recortes de prensa

  • . . . la prohibición del aborto constituye una violación grave de los derechos de las mujeres. Así lo han señalado la CEDAW, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU y el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo-CIPD. Según estos organismos internacionales, cuando prohíbe el aborto, el Estado se convierte en un auténtico agresor institucional que somete a su control nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestra capacidad reproductiva.

    Prohibir el aborto supone una violación del derecho a la vida; el derecho a la salud y a la atención médica; el derecho a la igualdad y la no discriminación; el derecho a la seguridad personal; el derecho a la autonomía reproductiva; el derecho a la privacidad; el derecho a la información sobre salud reproductiva (que incluye la educación sexual); el derecho a decidir el número de hijos y el intervalo entre los nacimientos; el derecho a disfrutar de los beneficios del progreso científico; y el derecho a la libertad religiosa y de conciencia, cuando se hace descarado apostolado desde las instituciones. Y supone, además, y sobre todo, una violación del derecho que tenemos las mujeres (como los demás seres humanos) a no ser sometidas a un trato cruel, inhumano y degradante.

    Por lo demás, la prohibición del aborto discrimina a las mujeres frente a los hombres pues el embarazo y el parto solo les afecta a ellas, especialmente si hablamos de quienes tienen menos medios culturales y económicos para procurarse abortos seguros y legales. La realidad de las madres que quisieron abortar y no pudieron se estudia muy bien en la Universidad de California (UCSF) en el Turnaway Study. Un estudio (“estudio del rechazo”) que muestra cómo estas mujeres han acabado siendo más pobres, sufren más enfermedades y más trastornos mentales, y son más vulnerables frente a la violencia machista.

    María Eugenia R. Palop: «#SeráLey», en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 9 agosto 2018 (extr. La Litera información)

  • El fascismo . . . usó la violencia de las masas para hostigar y finalmente vencer a sus oponentes. Las amenazas a la democracia son hoy más insidiosas. Para empezar, agitan un señuelo populista que les da victorias electorales abrumadoras, cosa que Hitler nunca consiguió: apenas pasó del 37 % del voto en unas elecciones nacionales libres. Por esto desplegó cientos de miles de camisas pardas, siguiendo el ejemplo de Mussolini con los squadristi, y así convirtió su victoria democrática en poder dictatorial. Para los actuales enemigos de la democracia la clave son las instituciones coercitivas del Estado, no los ejércitos privados de matones.

    Richard J. Evans: «Fascism and The Road to Unfreedom review – the warning from the 1930s», en theGuardian.com ; London : Guardian News and Media Limited, 19 julio 2018 (extr. y trad. La Litera información)

  • Fascism . . . used mass violence against its opponents to bludgeon them into submission as a means of overcoming them. Today’s threat to democracy, surely, is more insidious, involving, as a start, a populist appeal to voters that produces the kind of overwhelming electoral dominance that Hitler, who never secured more than 37.4% of the vote in a free national election, failed to achieve. That is why he deployed hundreds of thousands of stormtroopers, following the example of Mussolini’s squadristi, to turn democratic success into dictatorial power. For today’s enemies of democracy, it is the coercive institutions of the state that play the key role, not private armies of thugs.

    Richard J. Evans, “Fascism and The Road to Unfreedom review – the warning from the 1930s”, in theguardian.com ; London : Guardian News and Media Limited, 19 july 2018 (excerpt La Litera información)

  • . . . Ahora mismo la política se ha convertido en una especie de nichos separados; por mucho que se utilice la palabra intersectorialidad, en los resultados prácticos ves que lo que hay son conflictos muy concretos, muy mediáticos, y que nuestra atención va de un conflicto a otro, de un nicho a otro, dependiendo de la polémica o de la ofensa de esa semana.

    Entonces, esta semana toca la polémica con el tema de la transexualidad o transgénero, pues allí vamos todos a ver qué es lo que ha ocurrido, quién ha dicho qué... Pero no hay una visión general y global del conflicto político . . .

    [Es] la trampa de las identidades, cómo las identidades se han convertido en una forma de expresarnos porque nuestras tres grandes identidades, que eran la identidad de clase, la identidad nacional y la identidad religiosa, se han difuminado completamente en los últimos 40 años. Sin embargo, la identidad religiosa y la nacional están volviendo con fuerza y de la forma más reaccionaria.

    Sin embargo, la cuestión de clase sigue olvidada y no me parece que nadie quiera recuperarla. Cualquier hecho político se expresa mediante una identidad, pero no se puede reducir sólo a ella . . .

    Es verdad que hay cuestiones específicas, pero se diría que, mientras en el siglo XX lo que se buscaba era cómo unir a la gente . . . en el siglo XXI el activismo lo que busca es exagerar las diferencias entre los individuos hasta el punto de que parece que los pone a competir entre sí . . .

