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Texto: Jaume Garcia Castro

Imágenes: Bodegas Aldahara

 

Estadilla, 14 de noviembre de 2013.- En las afueras de Estadilla, en la carretera que une la población con Barbastro, se encuentra una de las bodegas que, aun siendo joven, empieza a despuntar dentro de la Denominación de Origen Somontano. Se trata de Aldahara, una pequeña bodega familiar que ha conseguido en menos de diez años hacerse un nombre entre los vinos de esta comarca. Nos recibe María Luisa Arasanz, propietaria, junto con su marido, de las bodegas Alhadara. María Luisa es original de las montañas, bajó del Sobrarbe con su familia cuando solo tenía once años y se instalaron a vivir en Monzón. Allí, años más tarde, conoció a un joven de Estadilla, José María Raso, y formaron una familia. David y Alejandro son sus dos hijos, quienes han heredado la pasión por la elaboración del vino.

El nombre de Aldahara surge de la combinación de las dos primeras letras de los nombres de nuestros hijos”, nos explica María Luisa, “es AL, de Alejandro, DA, de David, la HA es un añadido y el RA viene del apellido, que es Raso. En un principio lo queríamos haber llamado ALDARA, sin el HA, pero cuando fuimos al registro no nos dejaron registrarlo porque la actual esposa del Marqués de Grinón, en la zona de Toledo, tiene un producto en el grupo 33, que son los vinos y las cervezas, registrado como ALDARA, sin la HA. Entonces a alguien se le ocurrió la idea de añadirle una H al nombre, pero como es una letra muda tampoco nos dejaron registrarlo. Tampoco recuerdo de quién fue idea, pero le añadimos una A a la H y nos surgió el nombre de ALDAHARA. Con el tiempo supimos que Aldahara es un nombre árabe y que fue una de las hijas de uno de los últimos califas de Córdoba. Nos enteramos porque nos llamó un señor de Madrid para pedirnos unas botellas cuando llevábamos muy poquito tiempo dado de alta en el registro oficial de patentes y marcas y me explicó la historia del nombre. Él tiene una hermana que se llama Aldahara y ahora mismo conocemos a otras dos: una vive en Peñíscola y es una chica joven, conocimos a través de Facebook de la existencia de otra Aldahara y sabemos también de la existencia de una chica de 14 ó 15 años en Madrid. Seguro que hay más, pero no los conocemos. Y luego están los grupos musicales que se llaman así…”.

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La familia empezó a plantar viñedo entre los años 1983 y 1985 más o menos al mismo tiempo que Viñas del Vero se instalaba en el Somontano. En aquella época el enólogo de Viñas del Vero era Pedro Aibar, con quien la familia Raso tiene muy buena relación y él fue el que animó a José María a plantar viña, ya que en esa época el Somontano estaba en pleno apogeo. Desde esos años hasta el 2004, año en el que se fundó la bodega, la uva que se producía en los campos de los Raso se llevaban a Viñas del Vero quien las utilizaba en la elaboración de sus vinos. Eran lo que se conoce como externos, agricultores con tierras propias pero que plantaban bajo la supervisión de Viñas del Vero determinados tipos de vides y suministraban esta uva a Viñas del Vero para elaborar sus vinos.

El próximo año se cumplirá la primera década de vida de Aldahara, puesto que la primera añada de las bodegas es del 2004 y, según dice María Luisa “aún estamos en pañales. Diez años de historia, en el mundo del vino, no es nada. Cada día aprendemos y averiguamos cosas nuevas, tanto en el terreno de la viña como en el de la bodega”. Actualmente, aun siendo una aventura familiar, tienen a dos trabajadores más: una Ingeniera Agrícola que luego estudió además enología, y un químico que está en las oficinas de Zaragoza y que es quien lleva el control de las fermentaciones y procesos de maduración. De hecho, en Zaragoza hacen todo el trabajo puramente químico, todo lo que se puede hacer en laboratorio, las muestras para hacer los análisis se toman en Estadilla y se llevan a las oficinas que tienen en Zaragoza y en la bodega se hace lo imprescindible: las mezclas, comprobar el grado de azúcar, el grado de alcohol… todo lo que se puede hacer con instrumentos que se llevan en una maleta.

