el relevo

  • ¿Un regreso al pasado en lugar de un avance hacia el futuro?

    Crónicas del colapso

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    Se trataba de un domingo dedicado, como de costumbre, a comer junto a la familia. No eran de esa gente que pudiese presumir de sus riquezas, así que acostumbraban a comer arroz con conejo acompañado de algo de pan que solía traer la hermana de Pedro.

    Pedro tenía 30 años y convivía junto a su mujer Laura, sus padres y sus dos hijos Sofía y Hugo. Todos ellos vivían en una casa situada al centro de una pequeña ciudad de la que ya no se podía presumir como cuando la habían comprado, allá por el 2018. Había pasado el tiempo, y ya poco quedaba de aquella ciudad tan acogedora. Seguía habiendo dignidad pero ahora se respiraba pobreza como consecuencia de los problemas surgidos a raíz del agotamiento del petróleo.

    La hermana de Pedro acostumbraba a ir a comer junto a su hija pequeña a casa de sus padres y de su hermano. Ésta vivía cerca, en una localidad en la que parecía que las consecuencias del colapso no habían sido tan visibles.

    Años atrás el gobierno había restablecido el servicio militar, no corrían tiempos de prosperidad y nunca se sabía a qué punto podían regresar las viejas ambiciones de acumular riquezas como antes de la desaparición del petróleo.

    Aquel día familiar parecía marchar como siempre. Se comía entre risas y recuerdos de buenos momentos. Algunas anécdotas que habían perdurado hasta aquel entonces relatadas por el abuelo. Pero de repente una llamada inesperada hizo corromper ese buen ambiente que se había generado. Se trataba de un antiguo compañero militar de Pedro que le informaba de que un país vecino, agobiado por su falta de recursos, harto de depender de la caridad y ser uno de los más ignorados, había decidido declararnos la guerra. El gobierno vecino no había entrado en razón. Querían hacer suyas las fuentes de extracción de las diferentes fuentes de energía encontradas por el momento como sustitutos del petróleo. Y ahora nuestro gobierno acababa de ordenar la movilización general.

    Cuando Pedro comentó que debía incorporarse a filas, su madre y su esposa rompieron a llorar, su hermana quedó paralizada, y no tardó en actuar de igual manera que su madre y su cuñada. Sus hijos no comprendían nada, todavía eran pequeños y apenas sabían pronunciar palabra. Su padre no paraba de maldecir al gobierno y al sistema que les había tocado vivir y que, si no hubiesen sido tan conformistas y egoístas, actualmente no tendrían que sufrir esa clase de sobresaltos. Pedro, en cambio, no decía nada, permaneció callado y pensativo, preocupado por la situación que estaba por llegar tras su partida. Parecía que viviesen en los años 30, era una locura, parecía surrealista.

    A la mañana siguiente Pedro marchó. Se despidió de su familia y regaló un pequeño colgante a cada uno de sus hijos que conservaba en su armario, indicándoles que gracias a ellos podrían recordarlo y que, con su recuerdo, harían que él estuviese bien.

    Pasó mucho tiempo, las noticias acerca eran escasas. El terror en todo el país iba en aumento. La escasez y la crisis proseguían y la guerra no acababa. Los familiares de Pedro comenzaban a preocuparse y no sólo tenían que soportar la ausencia de un familiar, sino que el miedo seguía presente en las calles, en las propias casas, la gente comenzaba a comportarse de una manera inaguantable, todos temían por la vida de sus hombres. La gente no comprendía cómo se podía haber llegado a esa situación.

    Los domingos ya no eran los mismos, la ausencia de Pedro cada vez era más insoportable, los niños apenas recordaban su rostro, sus padres envejecían y les preocupaba cada vez más morir sin ver regresar a su hijo. Tras un par de años de incertidumbre, las noticias llegaron como una lluvia fina. En los telediarios anunciaban la victoria sobre el indeseable enemigo. Era hora de que las cosas empezasen a tomar su curso normal. Sin embargo, se desconocía el paradero de Pedro, semanas después del fin de la guerra, éste seguía sin aparecer por casa, su familia empezaba a hacerse a la idea de que jamás volvería. Pero una noche, después de que la familia encendiese las velas, Laura salió a sacar la basura y, cuando abrió la puerta, divisó una sombra que se aproximaba hacia ella llamándola por su nombre con alegría. Ella al principió tuvo miedo, pero no tardó en recordar y reconocer aquella voz. Esa era la voz de su marido quien gritaba: ¡Al fin te tengo conmigo!

    Pedro regresó a casa de nuevo, junto a su familia y sus amigos, contento por su victoria y agradecido por regresar sano y salvo.

