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Texto: Jaume Garcia Castro

Imagen: Book profesional de Pablo Ceresuela

 

 

Pablo Ceresuela (Binéfar, 1987) es un apuesto joven, alto, moreno y de ojos verdes. Llama la atención, no ya por el porte, sino por la seguridad que desprende. Deportista, jugó a futbol durante ocho años, aprendió a bailar la jota con tres años y todo apuntaba a que la danza sería uno de los motores de su vida. Decidió estudiar Administración y Dirección de Empresas, consiguió una de las cuatro becas para ir a trabajar y estudiar un master en Nueva York y volvió a casa convertido en actor de musicales. Es la encarnación de lo que muchos siempre ansiamos pero no nos atrevemos a hacer: ser capaces de apostar por nosotros mismos y lanzarnos a vivir nuestro sueño. En su caso, el sueño es ser bailarín, cantante y actor y ha encontrado en el teatro musical su hueco en el mundo.

Jaume Garcia: Pablo, de pequeño uno siempre dice que de mayor quiere ser policía, bombero, médico, futbolista o cosas así. En tu caso, ¿cuándo decidiste que querías dedicarte a la danza?

Pablo Ceresuela: [Se ríe] De hecho, yo empecé queriendo ser bombero. La danza, en realidad, siempre ha estado ahí. Yo empecé bailando la jota desde muy pequeñito, mi padre es profesor de jota, y yo pisé un escenario por primera vez cuando tenía unos tres años. El salto a la profesionalidad lo he dado justo hace un año, en enero de 2014. Entre medio de esa primera vez a los tres años y el pasado enero, ha sido todo un proceso de darte cuenta que, efectivamente la danza te llena, que cuando lo estás haciendo las horas se te pasan y no te das cuenta, las cosas que vives y el cómo lo vives, que haces algo que te apetece un montón y que te hace crecer la iniciativa de hacer cosas, crear grupos… Siempre que el trabajo me permitía tener un tiempo libre, me iba hacia la danza sin querer, era algo orgánico, por decirlo de alguna manera.

Lo que pasa es que, claro, yo venía de una industria totalmente antagónica que es la parte de los negocios. Un empleo muy seguro, muy estable… que no tiene nada que ver. El cambio más bestia es a nivel de estructura mental, de cambiar de un mundo muy cuadriculado a otro donde todo es mucho más… [Duda hasta encontrar la definición exacta.] flexible.

Jaume: La frontera entre trabajo y ocio es muy difusa, en este campo.

Pablo: Es complicada, es complicada. Y sobre todo en el caso de España, que es algo con lo que no me había encontrado en Estados Unidos, porque allí se valora muchísimo el talento, la danza, la interpretación, el canto… son cosas que cultivan muchísimo desde que son muy pequeños y, de hecho, ves gente que con doce, trece o catorce años son auténticos animales de lo que hacen, pero eso es porque lo llevan haciendo desde que tenían tres o cuatro años, y eso es algo que se reconoce. Tú vas por la calle y eres bailarín, eres actor o eres cantante y la gente te respeta igual que aquí si dices que eres abogado o ingeniero.

Sin embargo, aquí en España, yo me encontrado a mucha gente que te pregunta: “¿Y tú qué eres?”, “Soy bailarín”, “Ya, bueno, pero ¿a qué te dedicas? ¿Qué es lo que haces con tu vida?” [Risas.] El tema del amor al arte ha hecho mucho daño, en ese sentido. Supongo que nos cuesta asociar el hecho de pensar que podemos ganar dinero haciendo algo que nos gusta y con lo que disfrutamos. Creo que, desde pequeñitos, nos meten en la cabeza el concepto del sacrificio, que el dinero se gana con sacrificio y trabajo y que hay que sudar… Entonces, el decir: “me pagan dinero por algo con lo que disfruto”, levantarse por las mañanas con una sonrisa en la cara y pensar que lo que voy a hacer durante todo el día me encanta y, además, me van a pagar, y me van a pagar bien, y me lo merezco, creo que ese es un cambio de mentalidad complicado porque es algo que no está presente en la sociedad, por lo menos en la sociedad española.

Jaume: Tampoco está presente el hecho de pagar a alguien por hacer algo artístico, porque España es un país en el que nos descargamos discos gratis, películas gratis, libros gratis, sin darnos cuenta de que las personas que han hecho esas obras tienen que vivir de ese trabajo.

