Cuidado con el bombo y platillo que se prepara para anunciar el caso de Grecia como un éxito, un tributo a la solidaridad y un enfoque de sentido común que devolvió la estabilidad económica a ese país y evitó que fuera el primero en abandonar el euro. Nada más lejos de la realidad.

Grecia ha sido un fracaso estrepitoso. Una historia de incompetencia, dogmatismo y retrasos innecesarios en la cual los intereses de los bancos se antepusieron a las necesidades de la gente. Las consecuencias se dejarán sentir durante mucho tiempo . . .

Alardear de la vuelta al crecimiento como prueba de que la austeridad funciona no es un argumento válido. Antes o después, todas las economías se recuperan. Pero ¿se podía haber adoptado un enfoque menos perjudicial? La respuesta es sí. Con otras políticas, la recuperación tras la profunda recesión de 2008~2009 habría sido más rápida y sostenible.

. . . el contrato social entre los líderes y el pueblo se ha tensado hasta casi la ruptura. Antes los votantes creían que, a cambio de su esfuerzo, ganarían un salario decente y el Estado se ocuparía de ellos en tiempos de vacas flacas. Si ese cuento ya no cuela se debe, en gran parte, a lo ocurrido en Grecia en los últimos ocho años.

Larry Elliott: «Greece's bailout is finally at an end – but has been a failure», en theGuardian.com ; London : Guardian News and Media Limited, 19 agosto 2018 (extr. y trad. La Litera información)


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