  • La vida de Târeq

    Crónicas del colapso

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    Târeq tenía 30 años y tenía dos hijos con los que vivía alejado de Kuwait, la capital. Como la mayoría de los kuwaitís su forma de vida estaba basada en el petróleo. Tenía un pequeño pozo petrolífero con el que tenía que subsistir debido a que la empresa petrolífera que lo contrató le pagaba una miseria en comparación al beneficio que sacaba de allí. Pero Târeq cada día se daba cuenta de que algo fallaba; cada vez salía menos crudo y el precio de la gasolina estaba disparado, incluso en las noticias informaban de que el petróleo se agotaba pero las multinacionales no parecían prestar atención.

    Aquel 2 de Junio empezaron a llegar camiones del ejército en vez de los habituales de Texaco. Târeq preguntó a un oficial sobre lo que estaba sucediendo pero aquellos oficiales únicamente respondían que él siguiera como si no pasara nada y que continuara extrayendo como siempre.

    Varios meses después escuchó que en países como Estados Unidos o Venezuela, habían acabado por completo con las reservas de petróleo. Y que se rumoreaba que Estados Unidos estaba planeando invadir países que aún contaran con pozos activos como era el caso de Kuwait, donde el gobierno había comenzado a construir bunkers a toda velocidad.

    La guerra había comenzado, los marines estaban intentando asaltar los bunkers del Golfo Pérsico pero la falta de combustible hacía que el ejército estadounidense no fuera el de otras épocas. Cientos de vehículos aéreos y terrestres fueron abandonados por los militares que se batían en retirada en todos los frentes de batalla… los supervivientes serían evacuados en buques movidos por energía nuclear.

    Mientras tanto Târeq podía seguir extrayendo aun sabiendo que no quedaba mucho y empezó a buscar trabajo en la ciudad. Un año después Târeq extrajo la última gota de petróleo y ahí fue cuando se dio cuenta realmente de que la humanidad tenía un problema serio y decidió mudarse a la ciudad de Kuwait. El paisaje que había conocido estaba cambiando: coches abandonados, centrales térmicas cerradas, pozos petrolíferos en quiebra...

    Allí empezó a montar con su mujer y sus hijos un pequeño supermercado libre de petróleo… sin envases desechables ni embalajes. Aquello funcionó, la gente se acostumbró pronto.

    El planeta sufrió en un cambio radical. Muchos países estuvieron varias semanas sin energía hasta que pudieron diseñar planes de emergencia para conseguir energía limpia sin la necesidad de utilizar materias fósiles, muchos empezaron utilizando energía nuclear o las reservas que quedaban para poder construir infraestructuras tales aerogeneradores, centrales geotérmicas y placas solares para después acabar utilizando sólo fuentes renovables. Islandia se llenó de centrales geotérmicas, España de placas solares, los archipiélagos se llenaron de máquinas que aprovechaban las olas e incluso la ONU organizó congresos con los científicos más brillantes de la época para poner en marcha centrales energéticas más eficientes. Aquí fue cuando la humanidad llego a la cumbre de su tecnología… limpia y segura, la capa de ozono se redujo a mínimos históricos desde 1980 y también la contaminación marítima sobre todo debida a plásticos y residuos de petróleo.

    Muchos años después, cuando entraba el nuevo siglo y Târeq era un anciano y sus hijos eran empresarios pioneros en negocios de la era sin petróleo. El viejo echó la vista atrás y se dio cuenta de que cuando la humanidad más cerca había estado de hundirse, había sido cuando se supo dar el cambio para una vida mejor y más limpia entrando en una convivencia estable con el planeta y con el resto de seres vivos. El fin del petróleo había enseñado a hacer de la necesidad virtud.

  • Diario de un consumidor sin recursos energéticos

    Crónicas del colapso

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    El 16 de octubre del año 2112 comienza lo que será una de las mayores revoluciones a nivel global, aunque en este caso no será para el progreso, como venía siendo habitual durante ya hacía unas décadas, más bien es todo lo contrario, se acaba de anunciar el fin definitivo del petróleo en nuestro planeta.

    Día 1 d.P (después del petróleo): Hoy ha ocurrido el terrible suceso del que ya durante los últimos días habíamos sido advertidos, ha sido y será un día histórico, el comienzo de una nueva era y para la mayoría de nosotros de una nueva forma de vida. Todas las reservas de petróleo se han agotado, en un principio el cambio se sentirá en medios de transporte o calefacciones. No voy a negar que cuando me he enterado de la noticia ha sido como si mi vida me pasara por delante, pese a que ya estaba ligeramente mentalizado de que esto podía ocurrir.

    Día 5 d.P.: No ha pasado ni una semana de esta nueva era y la vida de todo el planeta ha cambiado. Esta mañana, cuando me disponía a salir de casa para ir caminando a trabajar, unos agentes entraron en mi casa. Andaban preguntando (por orden del gobierno) por diferentes tipos de medicamentos que todos los ciudadanos poseemos en nuestras viviendas. En un principio me ha parecido un acto un poco extraño aunque, recapacitando sobre lo ocurrido durante los pasados días, no me costó reconocer entre la realidad y lo que bien podría ser unan novela de ficción. En ese momento, me explicaron que en algunos tipos de medicamentos hay ácido acetilsalicílico que encontramos por ejemplo en las aspirinas y es un producto de origen petroquímico.