    ¿Qué es lo que pasaba cuando un grupo de personas se juntaba? Exigían medidas materiales colectivamente para paliar sus problemas . . . Ahora resulta que todo se reduce una cuestión simbólica y, por tanto, la política queda reducida a un juego de ofensas. Al capitalismo le viene estupendo mientras estamos entretenidos en esa serie de trampantojos y no nos fijamos en temas esenciales.

    Daniel Bernabé, entrevistado en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 22 junio 2018 (extr. La Litera información)

  • Al acabar la primera guerra árabe-israelí, había cientos de miles de palestinos dispersos por todos los rincones de la región. Algunos historiadores registraron los hechos, conscientes de que la versión del ganador tiende a prevalecer. Los escritos de Walid Khalidi o Sami Hadawi son inequívocos: sea porque prefirió huir para protegerse, sea porque lo obligaron, el pueblo palestino fue expulsado de su tierra. Sin embargo, para que esta versión de los acontecimientos de 1948 se difunda más allá del mundo árabe habrá que esperar hasta 1987, con la publicación de los primeros libros de los «nuevos historiadores» israelíes, como Benny Morris, Tom Segev, Ilan Pappe y Avi Shlaim. Basándose en los archivos de su Estado, estos investigadores derriban uno tras otro los pilares de la historiografía oficial.

    . . . El recuerdo de la Nakba amenaza con empañar la total inocencia de que presume el aparato estatal israelí. Aceptar que cuando se creó el país sus combatientes no fueron víctimas sino verdugos echaría a perder la «pureza de las armas» que se atribuye al ejército llamado «de defensa» de Israel.

    Thomas Vescovi: «Israël hanté par la Nakba», en Le Monde diplomatique, mayo 2018 (extr. y trad. La Litera información)

  • Au terme de la première guerre israélo-arabe, des centaines de milliers de Palestiniens se retrouvent éparpillés aux quatre coins de la région. Des historiens enregistrent les événements, conscients que la version du vainqueur risque de s’imposer. Les écrits de Walid Khalidi ou Sami Hadawi sont sans ambiguïté : qu’il ait préféré fuir de lui-même pour se protéger ou qu’il y ait été forcé, le peuple palestinien a été chassé de sa terre. Mais, pour que cette version des événements de 1948 se diffuse au-delà du monde arabe, il a fallu attendre 1987 et la publication des premiers ouvrages des « nouveaux historiens » israéliens, parmi lesquels Benny Morris, Tom Segev, Ilan Pappé et Avi Shlaïm. En s’appuyant sur les archives de leur État, ces chercheurs ébranlèrent un à un les piliers de l’historiographie officielle.

    . . . La mémoire de la Nakba risque de ternir la totale innocence qu’affiche l’appareil d’État israélien. Accepter qu’à la création du pays ses combattants n’aient pas été des victimes, mais des bourreaux, ruinerait la « pureté des armes » dont se targue l’armée dite « de défense » d’Israël.

    Thomas Vescovi, « Israël hanté par la Nakba », in Le Monde diplomatique, mai 2018 (extr. La Litera información)

  • Eso cambió en España en 2015 con la última reforma del Código Penal . . . en la que los dos principales partidos nos intentaron convencer de que el Estado era débil y la sociedad estaba en grave peligro a causa de la amenaza inminente del terrorismo yihadista . . .

    Para ello, se amplió la definición de terrorismo . . . Esa nueva concepción pactada por el PP y el PSOE abría la puerta a perseguir conductas que nada tienen que ver con el yihadismo. La herramienta era el artículo 573 del Código Penal que establece que el delito de terrorismo es prácticamente cualquier delito grave . . . que tenga alguna de las finalidades reseñadas en él.

    La primera . . . era esta: “Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo” . . .

    No hay gran movilización de protesta que no pretenda obligar a una Administración nacional, autonómica o local a hacer algo o dejar de hacerlo. Es lo que ocurrió en los años 80 en las manifestaciones contra la reconversión industrial en Sagunto y Ferrol, en las protestas de los mineros asturianos en distintas épocas, en el barrio de Gamonal en Burgos, o más recientemente en Murcia, y en todas las concentraciones para impedir desahucios.

    En muchas de esas movilizaciones hubo hechos violentos de mayor o menor gravedad, y en algunos casos hubo personas que tuvieron que responder por sus actos en los tribunales. Nadie los consideró terroristas . . .

    Ese mismo artículo 573 dicta que “alterar gravemente la paz pública” es motivo suficiente para entablar una acusación por acto terrorista, un concepto tan amplio que nos coloca ante una situación de clara inseguridad jurídica.