Pablo: Supongo que tenemos un concepto de productividad muy material, muy de a toca teja. Producimos carreras, producimos casas… Todo lo que nos sea tangible nos sirve, pero cuando hablamos de arte o de expresión nos cuesta un poco más.

Jaume: ¿Y no te dio miedo dar ese paso de ser hormiga a convertirte en cigarra?

Pablo: Sí. Bueno, en el momento de dar el paso, no. Pero previamente hubo una etapa de unos dos años de mucha turbulencia interna, de decir: “quiero, pero no me atrevo porque no sé qué pasará. ¿Y si no soy lo suficientemente bueno?”. Primero porque, por un lado, aparentemente, podía tener una cierta falta de formación, puesto que en el tiempo en el que mis homólogos de hoy en día habían estado estudiando en el conservatorio, yo había estado en la escuela. Siempre me he estado formando, siempre he estado a vueltas con la danza, el canto y la interpretación, con las tres, pero no a tiempo completo, por eso siempre te queda la duda de si vas a llegar a un cierto nivel, si tu cuerpo está lo suficientemente preparado… Y luego, el miedo de siempre: “¿Y si no sale bien? ¿Y si no pasa?”. La mente tiene mucha tendencia a ir hacia el lado negativo, pero tuve mucha suerte en Estados Unidos, tuve la oportunidad de hacer un musical allí, una producción muy pequeñita, pero mis compañeros eran gente que llevaban mucho tiempo en la industria, gente que había trabajado para Disney, que había estado en Broadway, gente con un recorrido muy importante. Yo acabé haciendo el musical un poco de rebote, porque mi compañero de piso estaba en la compañía, y era de esas cosas que uno piensa “me he encontrado aquí y no sé muy bien cómo”, y el ver que podía trabajar con ellos, el ver que ellos mismos me reconocían como a uno de ellos, darme cuenta de que, efectivamente, tenía talento y podía hacerlo, eso a mí me empujó mucho. Fue algo que a mí, a nivel personal y a nivel profesional, me supuso mucho. Pensé: “Hay camino, se puede hacer” y empezaron a surgirme oportunidades en Nueva York y el problema que me surgió es que el visado que yo tenía era para trabajar en la empresa en la que estaba, y allí los visados son muy estrictos, muy restringidos para el área en la que estás. Tuve que empezar a rechazar trabajos de índole artística por culpa del trabajo que estaba haciendo, y eso… se me partía el alma cada vez que me ocurría. Llega un momento en el que ves que te van llegando tantas señales en ese sentido que ya dije: “¡Hasta aquí! Me vuelvo a Europa. Voy a intentarlo y, por lo menos, yo sigo teniendo mi carrera, mi master, mi experiencia internacional, mis cosillas… pero vamos a intentarlo”. Más que nada, de lo que se trata es de no ponerte trabas tú mismo. La vida te va llevando por los eventos y, en la medida en la que te dejas llevar y estás abierto a ellos y tu cabeza no está en plan de “pues, no, porque no eres lo suficientemente alto, lo suficientemente rubio…”, pues las cosas van saliendo, una te lleva a la otra y al final es todo muy emocionante, la verdad. Yo estoy muy contento.

Jaume: Recapitulemos, porque hemos empezado que estabas en Nueva York, pero no sabemos ni cómo ni por qué estabas allí. Tú llegaste allí para trabajar en lo que habías estudiado, que era el mundo de la empresa.