    Día 10 d.P.: Tras poco más de una semana sin tener acceso a ningún tipo de fuente de energía no renovable, la población comienza a sumirse en un profundo caos y el descontento social está provocando todo tipo de manifestaciones y ataques violentos contra los gobiernos a los que no se les culpa tanto de la falta de estos recursos, sino de no haber previsto el colapso que se avecinaba.

    Día 30 d.P.: Esta mañana he tenido que llevar mi automóvil a lo que antes era un concesionario. Un taller en el que ahora se examinan vehículos y se busca la reutilización de cualquier material que pueda ser útil. A cambio, me han pagado un precio bastante razonable. No os voy a negar que ha sido un momento duro, pese a que ya llevaba un tiempo sin utilizarlo, ha sido como si me arrebataran una parte de mí, un conocido, compañero o incluso un amigo, y la gran independencia que me proporcionaba.

    Día 85 d.P.: Durante el día de hoy largas filas se han ido formando en torno a los centros comerciales. Hace tiempo se habrían reunido aquí grandes cantidades de personas, aunque con una finalidad totalmente diferente. Al no haber petróleo, muchos de los tejidos que usábamos de forma cotidiana ya no se pueden fabricar, así como otros productos que comprábamos a diario como maquillaje. En este caso, las diferentes tiendas intercambiaban productos que estaban fabricados con materiales de origen animal por los que la población tenía en su casa.

    Día 114 d.P.: Tras varios meses de convivencia con este nuevo estilo de vida puedo decir que he llegado a la conclusión de que los avances y todo lo que en un principio se nos propuso, están yendo más lento de lo esperado. Algunas de las personas de mi entorno más cercano, se han ido marchando a pequeños pueblos en los que pueden vivir de una forma autosuficiente, ya que en la ciudad todo es cada vez más difícil. Las tecnologías se pararon y pese a que muchos desarrolladores están buscando nuevas opciones, todo está siendo más difícil de los que preveíamos.

    Día 327 d.P.: Una gran noticia nos ha despertado hoy. Una nueva fuente de energía podría ser usada para reemplazar el petróleo, a pesar de que puede llevar incluso décadas llegar al punto en el que estábamos hace casi un año, por fin se ve la luz al final del túnel, uno muy oscuro, en el que las noches han sido duras, en muchas ocasiones sombrías y consumiendo las pocas velas que se guardaban por los cajones de algunas cocinas.


    Aquella fuente de energía de la que se hablaba era la energía solar, una de las más prácticas en países como España por el número de horas de Sol que recibe durante el año. Aunque ésta no podía reemplazar productos como el maquillaje o la ropa supuso un antes y un después en la vida de todas aquellas personas.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Tripolo

    Crónicas del colapso

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    Abandonamos la Tierra hará ya unos 200 años.

    Mamá no me quiso contar lo que pasó a la perfección, pero tengo una ligera idea. Fue debido a algo llamado petróleo, aunque no sé muy bien de que se trata, pero… era como un Dios al parecer, y no sé por qué motivo se fue pero por su culpa un planeta llamado Tierra ha muerto. Ahora vivimos dentro de naves en el espacio exterior. Esta no deja de moverse ya que estamos todo el tiempo siguiendo a una nave que va delante de nosotros, es de color metálico y es más grande que la nuestra, pero seguro que esta es más acogedora. Papá y mamá me han dicho que estamos buscando un nuevo planeta para instalarnos y que por eso estamos siguiendo a nuestra nave vecina, y a su vez ella sigue a su nave vecina, y ella a la suya y ella a otra más, y más. Es una cola muy larga.

    Yo ya nací en mi nave y por eso no sé cómo era esa tal Tierra, pero seguro que era más emocionante y divertida que este aburrido cohete, y digo esto porque simplemente tengo un amigo, se llama Pedro, pero es muy difícil jugar con él, por eso la mayoría del tiempo estoy aburrida. Pedro vive en una nave vecina a la nuestra y por la ventana de mi sala puedo verle, pero como no podemos hablar, ni tocarnos y a veces incluso cuesta vernos, paso la mayor parte de mi tiempo en solitario, aunque están mis padres, pero ellos pasan la mayoría del tiempo con sus máquinas para hacer que este cacharro se mueva. Por suerte hará un par de días que informaron que estábamos a tan solo un año luz de llegar a un planeta que podría ser habitable y como estas naves, aunque no lo parezca, van a una gran velocidad, no tardaremos tanto en llegar.

