contraposición con el sistema de pequeñas explotaciones que tradicionalmente se ha desarrollado en los pueblos de Aragón y con el que las familias complementaban los ingresos que sus miembros obtenían de la agricultura o del trabajo en la industria, la construcción o los servicios.

¿Por qué “xeno”? Por su significado, obviamente: se trata de un prefijo de origen griego que quiere decir “extraño” o “extranjero”. No son las granjas que tradicionalmente se habían explotado en las zonas rurales de la comunidad. Y está por ver su efecto en la demografía y el empleo.

Si es el mismo que ha detectado un estudio de Ecologistas en Acción en zonas como Castilla-La Mancha y Andalucía, pérdida de habitantes y aumento de las tasas de desempleo al mismo tiempo en los municipios con mayor cabaña ganadera y presencia de macrogranjas, la ganadería industrial amenaza con transformarse en otro de esos golpes secos, y sordos, que van machacando el mundo rural, como en su día lo fue la construcción de embalses o la explotación de recursos como la minería: pan para hoy, hambre para mañana y consecuencias ambientales para siempre.

¿A qué se debe la expansión de la ganadería industrial en España y, en particular, en Aragón? Hay muchos motivos, aunque entre ellos destacan algunos como el cambio de modelo con la entrada en el sector de fondos de inversión y el viraje del negocio hacia la exportación (España ya produce el triple de la carne que consume), a la existencia de amplias zonas de baja densidad demográfica por las que expandirse y a eso que se ha dado en denominar “seguridad jurídica”: algunas empresas europeas, especialmente en el sector del pollo, están aprovechando la laxa normativa de bienestar animal que se aplica aquí para trasladarse y eludir las exigencias que, tras los brotes de gripe aviar, han comenzado a aplicar países como Holanda y Bélgica.

El Gobierno de Aragón, mientras tanto, ha apurado hasta el final de la legislatura para aprobar un decreto de purines cuyo texto se conoció este lunes, con las Cortes ya disueltas. Habla de preocupación por la sostenibilidad, apela a la economía circular en el uso del estiércol como fertilizante, regula unos centros de gestión de estiércoles con permisos para cuatro años que tratarán el purín que no vaya a los campos y limita a 210 kilos de nitrógeno por hectárea la carga máxima permitida (170 en espacios naturales y áreas de la Red Natura), aunque el Plan de Control e Inspección queda pendiente de otra orden futura.

Crecimiento desbocado, riesgo inminente

¿Cuánto nitrógeno produce la ganadería en Aragón? Es difícil de determinar, aunque el cruce de los datos de las encuestas ganaderas del Ministerio de Agricultura con las estimaciones de la normativa sobre protección ambiental dan algunas pistas.

Un cerdo genera 7,25 kilos de nitrógeno al cabo del año; un ternero de engorde, 21,9; una vaca, 73; un cordero, 3; una cabra, 2,4; una gallina, medio, y un pollo, 0,2. La encuesta ganadera de noviembre (la última disponible) cifraba en 8.073.140 los cerdos que se estaban engordando en Aragón, que ya supera en 300.000 a Cataluña y a los que hay que sumar 543.232 madres reproductoras, mientras situaba la cabaña de bovino en 384.312 terneros y 62.404 vacas, en 1.670.789 la de ovejas y 54.916 la de cabras, a los que se añaden los 19 millones de plaza de pollos y casi seis de gallinas ponedoras.

Esa cabaña da lugar a un volumen de 83.826,3 toneladas de nitrógeno (58.530, casi el 70%, del porcino) al año: harían falta más de 4,6 millones de camiones de dos ejes para poder mover esa carga contaminante, suficiente para saturar casi 400.000 hectáreas de campos con el baremo del nuevo decreto de purines.

La CHE no prevé que esa presión sobre el medio ambiente vaya a atenuarse en los próximos años, sino todo lo contrario. “La previsión de la evolución de la presión difusa (…) permite concluir con una estimación para 2021 de (…) un crecimiento del 7% en la presión 2.10 (Otras: cargas ganaderas)”, señala el Documento Inicial del PHE.

“La tendencia definida para 2021 es coherente con (…) la evolución previsible de la carga ganadera a partir de los datos de los últimos años”, sostiene, mientras señala que mientras “el consumo de agua por parte de la ganadería es escaso” y “no alcanza el 1% del consumo total agrario”, sí “tiene gran importancia el efecto que la producción y gestión de los residuos ganaderos puede tener en las masas del agua”.

Eso, a corto plazo. Sus estimaciones a largo invitan a hacer una reflexión profunda sobre la evolución del sector, ya que llega a pronosticar que “si la evolución de precios y demanda exterior se mantiene, y no surgen otras limitaciones”, se producirá “un claro ascenso en el número de cabezas de ganado porcino, que en 2033 podría ver incrementada su población en un 24% respecto de la cabaña del 2016”.

“Aun moderándose la registrada en estos últimos años, que es la hipótesis que se baraja por no parecer posible la misma pauta de crecimiento de los tres años pasados, nos encontraríamos en 2027 con 14 millones de cabezas, lo que representa un incremento en torno al 14%, que bajo una hipótesis igualmente simplificadora podría considerarse trasladada en idéntica proporción a las presiones de contaminación difusa por nitratos”, añade. ¿Podrá soportarlo el país?

Artículo de Eduardo Bayona para Arainfo. https://arainfo.org/alerta-ambiental-dos-granjas-de-cada-tres-contaminan-los-acuiferos/?fbclid=IwAR1eRzZ4K5JDDEelFsZnmQdv8SxwqygdyfOVspwTtkIUmvXkxYt3ZN-VLuk


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