Texto e Imagen: Jaume Garcia Castro

 

Baldellou, 3 de mayo de 2015.- Llegar hasta Baldellou, a veces, da pereza. Los dos accesos que hay son por la carretera A-2218, una vía llena de curvas, lo que hace que llegar hasta la pequeña población literana pueda llegar a ser tedioso. Afortunadamente para Baldellou, el paisaje circundante es precioso y, tanto si llegamos desde Castillonroy como si lo hacemos desde Camporrells, merece la pena el viaje. Nosotros entramos a Baldellou viniendo desde Castillonroy. Son las diez y media de la mañana del domingo y no nos hemos cruzado con nadie en la carretera. Hace sol, buena temperatura, y siempre nos han recibido muy bien cuando hemos venido a Baldellou. Ya hace rato que se nos ha pasado la pereza.

Una vez en Baldellou descubrimos un precioso pueblo con unos 60 habitantes en el que parece que se ha parado el tiempo. El local social es el epicentro de la vida en la población, pero hoy el panorama habitual ha cambiado bastante. Las habitualmente vacías calles de Baldellou hoy acogen varias paradas de diferentes tipos de productos artesanos: jabones, productos de belleza, vinagre, aceite, miel, bisutería, charcutería, pastelería, panadería, plantas, quesos… Hay de todo un poco. Durante toda la mañana se celebrará la novena edición del Mercado Artesanal que reune a expositores de toda la comarca y también llegados de los alrededores, incluyendo artesanos llegados de Cataluña. El día es cálido, aunque en ciertos momentos se levanta un molesto viento que hace algo desagradable la mañana, especialmente para aquellos artesanos cuyo producto es tan ligero que puede salir volando.

Lo primero que perciben nuestros sentidos, antes de llegar al propio mercado, es el olor a carne a la brasa. Como cada año, la carnicería Tenda Nova, de Palau Solità i de Plegamans, pone parte de su género a disposición de la Asociación Sociocultural Recreativa de Baldellou, quienes se encargan de hacer a la brasa y repartir con pan careta, morro, longaniza y paté elaborados artesanalmente por la propia carnicería. A esa hora, si no se ha desayunado bien, el hambre empieza a hacer estragos, así que nos acercamos a la mesa donde están puestas las bandejas con el tocino y el pan y probamos el paté. ¡Delicioso! Luego la longaniza. ¡Tremenda! Cogemos un porrón, damos un buen trago de vino tinto, y empezamos a deambular entre los expositores.

Desde luego, aunque hay gente, no se puede decir que hay aglomeraciones. Un mercado en una población tan pequeña sirve para que muchos vecinos, también los llegados de poblaciones adyacentes, aprovechen para comprar productos de alta calidad que, de no ser gracias a la feria, no tendrían muchas ocasiones de poder conseguir. Hacia las once de la mañana, la cantidad de público en el mercado se ha duplicado. Ahora hay un poco más de vida entre las paradas, el viento arrecia y se lleva parte del muestrario de Nuria Palomera, artesana de Tamarite con la que coincidimos en todas las ferias que se organizan en la comarca. Son las once y media y en el punto donde se reparte el tocino aparece un hombre montado en un caballo. El jinete baja de su cabalgadura y se le acercan niños y niñas para acariciar al bello animal. La expectación que ha levantado el jinete rápidamente se disuelve cuando, tras un pequeño descanso, caballo y humano reanudan su marcha.

Me entretengo hablando con algunos vecinos y vecinas de la población. Me explican que, como marca la tradición, al mediodía, tras recoger los diferentes puestos de venta, artesanos y miembros de la asociación se reunirán en una tradicional comida que se celebra todos los años tras el mercado en la que cada uno de los asistentes aporta algo: ensaladas, tortillas, vino… ¡lo que convenga!

Nosotros no esperamos tanto. A las doce menos cuarto, cuando ya el público empieza a ser bastante notorio, volvemos hacia casa, esta vez pasando por Camporrells. En el camino, tranquilamente, adelantamos a varios excursionistas, la mayoría clientes del Camping Las Planas, otro lugar idílico de Baldellou. También adelantamos al jinete que hemos visto en la feria. Hace un día precioso, y más si lo vives en Baldellou.

 


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