    Tengo muchas ganas de poder conocer en persona a Pedro, entonces sí que estaría todo el tiempo con él. También podría pasar tiempo con mis padres, tengo muchas ganas de poder hacer cosas con ellos y no que tengan que estar todo el día sentados en sus asientos de piloto. Espero que no se me haga muy largo todo este tiempo.

    No sé cuánto ha pasado exactamente pero se me ha hecho eterno. Acabamos de aterrizar y estamos esperando a que informen si el perímetro es habitable. Pedro y yo nos estamos mirando por la ventana haciéndonos señales de alegría y emoción. Efectivamente, es habitable por lo que nos vamos a disponer a bajar. Cada vez que piso un escalón de esta nave se me pone la piel de gallina. Doce largos y profundos escalones hasta llegar a lo que llevaba esperando toda mi vida. Al apoyar los pies sobre aquel arenoso suelo por primera vez tuve una sensación extraña, pero no tarde en acostumbrarme.

    Todo el terreno que mis ojos podían alcanzar estaba lleno de naves con gente bajando de sus respectivas y dando saltos de alegría. Unos acababan de llegar, otros llevaban allí ya un tiempo y otros faltaban por llegar, pero pronto, toda la humanidad que consiguió salvarse de la catástrofe del petróleo ha conseguido llegar a este nuevo planeta que por lo que estoy escuchando tiene unas características parecidas a las de aquel lejano planeta que se hizo llamar Tierra.

    A lo lejos vi a Pedro y en cuanto el me vio nos echamos a correr lo más rápido que nuestras cortas piernas podían alcanzar y al llegar nos abrazamos, nos abrazamos tan fuerte que pensaba que nunca más podríamos llegar a soltarnos. Desde ese momento comenzó una nueva era.

    Llevo ya ocho años en este planeta al que llamamos Trípolo y yo ya he crecido, soy una mujer hecha y derecha. Todo es muy distinto de aquella vida en naves pero por lo que se habla, la vida no es muy distinta a la que se vivía en la ya extinta Tierra, pero seguimos sin petróleo, sin embargo se han encontrado otros recursos que lo sustituyen. La tierra aquí es en todas las zonas muy fértil y se puede cultivar grandes cantidades de comida, por lo que todo el alimento es ecológico y no hacen falta productos procesados, todos nos movemos por naves eléctricas, conseguimos energía para nuestras casas de unas fuentes renovables que existen en Trípolo y muchas cosas más que hacen que el petróleo no sea necesario en este nuevo mundo.

    Finalmente, con esto acaba mi historia, ya soy una mujercita y no necesito un diario para entretenerme. Nunca se sabrá cómo acaba esta etapa, si todo sigue igual para el resto de nuestras vidas o quizás todo se extinga mañana mismo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Una ¿nueva? era

    Crónicas del colapso

    crónicas del colapso(Puedes leer primero la presentación de la serie «Crónicas del colapso»)


    Era un fabuloso día de primavera. Carla, una niña de doce años de melena larga, ondulada y morena que vivía en Cerler, era muy curiosa y solía interesarse por la actualidad actual, desde asuntos políticos a medioambientales. Ese mismo día recibió un WhatsApp de su único y mejor amigo Jon:

    -¡Ey, Carla! Mi padre acaba de decirme que ha escuchado por la radio que la producción del petróleo está disminuyendo de una manera bestial. Además, ¡lo más impactante que ha oído es que los expertos prevén que para el año de viene sobre estas fechas ya no quedará nada en absoluto -escribió Jon sin aliento.

    -Ah, ¿en serio? –Respondió Carla- Y ¿qué crees que pasará el año que viene? ¿Cómo bajaremos a Benasque al colegio si no hay gasolina? Entonces todos los automóviles ya serán eléctricos, ¿no? Pero… ¡los neumáticos también vienen del petróleo! ¿Y qué pasará con los envases de todos alimentos, o incluso con los electrodomésticos y dispositivos informáticos? ¡Ay, Jon! todos esperábamos que algún día llegaría esta noticia… ¡pero no tan pronto! -tecleó Carla asustada.

    Jon y Carla eran como uña y carne, siempre estaban juntos. Vivía muy cerca de ella en una pequeña casa recubierta de placas solares; al igual que toda la población. Su padre, a pesar de eso, era un poco antiguo en asuntos informáticos. Un tipo de unos cuarenta y cinco años y le encantaba escuchar su radio, un aparato al que le quedaban muy pocos años de vida.

    Carla, tras recibir ese mensaje decidió ir a contarle todo a su querido abuelo Lucas. Él había vivido en una época en la que el petróleo se utilizaba para todo: automóviles y camiones, la mayoría de las cosas de comer iban envasadas, los tejidos de muchas prendas de vestir también contenían petróleo, y así muchas cosas más.

    Carla subió las escaleras hacia la habitación de Lucas, y comenzó a contarle el mensaje de Jon que había recibido hacía unos minutos.