    Al final, un acto terrorista en España es lo que la Audiencia Nacional quiera señalar como acto terrorista. Ahora mismo, un corte de carretera –una estampa nada insólita en una democracia– ha pasado a ser un instrumento terrorista . . .

    Iñigo Sáenz de Ugarte: «Todos somos terroristas en potencia y la Audiencia Nacional lo sabe», en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 11 abril 2018 (extr. La Litera información)

  • . . . En este contexto, la voz de Patricia Ramírez, madre de Gabriel, resonó como salida de otro mundo, cuando en realidad provenía del amor más común que existe: el amor de madre.

    Su mensaje principal: no poner el foco en la rabia y el enemigo, sino en la solidaridad y las “acciones bonitas”. Desplazar la atención hacia los gestos de apoyo que habían “sacado lo mejor de las personas” durante aquellos días. Que lo que permanezca, en el sinsentido absoluto de la muerte de Gabriel, sea el recuerdo cálido del abrazo social. “Porque otras personas lo van a necesitar en el futuro”.

    ¿De dónde sacaba Patricia las fuerzas para no dejarse envenenar por el deseo de venganza? Es la pregunta que le hacían los periodistas una y otra vez, perplejos e impresionados. Y ella respondía siempre lo mismo: “en honor al pescaíto, él no era así y yo tampoco”. Es decir, no es que Patricia haya conservado la “sensatez” y la “cabeza fría”, como si los afectos llevasen directos al odio y la rabia y sólo “la razón” pudiese contenerlos. Es la típica visión masculina. En realidad es justo al revés: la voz de Patricia salía del amor hacia su hijo, del agradecimiento hacia quienes se habían movido por él y del deseo de que su recuerdo no quedase asociado a la rabia vengativa. De los afectos.

    Amador Fernández-Savater: «La destrucción de la empatía», en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 23 marzo 2018 (extr. La Litera información)

  • La llamada Ley de Campbell advierte de esa modificación de la realidad al ser medida. El psicólogo americano la formuló de la siguiente manera: «Cuanto más se aplica un indicador cuantitativo para las decisiones sociales, tanto más distorsiona y corrompe los procesos sociales que debería observar». El ejemplo que aducía tenía que ver con un hecho trágico de la guerra de Vietnam. En la primera fase de la guerra, el ejército americano tenía muy poca información acerca de las bajas que producía en el enemigo y propuso que éstas se contaran para evaluar la eficacia de las unidades de combate. Esto implicaba presionar para matar al mayor número posible de enemigos, lo que incluía cada vez más a civiles, ya que en una guerrilla no está del todo clara la diferencia entre soldado y civil . . .

    La cuantificación, es decir, la transformación de los fenómenos sociales en el lenguaje de los números, consigue muchas veces sustraerse de la obligación de justificarse y se inmuniza así frente a la crítica . . . su carácter técnico permite ocultar los presupuestos tácitos de su elaboración, las selecciones que se han preferido y las alternativas que han sido excluídas.

    Los números no son sólo matemáticas; también hacen política . . . Los algoritmos producen y representan lo que ha ser considerado como relevante y valioso. Las estadísticas presumen de reflejar una realidad objetiva, pero son construcciones selectivas que en parte producen esa realidad . . . Las clasificaciones no se imponen por su propia evidencia, sino que son más bien el resultado de un cierto combate social . . . En cuanto se ha decidido consagrar un indicador, todos los actores se ven obligados a guiarse por él. En la lucha por la clasificación nos jugamos también una determinada distribución del poder . . .

    Daniel Innerarity: Política para perplejos; Barcelona : Galaxia Gutenberg, 2018 (extr. La Litera información)

  • La prisión de los dirigentes catalanes es para el gobierno un motivo de orgullo del que alardea sin reparo. Sin importarle nada que sus afirmaciones al respecto . . . indiquen sin muchos matices que la separación de poderes no existe.

    . . . Siguen violando los derechos más elementales de esos ciudadanos españoles porque si los liberaran no tendrían más remedio que hacer lo mismo con Carles Puigdemont, si éste se presentara al día siguiente en un juzgado. Y una vez realizado ese trámite podría perfectamente aspirar a ser elegido president de la Generalitat. In person.

    Rajoy no puede tolerar eso. Sería la confirmación más humillante del sinsentido de su estrategia frente al independentismo. Que el ex-president volviera a su despacho después de una elecciones que Rajoy convocó –con la intención, se supone, de doblar el espinazo a Puigdemont y a los suyos– sería una vergüenza. Ahí sí que Ciudadanos haría sangre.

    Carlos Elordi: «¡Libertad para los presos políticos catalanes!», en eldiario.es ; Madrid : Diario de Prensa Digital, 9 febrero 2018 (extr. La Litera información)

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