El viñedo de Aldahara es pequeño pero lo suficientemente grande para poder ofrecer una amplia selección de variedades. “En vino blanco tenemos el Chardonnay y en tintos tenemos Cavernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Tempranillo. Hace dos años plantamos algo, no mucho, unas dos hectáreas, de Garnacha”, nos dice María Luisa, quien se muestra orgullosa de poder ofrecer tan amplia gama de vinos con una bodega tan joven: “Creo que la gama de vinos que tenemos es muy arriesgada porque tenemos un montón de monovarietales. El Chardonnay es monovarietal porque no tenemos más vino blanco que este, otro monovarietal de Syrah, otro de Tempranillo y un monovarietal rosado de Merlot. Los demás ya son coupage”.

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Aldahara también está comercializando una segunda marca, Monteaguares, también dentro del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Somontano, pero son vinos más sencillos que los de la marca enseña. Con esta marca se comercializan los vinos menos elaborados de la bodega, pero con los mismos criterios de calidad que los de la etiqueta madre.

Los tiempos cambian y con ellos los gustos del público, por eso cada vez es mayor la demanda de vinos que hace unos años se menospreciaban por simples o por poco elaborados. La apuesta por la calidad empieza por los vinos jóvenes y los rosados, dos tipos de vino cada vez más apreciados por el público y los expertos y en los que Aladahara está poniendo mucho cariño y esmero. También están haciendo una fuerte apuesta por los diferentes tipos de embotellado y conservación de sus productos y para ello han substituido las garrafas de toda la vida por envases bag-in-box, que son la última tecnología en lo que a conservación del vino se refiere. Estos envases, que van desde los 2 litros hasta los de 35 litros, contienen el vino envasado al vacío. Con un grifo especialmente diseñado para que no entre oxígeno, el líquido se va dosificando y conserva toda su pureza y su sabor durante unos seis meses, tiempo más que razonable. De esta manera se evita que un buen vino acabe convirtiéndose con el paso de los días en un garrafón o un vino rancio apto solo para cocinar. Además, de esta manera se baja considerablemente el coste del vino, ya que se ahorra el precio de las botellas, el etiquetado, los corchos y el transporte de tanta cantidad de vino.

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Entre todos sus vinos el que más éxito está teniendo es un coupage de Tempranillo, Merlot y Syrah, tinto joven. En segunda posición estaría el crianza de 2010 de Syrah, Cavernet Sauvignon y Merlot, y en tercera posición estaría el blanco monovarietal Chardonnay. Entre los críticos, José Peñín ha valorado muy bien y tiene en muy alta posición en su prestigiosa guía de vinos el monovarietal tinto de Syrah, que es un vino muy especial, muy mineral y poco afrutado. El crianza tiene mucho éxito por la potencia que tiene en boca y porque, a pesar de ser un Somontano, tiene mucha semejanza a los Rioja, que es el vino al que estamos más acostumbrados la mayoría de los aficionados al vino.

En un buen año, Aldahara puede producir unas 150.000 ó 160.000 botellas, pero en años malos, como fue el pasado 2012, la producción se puede reducir a menos de la mitad. Las lluvias, el sol y otros factores meteorológicos son fundamentales a la hora de producir el preciado néctar que degustaremos luego en nuestras mesas y una buena bodega no se puede permitir rebajar su calidad, por lo que hay años en lo que ha de reducir es la producción. El Chardonnay bajó de 7.000 a 5.000 botellas y otra variedad en barrica de la que hacen 1.200 botellas anuales no se pudo realizar por falta de uva.

La bodega se puede visitar, pero también se puede utilizar, por un precio simbólico y a cambio del consumo del vino, un comedor completamente equipado en el que los grupos celebran comidas, cumpleaños, celebraciones… Aldahara les proporciona el espacio, la vajilla, una barbacoa, la leña… todo lo necesario para que estén cómodos y a gusto. Para utilizar este espacio hay que reservarlo previamente, porque está teniendo mucho éxito.

Este negocio familiar tira adelante gracias al esfuerzo de todos los miembros de la familia. Todos ponen su esfuerzo durante las horas que haga falta, ya sea en los cultivos, en la bodega o en la tienda donde se puede comprar todos los productos de Aldahara y, además, aceite de la cooperativa de Estadilla y miel artesana y de temporada recolectada en Graus. Si alguno de nuestros lectores se acerca por Aldahara y visita la tienda, les recomendamos que no se vayan sin llevarse su vermut, delicioso y con una potencia irresistible, además de otras de sus delicias vitivinícolas.

Ya lo saben, si pasan por Estadilla, bodegas Aldahara es una buena opción para hacer una visita gastronómica muy interesante.

http://www.aldahara.es/

 


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