    -Ay hija mía…en este punto en el que estoy ya no sé qué puede ser verdad y qué no. En mi juventud, a toda la población le preocupaba el asunto del petróleo pero aun así seguían inventando cosas que contenían ese recurso. Años más tarde comenzaron a verse coches eléctricos, placas solares en algún que otro tejado…Y hoy en día todos los tejados están repletos y apenas se ven coches que funcionen con gasoil, por lo que el mundo está evolucionando y adaptándose a los nuevos problemas diarios que van surgiendo.-contestó Lucas.

    -Ya abuelo -añadió Carla-, pero igualmente tú has convivido toda la vida con el petróleo y se dice que el año que viene ya no habrá más… ¡es una noticia tan cercana que aterra! Siempre la habíamos escuchado pero hoy ha sido el día en que me he dado cuenta realmente que la era del petróleo va a acabar, está todo a la vuelta de la esquina. Lucas, ¿tú qué crees que ocurrirá a partir del año que viene? ¿Todo seguirá igual?

    -No lo sé Carla, no lo sé. Probablemente yo no llegue al año que viene, pero igualmente yo creo que no debes preocuparte. La sociedad ha ido adaptándose a todos los cambios, ¿por qué no lo iba a hacer a este? Además hoy en día existen recursos mucho más modernos y a favor del medioambiente que van a sustituir al petróleo.

    -Bueno Lucas, intentaré no darle más vueltas y le contaré todo lo que me has dicho a Jon. Espero que nos acompañes durante lo que queda de año y de era del petróleo.

    ¿Y si realmente el petróleo fuera un recurso ilimitado y nunca se acabara y hemos sido engañados toda la vida?

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Valeria

    Crónicas del colapso

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    Una chica llamada Valeria, trabajaba en una gasolinera todos los días menos los fines de semana. Su trabajo era agotador, llegaba a casa casi de noche y en sus momentos de descanso tenía un hobbie: un blog donde contestaba a la gente por internet sobre preguntas de su trabajo. 

    Un sábado por la tarde, cuando se conectó a su página, vio una pregunta que le llamó la atención, un usuario anónimo le preguntó, ¿y qué sería de nuestra vida si no existiera petróleo? Esta chica se quedó sorprendida ya que muy poca gente le hacía preguntas de ese tipo, le solían preguntar…. ¿Eres feliz? ¿Qué opinas de tu trabajo? ¿Cuánto cobras? Preguntas como éstas que hablaban sobre su experiencia en la gasolinera.

    Valeria tenía una idea de los usos que tenía el petróleo, sabía como todo el mundo que de ahí se extraía el gasoil y la gasolina. Valeria se debía a sus usuarios, la pregunta le había impactado y le dio mucho en que pensar… y su respuesta fue:

    - Me sorprende bastante esta pregunta. Verás, el petróleo tiene muchos usos: la mayor parte del petróleo es destinado para cubrir nuestras necesidades de transporte y calefacción en nuestros hogares, el petróleo es empleado también para la fabricación de fertilizantes y pesticidas utilizados para nuestros cultivos, incluso la ropa que vestimos necesita del petróleo. Sin darnos cuenta, dependemos del petróleo para la obtención de muchos materiales. Con el fin del petróleo, pasaríamos durante los días de invierno mucho frío ya que no tendríamos calefacción, no podríamos desplazarnos ya que no existirían los materiales que tantos utilizamos como la gasolina, el gasoil necesarios para cualquier método de transporte. Las chicas no podríamos maquillarnos, que no es tan importante como todo lo anterior, pero para la gente que vive del maquillaje quizás sí, ya que los maquillajes que contienen aceites, perfumes, ceras y color son derivados de productos petroquímicos. Todos los plásticos no existirían como los conocemos. Y así te podría seguir con mucho más… son importantes para nuestro día a día. Espero que te haya ayudado.

    Al momento, el usuario anónimo le contestó:

    Ufff… esperemos que eso no ocurra porque tendríamos que cambiar nuestro modo de vida actual.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • A tiempo del cambio

    Crónicas del colapso

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    Juan recordaba sobre la silla de mimbre de la cocina aquellas botellas de su niñez, bolsas, ropa sintética, la electricidad de las casas, móviles, televisión y todas esas cosas que ya hacia unos cuantos años habían desaparecido pero que habían formado parte de su vida.

    Entre tanto llega su nieta Elena, y tienen una conversación que a ambos les cambiará la vida:

    -Abuelo, ¿qué piensas?.

    -En una vida pasada que no volverá. Verás pequeña, el mundo que conoces no siempre ha sido así, normalmente se ha avanzando en las economías y en el estilo de vida, pero desde hace algunos años solo hemos retrocedido.

    -Abuelo, pero… ¿en qué ha cambiado?.

    -Mira, voy a ponerte un ejemplo: ¿de que es el jersey que llevas?.

    -De lana.