Pablo: Exacto. Bueno, había una doble intención. En Nueva York confluían las posibilidades de poder trabajar a alto nivel en empresa y poder seguir la formación a alto nivel en la parte artística. Yo estudié Administración y Dirección de Empresas y justo al acabar la universidad ya firmé un contrato con una consultora. Estuve trabajando allí, en una consultora-auditora, un año y medio. Pasado ese año y medio, como yo seguía con mi baile y demás, me surgió la oportunidad de trabajar en Televisión Española, en el ballet de un programa de televisión, de un espectáculo musical. Estuve solo una semana, pero recuerdo la sensación de levantarme por la mañana y decir: “Me voy a bailar”. El comparar la sensación que yo tenía por las mañanas cuando me iba a bailar a la sensación que tenía por las mañanas cuando me iba a auditar fue cuando empecé a pensar: “Aquí falla algo”. [Risas.] Entonces, al cabo de esa semana, llegué a la conclusión de que me apetecía probarlo, me apetecía intentarlo. Quizás en aquel momento fue un me apetece sin llegar a ser consciente en algún momento podía dar el paso de dejar lo otro, porque todavía tenía muchos miedos, pero sí que me dije: “Vamos a intentarlo”. En aquel momento fue cuando surgió la idea de ir a Nueva York a formarme, porque es un poco la cuna del espectáculo musical que es a lo que me quería dedicar. Entonces me enteré de unas becas que concedían para ir al extranjero en las que había cuatro plazas para ir a trabajar a los Estados Unidos y me apliqué para el programa, para el master, hice el programa, me dieron una plaza y eso me ha permitido estar dos años en Nueva York, por un lado continuando mi formación como trabajador en temas de comercio exterior y de negocio en general a nivel internacional, y por otro lado el formarme y el poder llegar a hacer un espectáculo allí en Nueva York, lo cual fue una experiencia estupenda.

Jaume: Nueva York, para los que no hemos estado nunca, pero que tenemos que ir, es la imagen de la capital mundial del arte y de la cultura. Junto con Berlín, son los dos ombligos internacionales de todo lo que se cuece, no sólo en cuestión de vanguardia, sino en artes de todo tipo.

Pablo: Nueva York es una ciudad que es tan sumamente vasta, en todos los aspectos, que te permite experimentar todo aquello que quieras. Si te apetece experimentar una ciudad cultural y artística, no te la acabas. Si te apetece explorar una ciudad de lujos y de placeres, tampoco te la acabas. Si te apetece experimentar una ciudad multicultural y de experiencias personales, tampoco te la acabas. Es una ciudad que te la puedes hacer a tu medida, porque tiene tanto para ofrecer…

Jaume: Y, además, ya la conoces, porque como la hemos visto tantas veces en series de TV y en películas, no tienes la sensación de ser un extraño…

Pablo: La sensación es esa, cuando llegas allí estás como en casa, porque la has visto tantas veces y, además, la mayoría de la gente que hay allí viviendo no ha nacido allí, con lo que hace que la energía que se mueve entre todo el mundo con el que convives sea la misma. Es muy fácil conocer gente, es muy fácil hacer cosas, colaborar… Estás en el metro o en un bar y es muy fácil girarte y ponerte a hablar con la primera persona que veas y preguntarle de dónde es, porque seguro que no es de Nueva York, preguntarle cómo ha llegado hasta allí y todo el mundo tiene una historia detrás. Van allí, normalmente, a perseguir un sueño, ya sea a nivel profesional o a nivel personal, pero es una ciudad muy romántica en ese aspecto, la gente va a hacer algo, por temporadas, además, que no suelen dilatarse mucho, lo cual hace, también, que quieran aprovechar al máximo el tiempo que van a estar allí porque saben que es efímero. Es una ciudad efímera por definición. Todo lo que hay allí tiene un tiempo limitado y, o bien lo aprovechas o se te escapa, porque enseguida hay otra cosa que ocupa su lugar. El ritmo es frenético.

Jaume: Pero, afortunadamente, no es como Las Vegas, que todo lo que pasa en Nueva York no se queda en Nueva York. Todo lo que haces allí tiene una proyección internacional.

Pablo: Totalmente, totalmente. No tienen nada que ver una ciudad con la otra. En mi caso, a mí me ha ayudado muchísimo el hecho de haber estudiado allí y el haber podido hacer un espectáculo. Eso me ha dado un cierto reconocimiento y me ha permitido compensar esa falta de formación de los años previos con el hecho de haber estado allí y haber podido aprovechar el tiempo.

Jaume: Dejaste Nueva York, supongo que con alguna lagrimita de lástima…

Pablo: Con la certeza de que voy a volver…

Jaume: …y llegas a Madrid, porque allí es el centro de la cultura en España.

Pablo: Sí, efectivamente.

Jaume: Así el Comercio Exterior…

Pablo: Nada, nada… Vine con una idea muy clara, que era la de abrirme camino y labrarme una carrera como artista, porque esta es una industria que te exige ser muy polifacético, cuanto más puedas hacer, mejor, pero no sólo como cantante, bailarín y actor, sino que cuantas más cosas hayas hecho, mejor. Es decir, si además de todo eso, has jugado al futbol, has tocado un instrumento o has hecho cualquier cosa, todo eso se valora mucho, porque hay mucha variedad de personajes y de roles y porque todas esas experiencias se tienen en cuenta porque, en cierto modo, te han tenido que aportar algo, por lo tanto, es una industria que, cuanto más hagas, mejor.

