Nada. No sentimos nada. Sentimos la ausencia de dolor, la ausencia de rabia e indignación.

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Nada. No sentimos nada. Sentimos la ausencia de dolor, la ausencia de rabia e indignación.

Nos hemos convertido en espectadoras de una barbarie que ha dejado de impactar a la sociedad. Hemos sufrido acoso. Hemos tenido que gritar varias veces: «¡Que no quiero!». Hemos sentido manos de extraños sobándonos el culo mientras bailamos en la discoteca con nuestras amigas. Hemos sentido cómo nos restregaban el paquete sin nosotras permitirlo, nos han agarrado de la cintura, han intentado emborracharnos para luego aprovecharse sexualmente. Nos mandan fotos de penes erectos a las redes sociales sin pedirlo. Nos gritan por la calle: «¡Menuda perra!» y demás lindezas que a todas nos encanta escuchar de boca de desconocidos y que nos hacen sentir muy seguras por las calles de nuestro pueblo. Nótese la ironía, por favor.

Nos han preguntado si tenemos frío y advertido que «¡Nena, te vas a resfriar!». Nos han perseguido coches, rodando lentamente para que fuéramos conscientes de que sí, nos vigilan, porque no somos libres y debemos dejarnos observar por miradas babosas llenas de perversión e insatisfacción. Nos han ninguneado en conversaciones familiares, por ser mujeres y jóvenes y por tanto no tener ni voz ni voto. Nos han ninguneado en el ámbito político por el mismo motivo. Nos tratan con condescendencia y paternalismo. Nos valoran por nuestros atributos físicos y no por méritos laborales o intelectuales. Nos llaman «putas», «zorras» y «guarras» por gozar de libertad sexual y sentirnos a gusto en nuestro propio cuerpo.

¡Estamos hartas! Hartas de que nos juzguen a cada segundo, a cada movimiento,. Por santas o por putas, por estrechas o por salidas, por demasiado listas o demasiado tontas, por rubias o morenas, por gordas o flacas, negras o blancas, bolleras o bisexuales o transexuales… Os molesta nuestro malestar. De repente nos estamos dando cuenta de la esclavitud a la que nos habéis sometido durante siglos y queremos cambiarlo.

Queremos unirnos entre todas, seamos como seamos, para protegernos.

Nos queremos libres, pero sobre todo, nos queremos vivas. No nos matéis, no nos violéis, no nos acoséis. No somos esclavas del hogar ni de la familia, no todas queremos ser madres y no por ello somos menos mujeres ni menos felices.

Podemos depilarnos o lucir melena en las zonas que nos dé la gana y no por ello somos menos femeninas. Tenemos michelines, estrías, pelos, granos y nos tiramos eructos, pedos ¡y también cagamos! Sí. Todo eso. Además también somos excelentes deportistas, y nos gusta el fútbol tanto como a vosotros.

No necesitamos que nadie nos pague la cuenta, porque no necesitamos la protección económica de nadie. No nos enamoramos de señores mayores por su pasta, así que dejad de darlo por hecho.

No queremos caballeros, queremos hombres que nos respeten en todos los ámbitos de la sociedad. Queremos igualdad, queremos poder ir por las calles como nos dé la gana: tapadas hasta los pies, casi desnudas, ebrias o serenas, y sentir que estamos en un espacio seguro. No somos feminazis pero no vamos a callarnos ante la injusticia y el crimen.

Os necesitamos a todos y a todas para poder lograrlo. Sabemos que, afortunadamente, no sois todos iguales y por ello os pedimos que luchéis con nosotras contra las desigualdades y los comportamientos violentos, porque en situaciones de opresión permanecer neutral es decantarse hacia el lado del opresor.

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