    -Debo decirte que antiguamente la mayoría de jerséis no eran de lana, lo que llamamos fibra natural, sino de fibras sintéticas, y te estarás preguntando que son esas palabrejas, ¿no es así?

    -Sí abuelito.

    -Bien, las fibras sintéticas eran fibras textiles provenientes del petróleo, formadas por moléculas muy pequeñitas, llamadas polímeros, que se forman por la unión de otras unidades mas simples, los monómeros.

    -Pffff, estás diciendo muchas palabras raras que no entiendo.

    -Tienes razón pequeña, a veces a este viejo se le olvida que está hablando con una preciosa niña de 10 años. Veamos, ¿puedes nombrarme tus juguetes?.

    -Claro que si abuelito. Tengo mi patinete de madera, las canicas, la comba y por supuesto mi muñeca preferida, Barbie Porcelain. Y tú, abuelo ¿con que te entretenías?.

    -A eso iba, mi niñez y la tuya son muy distintas. No me refiero a que la tuya sea peor, posiblemente los niños hoy en día sois mucho mas felices, más sanos, con menos cosas y con menos variedad alimenticia de la que teníamos nosotros. Cuando yo tenía tu edad mis padres me regalaron la primera Nintendo, posteriormente llegó el i-phone X… Unos aparatos de plástico, es decir, petróleo que servían para distraer a los niños y los mas jóvenes con juegos virtuales y aplicaciones de mensajería, para volverlos unos adictos y limitar sus vidas a dichos aparatos. Por eso hay ahora tantos mayores con dolencias y enfermedades provenientes de aquellos aparatos del demonio, como fobias y tendinitis crónica.

    -¡¡Abuelo!!, espera un momento. ¿No te has dado cuenta que hablas todo el rato del pretóleo ése y no sé de qué me estás hablando?.

    -Es pe-tró-leo. Era un líquido aceitoso y negro de origen natural, formado hace millones de años por la descomposición de organismos marinos, otros animales y plantas a través de procesos muy complicados.

    -Y, abuelo, ¿por qué antes has dicho que crecemos más sanos y no tenemos variedad de alimentos?.

    -Verás, antiguamente teníamos más variedad alimenticia debido al transporte aéreo y marítimo. Actualmente estos transportes se han visto reducidos por la falta de combustible y las personas tienen que conformarse con la comida que se cultiva en la zona donde viven.

    -Vaya, abuelo. Sí que ha cambiado todo.

    -Sí. Éramos un puñado de energúmenos sin visión de futuro y ni pensamos en las generaciones posteriores ni en vuestro bienestar. Es que cada vez que hecho la vista atrás me pongo enfermo, pensando que podíamos haber puesto freno o por lo menos haber sido más previsores.

    -Pero abuelo, soy muy feliz, no me hacen falta todas esas cosas. Quizás tengas razón y hubo una crisis a nivel mundial y, si os hubierais dado cuenta de que la producción del petróleo iba cuesta abajo y sin frenos, a lo mejor sería diferente pero ¿sabes? yo creo que le habéis hecho un favor al planeta y yo soy feliz así.

    La niña besó al abuelo, cogió una manzana y salio a jugar, mientras Juan se enternecía con la ingenuidad de su nieta. No era consciente de lo que el fin del oro negro había conllevado: el retroceso tecnológico, el fin del comercio, el estancamiento de muchas investigaciones contra enfermedades, también la biotecnología… el mundo se había detenido.

    Juan, totalmente sumergido en pensamientos de este estilo y casi sin darse cuenta que empezaban a ser cada vez más profundos, cayó en un penetrante sueño.

    Ti tu ti, ti tu ti, ti tu ti… era la alarma de su nuevo i-phone X recién salido del mercado y, casi al unísono por el hueco de la escalera se oía la voz de su madre gritando a pleno pulmón:

    -¡¡¡¡Juan!!!!,¡baja a desayunar llegas tarde al instituto!.

    Juan, atónito por el sueño que acababa de tener, se fue con un pensamiento al instituto y también con una meta de vida: “puede que yo solo no cambie el mundo, pero tengan por seguro que mi granito de arena ya está puesto”.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    -Simplemente comunicarlo, explicarlo. Os tendría que dar más miedo lo que puede pasar si no lo decís, ya veis lo que está pasando -añadí intentando convencerle.

    Sorprendentemente lo conseguimos y a los días todo volvió a la normalidad, bueno, no del todo ya que la gente comenzó a pasarse a las energías renovables, por lo visto valió la pena el experimento del padre de Víctor, y podríamos decir que nosotros contribuimos, aunque la gente no nos crea.

     

     

  • Cuestión de tiempo

    Crónicas del colapso

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    En un lugar no muy lejano de aquí, en una modesta casa, un hombre bajo y con la piel curtida de trabajar durante cincuenta años llamado Leo pasaba el tiempo con su nieta Sira, una pequeña impulsiva y extrovertida de ocho años. Sira y Leo tenían muy buena conexión podían pasarse horas y horas hablando, jugando y paseando. Después de jugar un rato Sira le explicó lo que había hecho en clase.