Efectivamente, la idea principal era venirme, principalmente, para bailar, actuar y cantar. Me vine con una audición cerrada para El Rey León, que no salió. Lo cierto es que llevaba muchos meses parado, sin hacer nada, entre dejar los Estados Unidos y afincarme aquí, lo cierto es que acusé muchísimo esa inactividad. La verdad es que esa primera experiencia fue bastante mala. A partir de ahí, me fui a Madrid, a seguir con el ritmo de clases, sobre todo de danza y de canto. En Nueva York me centré mucho en la parte de interpretación, que era algo que aquí había estado haciendo, pero cosas más puntuales, workshops de fin de semana, un taller por aquí, otro por allá… Enseguida empezaron a salirme trabajos de modelo, porque ya lo había estado haciendo en Estados Unidos, algún bolo, un espectáculo de cabaret y demás… Hasta que hace unos meses estuve haciendo varios castings, me llamaron de la productora de Disney y ahora estoy con ellos, en un espectáculo musical de gira por Europa, que se llama Disney Live! y son números musicales de Aladdin, La Sirenita y Toy Story. Es un espectáculo que lleva una compañía de bailarines y actores y es un espectáculo que, por el momento, girará por España e Italia y más adelante irá expandiéndose. Estoy contentísimo por estar trabajando para una compañía como Disney, más cuando estuve hablando con una compañera que tuve en Estados Unidos y que había trabajado con ellos y desde ese día tuve la ilusión de poder trabajar con ellos y ¡fíjate! Surgió el casting en Madrid, hice las pruebas y un mes más tarde, me llamaron y me dijeron que adelante…

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Jaume: Empezar cantando canciones de Alan Menken y de Randy Newman no es moco de pavo…

Pablo: [Riendo.] No, no lo es. Muy bien, muy contento.

Jaume: Alan Menken tiene cuatro Oscars por las canciones y la banda sonora de Aladdin y de La Sirenita, y otros cuatro de las canciones y banda sonora de Pocahontas y de La Bella y la Bestia, dos Oscar por cada película. Y Randy Newman ha sido nominado en muchas ocasiones, creo que veinte. Recuerdo que estuvo nominado por las tres Toy Story y se llevó un Oscar por las canciones de Monstruos S.A. y de Toy Story 3.

Pablo: Cuando trabajas para Disney, ellos tienen muy definidos cómo tienen que ser los personajes, entonces, por tema de estatura y tesitura, hay personajes que no podía interpretar. Disney tiene dos compañías que hacen este espectáculo, una en Estados Unidos y otra en Europa, y esto viene a confirmar el proyecto y la apuesta personal que había hecho por el mundo del espectáculo.

Jaume: Supongo que el hecho de trabajar en una compañía cuya función es ir de gira por toda Europa no te permitirá seguir formándote en centros oficiales o en escuelas con cursos estables, sino que tendrás que ir aprovechando stages, masterclass o cursillos muy concretos y de tiempo muy determinado.

Pedro: Este es el tema. El ir de gira con una superproducción de este tipo me da la oportunidad de trabajar con gente que lleva muchísimos años metida en el mundo del espectáculo, y eso es una oportunidad única. Ellos tienen mucho más recorrido que yo, voy a tener la oportunidad de aprender muchísimo, tanto de ellos, como de las personas que hay en producción, como de los equipos creativos. Piensa que estos se desplazan directamente desde los Estados Unidos y llevan el proceder americano…

Jaume: Bueno, es que funcionan como si fueran franquicias. Tienen cuatro semanas de ensayos y punto…