    -Abuelo hoy en clase nos han explicado la 3ª Guerra Mundial… esa que fue por el petr...prit...pretilo.

    -Por el petróleo. -corrigió Leo tristemente.

    -¡Sí! –respondió la niña- El petróleo, también nos han enseñado objetos que estaban hechos de petróleo como por ejemplo las botellas o también lo que más me ha sorprendido... ¡las bolsas de la compra! Pero abuelo ¿por qué nunca me has hablado sobre esto si la guerra empezó cuando tenías 20 años?-prosiguió Sira.

    -Verás Sira, en los libros de texto y en la televisión lo cuentan como una pequeña batalla en la que sólo tuvimos que sufrir el cambio del petróleo a las energías renovables. Pero es una historia mucho más larga. Cuando yo acababa de cumplir la mayoría de edad había una gran tensión internacional; los ricos estaban obsesionados por controlar la mayor cantidad posible de fuentes de petróleo, cosa que no entendíamos los demás. Pero la burbuja explotó y el mundo cambió. Ya no habría más coches, aviones, trenes,... ya no volvimos a ver el plástico ni en las bolsas, botellas, juguetes,.... ¡en nada! -Leo bajó la vista.

    -¿Cómo cambió vuestras vidas? ¿Por qué no usabais energía solar o hidráulica o eólica....? -preguntó Sira intrigada.

    -Tranquila, ahora te lo explico todo. Cuando la producción energética decaía, estalló la guerra. Pero las batallas no ocurrían en las grandes ciudades sino en los pueblos donde había muertos y más muertos. La gente se mataba por conseguir comida; por una simple botella de plástico… dicen que el hambre y la guerra mataron al 20% de la población mundial. Retrocedimos un siglo. Teníamos que ir al río con recipientes de cerámica en mano, nos movíamos sólo en bicicleta, consumíamos únicamente alimentos que se cultivaba aquí o en los pueblos de alrededor… Así tuvimos que vivir durante mucho tiempo, hasta que algunos científicos decidieron buscar nuevas maneras de aprovechar mejor las fuentes eólica, hidráulica, solar...

    -Entonces, ¿antes no había placas solares ni molinos de viento? -interrumpió Sira.

    -No, sólo se generalizaron desde hace pocos años. Y como ya sabes, ahora nuestros coches son eléctricos y ya no contaminamos tanto por lo que el calentamiento global remite y las temperaturas no son tan extremas.

    -¿Cómo eran las temperaturas antes?- preguntó velozmente la niña.

    -Cuando yo era pequeño las temperaturas eran muy extremas, en invierno hacía mucho mucho frío y en verano hacía un calor insoportable, además no había ni otoño ni primavera.

    -Mmmm... entonces fue bueno que terminase la era del petróleo. Nuestra vida ha mejorado y ya no contaminamos. Además me acuerdo que el año pasado fuimos al monte y la abuela dijo que nunca había visto tanta variedad de animales en libertad, que los montes estaban limpios y que, desde lo alto de la montaña, ya no se veía la gran nube de humo sobre la ciudad. Incluso el agua de los ríos parece limpia.- pensó ella en voz alta.

    -Tienes razón Sira, veo que te interesa este asunto. A ver si cuando seas mayor conciencias a la gente de lo que hicieron nuestros antepasados y les adviertes para que nunca abusen de sus recursos o la naturaleza lo pagará con ellos.

    Nieta y abuelo hablaron durante horas hasta que anocheció. Después jugaron al parchís y se acostaron, cuando estaba a punto de dormirse, el abuelo recordó las palabras de Nicanor Parra:"El error consistió en creer que la Tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la Tierra"

     

  • Volverán los viejos tiempos

    Crónicas del colapso

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    Hacía tiempo que no veía a los viejos tan procupados. Los pescadores no hablamos a menudo de asunto. Los niños juegan como siempre entre los desperdicios ajenos al problema, pero todos sabemos que está ahí. Se respiran malos presagios en el ambiente.

    Nuestros antepasados llegaron a estas islas hace más de cien años. Eran colonos, aunque algunos dicen que eran los supervivientes de un naufragio. Sea como fuera, ellos se establecieron aquí e hicieron de este continente de basura su hogar. El mar siempre fue generoso con nosotros. Las aguas nos daban pescado, algas y plásticos. El cielo nos traía lluvias abundantes y sabrosas aves marinas. Construimos nuestras casas con cajas y cardúmenes flotantes; nuestras balsas de pesca con bidones y garrafas. Nuestros depósitos de agua dulce con sacos. El océano también nos proveía de latas con las que hacíamos nuestras herramientas. Siempre hemos sido gente trabajadora.