Pablo: Tienen un programa muy exhaustivo. Me llamó la atención que cada espectáculo tiene a una persona que está con una libreta, observándote y apuntando todo lo que haces y al final de la función te da una serie de indicaciones: “mejora esto, vigila con aquello…”. Es algo muy purista y muy milimetrado para que cuando veas ese espectáculo en cualquier lugar del mundo sea igual que el que puedas ver con otra compañía que hace ese mismo espectáculo. Eso te obliga a crecer muchísimo a nivel profesional, simplemente con lo que estoy haciendo en escena, pero, por supuesto, estos espectáculos se llevan sólo a escenarios enormes, lo que significa grandes ciudades y eso implica grandes escuelas de teatro. Cuando estemos en Milán, por ejemplo, me he propuesto ir a tomar clases al Piccolo Teatro de Milano, por ejemplo. Hacer clases de danza, de teatro… Además, al ser un espectáculo para niños, los horarios no son tan tardíos como los de cualquier otro musical, con lo que la franja del ocio nocturno la tenemos libre y podré aprovechar para poder ver espectáculos por toda Europa. Como es la primera vez que voy a hacer algo así, no sé cómo va a ir la cosa, no sé cómo me voy a encontrar, no sé cómo va a reaccionar mi cuerpo, así que mientras no me reclame descanso voy a aprovecharlo al máximo.

Jaume: ¿Tu objetivo es dedicarte al musical?

Pablo: Sí. A corto plazo me gustaría dedicarme al teatro musical. Ahora mismo, hacer personajes principales o secundarios no es algo que me importe tanto como el hecho de que tengan números musicales potentes que conjuguen baile y canto. Hay que aprovechar que ahora es el momento en el que físicamente puedo hacerlo. Después, a medio y largo plazo, me gustaría hacer cine y televisión, series y películas. Y ya a mucho más largo plazo, me gustaría ser capaz de poder acompañar, como una especie de coaching o algo que está todavía por definir, a gente que, como yo, quiera dar el salto a este mundo y ayudarles con la experiencia que espero acumular en este mundo del espectáculo, poder compartir con ellos este aprendizaje y esta experiencia. Sobre todo me gustaría transmitir, en la medida de lo posible, lo importante que es aprender a conocerte a ti mismo para todo, no ya sólo a nivel profesional, sino también a nivel personal. Desde que somos muy pequeñitos, no invertimos tiempo en conocer realmente quiénes somos, qué es lo que nos gusta, qué talentos tenemos y cuáles no. Nos dedicamos a encauzarnos por donde nos dicen que tenemos que ir, sobre todo en el colegio inciden mucho en el aprendizaje del conocimiento de la parte lógica-matemática, y no nos enseñan a mirar hacia dentro y encontrar qué es lo que nos hace felices. Creo que lo que nos está pasando como sociedad es porque la gente no es feliz haciendo lo que hace, es decir, los políticos no están en política por una cuestión de servicio a los demás, la gente que hace una profesión, por norma general, no está allí porque sea algo que les llene, sino porque de golpe se han encontrado allí. A mí me gustaría transmitir a esas personas que estén interesadas en recorrer ese camino interior, lo importante que es, desde pequeñito, lo importante que es ver qué es lo que quieres hacer, creer en ti, toda esa parte que tenemos muy descuidada y que luego hace que puedas disfrutar de la vida en general. Creo que al final, el rasgo común de todas las personas a las que admiro es que son gente que, más allá de admirarlas por el éxito profesional que puedan tener o el dinero que hayan podido ganar, les admiro porque están haciendo lo que quieren, porque disfrutan cada día de lo que hacen y se les ve, entran en una habitación o en un local y tienen una presencia única.

Jaume: ¿Hay algún personaje que te gustaría interpretar?

Pablo: Sí. Sí, sí.

Jaume: Yo te veo muy claramente en uno y no sé si estarás de acuerdo o no, pero te veo claramente.

Pablo: Yo empecé bailando jota en Alma Literana y luego, a los dieciséis años, hice mi primer espectáculo pequeñito con Penguin Jim. A partir de ahí hicimos un grupo y uno de los años hicimos un número, el Tango del Pabellón (Block Cell Tango) del musical Chicago. A mí me marcó muchísimo y me gustaría llegar a ser alguna vez Billy Flynn en Chicago. Es algo que, sí o sí, quiero hacer, se me ha metido entre ceja y ceja, aunque hay muchísimos otros papeles que me gustaría hacer, sobre todo más de tipo clásico. Me va más el canto de corte clásico que el pop o el rock.

Jaume: Yo te veía como Marius de Los Miserables

Pablo: Me encanta Los Miserables, también. Me encanta la música. De hecho es un musical que, con mi profesor de canto, trabajamos día sí, día también. Por tesitura [Pablo Ceresuela es barítono.] empecé cantando el obispo, pero ahora estamos estirando ahí. Ahora llego a la tesitura de tenor dramático después de mucho estirar y mucho trabajar. Intento cada día practicar, estirar la voz… Incluso en vacaciones. Mi novia y mi familia me dicen que descanse un poco, pero es algo que hay que hacer porque es una profesión, al fin y al cabo. Hay que hacer un entrenamiento diario, dejando uno o dos días de descanso a la semana para que el cuerpo procese e integre los avances, pero hago lo que puedo para ir practicando a diario.

Jaume: Acabas de nombrar a la familia y a tu pareja. Supongo que no debe haber sido fácil decirles que dejabas el mundo del comercio internacional para dedicarte al teatro musical.

Pablo: No creas. He recibido un enorme apoyo, tanto de mi familia como de mis amigos. Ha sido algo básico para mí. El hecho de que empieces a plantearte la idea y empiece a surgir en ti esa necesidad o esa ilusión por hacer este giro vital, en ese momento, esa idea es un brote muy frágil y es muy fácil chafarlo, y sin embargo, desde el minuto cero, sobre todo mis padres y mi hermano, pero mis amigos y todo el mundo, sin excepciones, a todo el que iba comentando que me encantaría dedicarme al teatro, siempre era una noticia bien recibida, me acompañaban, en el momento en el que, finalmente, he podido ponerlo en marcha, he tenido la suerte de que todo el mundo se alegre, y eso es algo que no tiene precio y que no es habitual y esa es la base de todo. Si yo el primer día que dije “quiero dejar el mundo de los negocios y quiero dedicarme al espectáculo” hubieran empezado mi padre o mi madre, o hubiera empezado a aparecer gente poniendo peros, del tipo “pero cómo vas a hacer esto, tal y como están las cosas”, que hubieran sido comentarios perfectamente lógicos, lo más fácil es que ese brote se hubiera venido abajo. Y, sin embargo, he tenido apoyo de todo el mundo. Para mí, esto que me está pasando es, en gran parte, gracias a ellos, porque saber que están ahí, que, pase lo que pase, en los días buenos y en los días malos puedes descolgar el teléfono o quedar con un amigo o volver a tu pueblo y ver que se siguen alegrando como el primer día, y que después de estar un año en Nueva York veas que aún tienes ganas de volver a casa porque está tu gente, eso es uno de los mayores regalos y de los mayores activos que tengo a día de hoy, más allá del talento o no que pueda tener o de lo bien o mal que me puedan ir las cosas. Tengo que dar muchísimas gracias a la gente que me rodea, muchísimas. Empezando por mis padres y hermano y siguiendo por amigos, compañeros de trabajo y gente que me he ido encontrando y con los que he compartido la experiencia que he tenido hasta ahora.

Jaume: Por compañeros de trabajo te refieres a los actores, ¿no?

Pablo: No, y gente de los negocios también…

Jaume: ¡Esos eran unos envidiosos que te querían fuera del negocio para ocupar tu puesto!

Pablo: Nooo. [Risas.] Yo guardo muy buena relación con los equipos de trabajo con los que estuve en el mundo de la empresa, sobre todo en la auditoría, jefes que tuve allí y que me los he encontrado después y que son de la zona o me los he encontrado después en Barcelona, o gente con la que sigues en contacto a través de Facebook y que se alegran un montón, que en el momento de decidir dejar el mundo de los negocios para dedicarme al teatro acogieron muy bien la idea. Eso es algo que no tiene precio. Esa fue una condición básica e indispensable para que yo hoy pueda vivir lo que estoy viviendo.

Obviamente, hay una parte de mí que tiene una estructura de pensamiento de empresa, y eso está incrustado en mi persona y me puede ayudar en muchos aspectos de la vida, y uno de los aspectos de mi empresa personal es que las decisiones nunca pueden estar motivadas por el miedo. En el momento en que tomas una decisión por miedo a algo, esa decisión viene mal de raíz. En el momento en que tomé la decisión de dedicarme al mundo del espectáculo yo me hubiera quedado en el mundo de los negocios por miedo a que esto no me salga bien, es una decisión errónea. En el momento en que tomas una decisión por pasión, por ilusión, en ese momento, ese es el motor de ese proyecto. Luego, que salga bien o no, depende de muchas variables que se pueden ir de madre, pero el principio es el correcto. El miedo no te lleva a ninguna parte.

 


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