    También hemos sido sociables… sabíamos que había otros pueblos más allá del mar, en las islas de tierra firme. Con ellos hemos comerciado y nos hemos casado, no hemos sido unos salvajes.

    Pero hace unos años todo empezó a cambiar. El tiempo se volvió loco, dejaron de llegar montañas de hielo, el nivel del mar subió y engulló a las islas de piedra. Sus habitantes montaron en aquellos buques y nunca más los volvimos a ver. Muchos creímos que los dioses les habían castigado por algún motivo, lo cierto es que nuestros islotes siguieron a flote y continuamos con nuestra vida. Solos pero trabajando duro como siempre. Aunque lo peor estaba por llegar.

    Y es que años después el mar comenzó a traer cada vez menos plásticos. Poco a poco tuvimos que retirarnos al interior a medida que los polímeros más viejos se cuarteaban y se dispersaban. Nuestro querido hogar se ha ido haciendo más y más pequeño. Parece que el castigo de los dioses también nos ha tocado a nosotros.

    Hace un mes construimos una gran balsa con nuestros mejores bidones. Muchos hombres iniciaron un viaje para descubrir las fuentes del plástico… para descubrir por qué las corrientes marinas han dejado de traer basura. Cada amanecer subo a la montaña de poliestireno y miro al horizonte deseando verlos volver con noticias, pero mis anhelos no son recompensados por lo que veo… por esas aguas infinitas cada vez más limpias… cada vez más desiertas.

    Por las noches me tumbo cansado en la gomaespuma húmeda. Mi esposa me mira en silencio porque conoce mis preocupaciones. No solemos hablar del tema pero los dos lloramos a veces.

    No sé cuánto tiempo más podremos vivir aquí. No sé dónde podremos ir. No sé qué será de nuestros hijos. Pero cuando los miro a ellos, felices, inconscientes, retorna la esperanza y un rayo de optimismo me atraviesa porque sé que, a pesar de todas las dificultades, a pesar de todo nuestro sufrimiento, los buenos tiempos volverán. El océano volverá a traernos sus plásticos, su carga de bendita basura para que nuestro hogar siga en pié. Sé que volverán los buenos tiempos. Sé que sucederá.


     

  • La máquina del tiempo

    Crónicas del colapso

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    Al fin conseguí acabar lo que había estado preparando desde hacía mucho tiempo. Solo tenía que darle a aquel botón que muchas veces me había saltado al ojo. Después de preparar todo lo que necesitaba para sobrevivir durante dos días, presioné aquel dichoso botoncillo. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba allí, en el año 2078. 

    Nada más respirar note algo muy raro. El aire me sabía mejor que el que conocía de mi tiempo, pensé que en el futuro debían haber inventado algo para solucionar la contaminación de las ciudades. Caminando por las calles noté algo mucho más extraño… no había coches circulando. Mire al cielo pero no… no habían inventado coches voladores.

    Algo cansado me detuve en un parque y bebí un sorbo del agua que llevaba en una botella. Al acabarse el agua tire la botella a la basura como solía hacer. Pero la gente me miraba mal y al dar unos cuantos pasos, un grupito de tres personas se peleaba violentamente por aquella botella.

    Empecé a pensar que tal vez me había equivocado al poner el año en el crono-navegador porque esas cosas no me parecían propias de un futuro como dios manda. Así que pregunte a un policía de la calle en qué año exacto estábamos y, efectivamente, era el año 2078. También le pregunté por la inexistencia de vehículos a motor. Él me miró como quien contempla a un desequilibrado y me respondió que todo el mundo sabía que unos años atrás habían terminado las reservas de petróleo. Se acabó. Entonces comprendí todo lo que había sucedido.

    El policía me pregunto si pertenecía a alguna familia rica, yo no comprendí, pero él me aclaró que aquella botella que había tirado podría tener el valor de varios cientos de euros. También me contó que ahora las principales mafias se dedicaban al tráfico de plásticos. Después de una larga e interesante conversación me despedí de aquel policía y decidí seguir con mi camino.

    Entré en un supermercado para poder comprar algo de beber y nada más mirar me di cuenta de que ningún alimento estaba envasado y que todos los alimentos procedían de los alrededores de la ciudad, parece que ya no había frutas ni conservas procedentes del extranjero por la falta de transportes.

    No aguantaba más. En aquel sitio todo era muy extraño, la gente vestía la misma ropa, todo era muy caro, entonces decidí volver a mi tiempo… en menos de diez segundos estaba de vuelta. A medida que se disipaba el mareo del salto y mis oídos comenzaban a percibir el ruido de mi época, contemplé todo lo que tenía a mi alrededor. Reflexioné en todo lo que habíamos extraído de las entrañas de la Tierra. Pensé en que la falsa sensación de abundancia que nos acompañaba sólo era una ilusión… era una abundancia prestada. Una riqueza robada al futuro.

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El relevo